EEUU-HIROSHIMA/NAGASAKI, uso del arma nuclear por eeuu contra japón en 1945 continúa causando daños humanos.
AVN, Melquíades Rondón.
A 65 años del lanzamiento de las bombas atómicas “Little boy” (pequeño muchacho) y “Fat man” (hombre gordo) sobres la ciudades de Hiroshima y Nagasaki por decisión del presidente de Estados Unidos, Harry S. Truman, los habitantes de estas capitales continúan sufriendo un sin número de enfermedades, muchas de ellas degenerativas, con malformaciones, entre otras, por la reacción nuclear en cadena provocada por la fusión de isotopos del hidrógeno.
Después de esas décadas transcurridas, el mundo corre el peligro de sufrir un holocausto nuclear mucho mayor y de consecuencias más duraderas para toda la humanidad.
El 6 de agosto de 1945 un bombardero B-29 con el nombre de “Enola Gay” lanzó la primera bomba atómica sobre Hiroshima para destruir casi completamente la ciudad y matar en el acto a 80 mil personas, detalló un relato de terra.com.ar.
Aunque el día del lanzamiento de la primera bomba se contabilizó esa cantidad de personas fallecidas, desafortunadamente decenas de miles de personas fueron falleciendo en los días posteriores a causa de su exposición a la radiación y, se contabilizó que a fines de 1945, la cifra de muertos superaban las 140 mil personas.
Esa primera bomba lanzada por el piloto Paul W. Tibblets a las 8.15 AM, era de 15 mil toneladas de TNT. Luego de su accionar formó una columna de humo gris-morado, que generó una temperatura de 4000 grados centígrados.
Como si fuera poco, el hecho no generó conformidad para el imperio norteamericano, quien en su afán de querer dominar el mundo y por vengarse del ataque japonés a Pearl Harbor, tres días más tarde del ataque a Hiroshima, lanzó de manera despiadada e inhumana otra bomba atómica, esta vez, sobre la ciudad de Nagasaki, a 700 kilómetros al oeste de Tokio, donde perecieron por lo menos 40 mil personas, según recuerda la cadena BBC de Londres.
Estados Unidos confiaba en que una bomba atómica evitaría la muerte de cerca de un millón de soldados estadounidenses que luchaban en el Pacífico contra el inquebrantable Japón .
Sin embargo, el comandante supremo de las tropas aliadas en el frente europeo, el general Dwight Eisenhower, pensaba que lanzar una bomba atómica era completamente innecesario sobre Japón que ya «estaba listo para rendirse», según una entrevista con la revista norteamericana Newsweek de noviembre de 1963.
Recuérdese que en julio de 1945, días antes de la fatal decisión de Truman, Eisenhower se reunió en el cuartel general europeo en Berlín con el secretario de Guerra, Henry Lewis Stimson, a quien le dijo: “Pienso que ya no es obligatoria una medida para salvar vidas estadounidenses. Estoy convencido de que Japón está buscando algún modo de rendirse con una mínima pérdida de imagen”.
Seís días después de la tragedia de Nagasaki, el 15 de agosto, el emperador Hirohito anunció al país la rendición incondicional de Japón, durante un discurso pronunciado por radio en el que reconoció del devastador poder de una nueva y cruel bomba estadounidense
Antecedentes
Antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, en 1939, un grupo de científicos estadounidenses, muchos de ellos refugiados en EEUU a causa de la represión de los regímenes fascistas en Europa, manifestaron su preocupación por la posibilidad de que los nazis desarrollaran armas nucleares.
En 1940, el gobierno estadounidense creó su programa de desarrollo nuclear que trabajó en la fusión de uranio 235 y plutonio (Pu-239) que enviaron a los laboratorios de Los Alamos, en Nuevo México, donde un equipo conducido por por J. Robert Oppenheimer trabajó esos materiales para desarrollar el “Proyecto Manhattan”.
El ataque japonés a Pearl Harbor, ocurrido el 7 de diciembre de 1941 en Hawai, destruyó gran parte de la flota estadounidense del Pacífico aunque no afectó los tres portaaviones principales que se hallaban en alta mar.
El hecho fue considerado una traición por parte de Estados Unidos, que posteriormente le declaró la guerra a Japón.
Después de ese ataque, que causó la entrada de la Casa Blanca en la Segunda Guerra Mundial, más de 140 mil japoneses, una de las tres comunidades asiáticas más grandes de Estados Unidos, fueron arrestados y confinados en campos de concentración, a pesar de ser ciudadanos estadounidenses.
A pesar de que no tenía posibilidades de ganar la guerra en el Pacífico, tras la derrota de Alemania, Japón no quería rendirse ante las fuerzas aliadas.
A fines de julio de 1945, los militares japoneses rechazaron la Declaración de Potsdam, que pedía la rendición incondicional de Japón y que amenazaba con una rápida y total destrucción de ese país.
Estado Unidos continúa intimidando a la humanidad
Para el líder de la revolución cubana Fidel Catro Ruz, el objetivo que realmente buscaba Estados Unidos con el lanzamiento de las bombas atómicas, sobre las dos ciudades japonesas, no era el que Japón se rindiera, pues éste ya llevaba tiempo buscando una salida negociada a la guerra, destacó el portal puntodevistaypropuesta.blogspot.com.
El verdadero objetivo del gobierno yanqui no era otro que intimidar a la humanidad, en especial a la Unión Soviética, mostrándole la capacidad destructiva de la que eran poseedores y de su total falta de escrúpulos para utilizarla contra población civil indefensa.
Castro sostiene que el lanzamiento de las bombas era la forma de decirle al mundo que, tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se había convertido en el nuevo imperio y que nadie debía de entrometerse en su camino expansionista.
El ex presidente cubano explica que hoy como entonces, el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, junto a sus aliados, sigue haciendo gala de la misma falta de escrúpulos y de humanidad desarrollando guerras atómicas de baja intensidad en Afganistán e Irak, haciendo uso de explosivos de uranio empobrecido y fósforo blanco que tendrán a la larga unas consecuencias desastrosas para la población y el medio ambiente de Oriente Medio.
Un genocidio, sólo denunciado y combatido con firmeza por un puñado de naciones dignas como Cuba, Venezuela o Irán, ésta última, paradójicamente acusadas de construir armas nucleares, por quienes precisamente las han usado y las siguen usando en sus criminales guerras de rapiña.
En sus últimas reflexiones del día 3 de Agosto, Castro emplaza al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, y lo insta a reflexionar profundamente sobre la coyuntura actual mundial.
“Usted debe saber que en sus manos está ofrecer a la humanidad la única posibilidad real de paz. Sólo en una ocasión podrá usted hacer uso de sus prerrogativas al dar la orden de disparar”, escribe Fidel a Obama.
Es posible que después, a partir de esta traumática experiencia, se encuentren soluciones que no nos conduzcan otra vez a esta apocalíptica situación. Todos en su país, incluso sus peores adversarios de izquierda o de derecha, con seguridad se lo agradecerán, y también el pueblo de Estados Unidos, que no es en absoluto culpable de la situación creada.
Le solicito se digne a escuchar esta apelación que en nombre del pueblo de Cuba le transmito…dijo Fidel.
Para algunos articulistas como Roberto Herrera desde el punto de vista puramente táctico-estratégico militar, el bombardeo atómico en Agosto de 1945 fue una acción innecesaria, inmoral y criminal. El Imperio Japonés estaba vencido y en el umbral de la capitulación político-militar.
Desde el punto de vista geo-político y tecnológico la detonación de las bombas sirvió para comprobar in situ la dimensión y fuerza de la explosión atómica, las consecuencias directas e indirectas de la radiación en el reino animal y vegetal, así como los estragos materiales en la infraestructura social y económica causados por la reacción nuclear en cadena provocada por la fusión de isotopos del hidrógeno.
FIN/AVN/MR/EW
EEUU-HIROSHIMA/NAGASAKI, uso del arma nuclear por eeuu contra japón en 1945 continúa causando daños humanos, AVN, Melquíades Rondón
A 65 años del lanzamiento de las bombas atómicas “Little boy” (pequeño muchacho) y “Fat man” (hombre gordo) sobres la ciudades de Hiroshima y Nagasaki por decisión del presidente de Estados Unidos, Harry S. Truman, los habitantes de estas capitales continúan sufriendo un sin número de enfermedades, muchas de ellas degenerativas, con malformaciones, entre otras, por la reacción nuclear en cadena provocada por la fusión de isotopos del hidrógeno.
Después de esas décadas transcurridas, el mundo corre el peligro de sufrir un holocausto nuclear mucho mayor y de consecuencias más duraderas para toda la humanidad.
El 6 de agosto de 1945 un bombardero B-29 con el nombre de “Enola Gay” lanzó la primera bomba atómica sobre Hiroshima para destruir casi completamente la ciudad y matar en el acto a 80 mil personas, detalló un relato de terra.com.ar.
Aunque el día del lanzamiento de la primera bomba se contabilizó esa cantidad de personas fallecidas, desafortunadamente decenas de miles de personas fueron falleciendo en los días posteriores a causa de su exposición a la radiación y, se contabilizó que a fines de 1945, la cifra de muertos superaban las 140 mil personas.
Esa primera bomba lanzada por el piloto Paul W. Tibblets a las 8.15 AM, era de 15 mil toneladas de TNT. Luego de su accionar formó una columna de humo gris-morado, que generó una temperatura de 4000 grados centígrados.
Como si fuera poco, el hecho no generó conformidad para el imperio norteamericano, quien en su afán de querer dominar el mundo y por vengarse del ataque japonés a Pearl Harbor, tres días más tarde del ataque a Hiroshima, lanzó de manera despiadada e inhumana otra bomba atómica, esta vez, sobre la ciudad de Nagasaki, a 700 kilómetros al oeste de Tokio, donde perecieron por lo menos 40 mil personas, según recuerda la cadena BBC de Londres.
Estados Unidos confiaba en que una bomba atómica evitaría la muerte de cerca de un millón de soldados estadounidenses que luchaban en el Pacífico contra el inquebrantable Japón .
Sin embargo, el comandante supremo de las tropas aliadas en el frente europeo, el general Dwight Eisenhower, pensaba que lanzar una bomba atómica era completamente innecesario sobre Japón que ya «estaba listo para rendirse», según una entrevista con la revista norteamericana Newsweek de noviembre de 1963.
Recuérdese que en julio de 1945, días antes de la fatal decisión de Truman, Eisenhower se reunió en el cuartel general europeo en Berlín con el secretario de Guerra, Henry Lewis Stimson, a quien le dijo: “Pienso que ya no es obligatoria una medida para salvar vidas estadounidenses. Estoy convencido de que Japón está buscando algún modo de rendirse con una mínima pérdida de imagen”.
Seís días después de la tragedia de Nagasaki, el 15 de agosto, el emperador Hirohito anunció al país la rendición incondicional de Japón, durante un discurso pronunciado por radio en el que reconoció del devastador poder de una nueva y cruel bomba estadounidense
Antecedentes
Antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, en 1939, un grupo de científicos estadounidenses, muchos de ellos refugiados en EEUU a causa de la represión de los regímenes fascistas en Europa, manifestaron su preocupación por la posibilidad de que los nazis desarrollaran armas nucleares.
En 1940, el gobierno estadounidense creó su programa de desarrollo nuclear que trabajó en la fusión de uranio 235 y plutonio (Pu-239) que enviaron a los laboratorios de Los Alamos, en Nuevo México, donde un equipo conducido por por J. Robert Oppenheimer trabajó esos materiales para desarrollar el “Proyecto Manhattan”.
El ataque japonés a Pearl Harbor, ocurrido el 7 de diciembre de 1941 en Hawai, destruyó gran parte de la flota estadounidense del Pacífico aunque no afectó los tres portaaviones principales que se hallaban en alta mar.
El hecho fue considerado una traición por parte de Estados Unidos, que posteriormente le declaró la guerra a Japón.
Después de ese ataque, que causó la entrada de la Casa Blanca en la Segunda Guerra Mundial, más de 140 mil japoneses, una de las tres comunidades asiáticas más grandes de Estados Unidos, fueron arrestados y confinados en campos de concentración, a pesar de ser ciudadanos estadounidenses.
A pesar de que no tenía posibilidades de ganar la guerra en el Pacífico, tras la derrota de Alemania, Japón no quería rendirse ante las fuerzas aliadas.
A fines de julio de 1945, los militares japoneses rechazaron la Declaración de Potsdam, que pedía la rendición incondicional de Japón y que amenazaba con una rápida y total destrucción de ese país.
Estado Unidos continúa intimidando a la humanidad
Para el líder de la revolución cubana Fidel Catro Ruz, el objetivo que realmente buscaba Estados Unidos con el lanzamiento de las bombas atómicas, sobre las dos ciudades japonesas, no era el que Japón se rindiera, pues éste ya llevaba tiempo buscando una salida negociada a la guerra, destacó el portal puntodevistaypropuesta.blogspot.com.
El verdadero objetivo del gobierno yanqui no era otro que intimidar a la humanidad, en especial a la Unión Soviética, mostrándole la capacidad destructiva de la que eran poseedores y de su total falta de escrúpulos para utilizarla contra población civil indefensa.
Castro sostiene que el lanzamiento de las bombas era la forma de decirle al mundo que, tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se había convertido en el nuevo imperio y que nadie debía de entrometerse en su camino expansionista.
El ex presidente cubano explica que hoy como entonces, el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, junto a sus aliados, sigue haciendo gala de la misma falta de escrúpulos y de humanidad desarrollando guerras atómicas de baja intensidad en Afganistán e Irak, haciendo uso de explosivos de uranio empobrecido y fósforo blanco que tendrán a la larga unas consecuencias desastrosas para la población y el medio ambiente de Oriente Medio.
Un genocidio, sólo denunciado y combatido con firmeza por un puñado de naciones dignas como Cuba, Venezuela o Irán, ésta última, paradójicamente acusadas de construir armas nucleares, por quienes precisamente las han usado y las siguen usando en sus criminales guerras de rapiña.
En sus últimas reflexiones del día 3 de Agosto, Castro emplaza al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, y lo insta a reflexionar profundamente sobre la coyuntura actual mundial.
“Usted debe saber que en sus manos está ofrecer a la humanidad la única posibilidad real de paz. Sólo en una ocasión podrá usted hacer uso de sus prerrogativas al dar la orden de disparar”, escribe Fidel a Obama.
Es posible que después, a partir de esta traumática experiencia, se encuentren soluciones que no nos conduzcan otra vez a esta apocalíptica situación. Todos en su país, incluso sus peores adversarios de izquierda o de derecha, con seguridad se lo agradecerán, y también el pueblo de Estados Unidos, que no es en absoluto culpable de la situación creada.
Le solicito se digne a escuchar esta apelación que en nombre del pueblo de Cuba le transmito…dijo Fidel.
Para algunos articulistas como Roberto Herrera desde el punto de vista puramente táctico-estratégico militar, el bombardeo atómico en Agosto de 1945 fue una acción innecesaria, inmoral y criminal. El Imperio Japonés estaba vencido y en el umbral de la capitulación político-militar.
Desde el punto de vista geo-político y tecnológico la detonación de las bombas sirvió para comprobar in situ la dimensión y fuerza de la explosión atómica, las consecuencias directas e indirectas de la radiación en el reino animal y vegetal, así como los estragos materiales en la infraestructura social y económica causados por la reacción nuclear en cadena provocada por la fusión de isotopos del hidrógeno.
FIN/AVN/MR/EW
EEUU-HIROSHIMA/NAGASAKI, uso del arma nuclear por eeuu contra japón en 1945 continúa causando daños humanos, AVN, Melquíades Rondón
A 65 años del lanzamiento de las bombas atómicas “Little boy” (pequeño muchacho) y “Fat man” (hombre gordo) sobres la ciudades de Hiroshima y Nagasaki por decisión del presidente de Estados Unidos, Harry S. Truman, los habitantes de estas capitales continúan sufriendo un sin número de enfermedades, muchas de ellas degenerativas, con malformaciones, entre otras, por la reacción nuclear en cadena provocada por la fusión de isotopos del hidrógeno.
Después de esas décadas transcurridas, el mundo corre el peligro de sufrir un holocausto nuclear mucho mayor y de consecuencias más duraderas para toda la humanidad.
El 6 de agosto de 1945 un bombardero B-29 con el nombre de “Enola Gay” lanzó la primera bomba atómica sobre Hiroshima para destruir casi completamente la ciudad y matar en el acto a 80 mil personas, detalló un relato de terra.com.ar.
Aunque el día del lanzamiento de la primera bomba se contabilizó esa cantidad de personas fallecidas, desafortunadamente decenas de miles de personas fueron falleciendo en los días posteriores a causa de su exposición a la radiación y, se contabilizó que a fines de 1945, la cifra de muertos superaban las 140 mil personas.
Esa primera bomba lanzada por el piloto Paul W. Tibblets a las 8.15 AM, era de 15 mil toneladas de TNT. Luego de su accionar formó una columna de humo gris-morado, que generó una temperatura de 4000 grados centígrados.
Como si fuera poco, el hecho no generó conformidad para el imperio norteamericano, quien en su afán de querer dominar el mundo y por vengarse del ataque japonés a Pearl Harbor, tres días más tarde del ataque a Hiroshima, lanzó de manera despiadada e inhumana otra bomba atómica, esta vez, sobre la ciudad de Nagasaki, a 700 kilómetros al oeste de Tokio, donde perecieron por lo menos 40 mil personas, según recuerda la cadena BBC de Londres.
Estados Unidos confiaba en que una bomba atómica evitaría la muerte de cerca de un millón de soldados estadounidenses que luchaban en el Pacífico contra el inquebrantable Japón .
Sin embargo, el comandante supremo de las tropas aliadas en el frente europeo, el general Dwight Eisenhower, pensaba que lanzar una bomba atómica era completamente innecesario sobre Japón que ya «estaba listo para rendirse», según una entrevista con la revista norteamericana Newsweek de noviembre de 1963.
Recuérdese que en julio de 1945, días antes de la fatal decisión de Truman, Eisenhower se reunió en el cuartel general europeo en Berlín con el secretario de Guerra, Henry Lewis Stimson, a quien le dijo: “Pienso que ya no es obligatoria una medida para salvar vidas estadounidenses. Estoy convencido de que Japón está buscando algún modo de rendirse con una mínima pérdida de imagen”.
Seís días después de la tragedia de Nagasaki, el 15 de agosto, el emperador Hirohito anunció al país la rendición incondicional de Japón, durante un discurso pronunciado por radio en el que reconoció del devastador poder de una nueva y cruel bomba estadounidense
Antecedentes
Antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial, en 1939, un grupo de científicos estadounidenses, muchos de ellos refugiados en EEUU a causa de la represión de los regímenes fascistas en Europa, manifestaron su preocupación por la posibilidad de que los nazis desarrollaran armas nucleares.
En 1940, el gobierno estadounidense creó su programa de desarrollo nuclear que trabajó en la fusión de uranio 235 y plutonio (Pu-239) que enviaron a los laboratorios de Los Alamos, en Nuevo México, donde un equipo conducido por por J. Robert Oppenheimer trabajó esos materiales para desarrollar el “Proyecto Manhattan”.
El ataque japonés a Pearl Harbor, ocurrido el 7 de diciembre de 1941 en Hawai, destruyó gran parte de la flota estadounidense del Pacífico aunque no afectó los tres portaaviones principales que se hallaban en alta mar.
El hecho fue considerado una traición por parte de Estados Unidos, que posteriormente le declaró la guerra a Japón.
Después de ese ataque, que causó la entrada de la Casa Blanca en la Segunda Guerra Mundial, más de 140 mil japoneses, una de las tres comunidades asiáticas más grandes de Estados Unidos, fueron arrestados y confinados en campos de concentración, a pesar de ser ciudadanos estadounidenses.
A pesar de que no tenía posibilidades de ganar la guerra en el Pacífico, tras la derrota de Alemania, Japón no quería rendirse ante las fuerzas aliadas.
A fines de julio de 1945, los militares japoneses rechazaron la Declaración de Potsdam, que pedía la rendición incondicional de Japón y que amenazaba con una rápida y total destrucción de ese país.
Estado Unidos continúa intimidando a la humanidad
Para el líder de la revolución cubana Fidel Catro Ruz, el objetivo que realmente buscaba Estados Unidos con el lanzamiento de las bombas atómicas, sobre las dos ciudades japonesas, no era el que Japón se rindiera, pues éste ya llevaba tiempo buscando una salida negociada a la guerra, destacó el portal puntodevistaypropuesta.blogspot.com.
El verdadero objetivo del gobierno yanqui no era otro que intimidar a la humanidad, en especial a la Unión Soviética, mostrándole la capacidad destructiva de la que eran poseedores y de su total falta de escrúpulos para utilizarla contra población civil indefensa.
Castro sostiene que el lanzamiento de las bombas era la forma de decirle al mundo que, tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se había convertido en el nuevo imperio y que nadie debía de entrometerse en su camino expansionista.
El ex presidente cubano explica que hoy como entonces, el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, junto a sus aliados, sigue haciendo gala de la misma falta de escrúpulos y de humanidad desarrollando guerras atómicas de baja intensidad en Afganistán e Irak, haciendo uso de explosivos de uranio empobrecido y fósforo blanco que tendrán a la larga unas consecuencias desastrosas para la población y el medio ambiente de Oriente Medio.
Un genocidio, sólo denunciado y combatido con firmeza por un puñado de naciones dignas como Cuba, Venezuela o Irán, ésta última, paradójicamente acusadas de construir armas nucleares, por quienes precisamente las han usado y las siguen usando en sus criminales guerras de rapiña.
En sus últimas reflexiones del día 3 de Agosto, Castro emplaza al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, y lo insta a reflexionar profundamente sobre la coyuntura actual mundial.
“Usted debe saber que en sus manos está ofrecer a la humanidad la única posibilidad real de paz. Sólo en una ocasión podrá usted hacer uso de sus prerrogativas al dar la orden de disparar”, escribe Fidel a Obama.
Es posible que después, a partir de esta traumática experiencia, se encuentren soluciones que no nos conduzcan otra vez a esta apocalíptica situación. Todos en su país, incluso sus peores adversarios de izquierda o de derecha, con seguridad se lo agradecerán, y también el pueblo de Estados Unidos, que no es en absoluto culpable de la situación creada.
Le solicito se digne a escuchar esta apelación que en nombre del pueblo de Cuba le transmito…dijo Fidel.
Para algunos articulistas como Roberto Herrera desde el punto de vista puramente táctico-estratégico militar, el bombardeo atómico en Agosto de 1945 fue una acción innecesaria, inmoral y criminal. El Imperio Japonés estaba vencido y en el umbral de la capitulación político-militar.
Desde el punto de vista geo-político y tecnológico la detonación de las bombas sirvió para comprobar in situ la dimensión y fuerza de la explosión atómica, las consecuencias directas e indirectas de la radiación en el reino animal y vegetal, así como los estragos materiales en la infraestructura social y económica causados por la reacción nuclear en cadena provocada por la fusión de isotopos del hidrógeno.
FIN/AVN/MR/EW

65 AÑOS de un ABOMINABLE INFIERNO en HIROSHIMA y NAGASAKI
Un sobreviviente de la bomba atómica:
Todas las crisis del sistema capitalista -propias de sus mismas contradicciones internas-, nos han llevado inevitablemente por ahora, a dos Guerras Mundiales por la repartición de las zonas económicas de dominación exclusiva entre las potencias, con la generación de un nuevo desorden económico mundial (orden exclusivamente para las grandes potencias).
ROSO GRIMAU (candidato al Parlamento Latinoamericano), especial para Tribuna Popular.
Al final de la Primera Guerra Mundial, una vez vencido el expansionismo colonialista alemán, Estados Unidos, sus aliadas potencias coloniales europeas y Japón, se repartían el dominio de los territorios antes Alemanes. Pero, en 1922 los japoneses fueron afectados por el Tratado Naval de Washington, que limitaba los navíos que podían tener, asegurando el absoluto dominio naval para los EEUU y Gran Bretaña. Japón quedaba fuera de la repartición del mundo, mientras las potencias europeas aliadas ocupaban territorios en su área de influencia. En 1940, Japón firmó el Pacto Tripartito con Alemania e Italia, lo que alineaba a Japón con las “Potencias del Eje”.
En julio de 1941 Japón invade el sur de Indochina, controlado por Francia, por lo que EEUU, Gran Bretaña y Holanda le aplican embargos comerciales y reducen el suministro de petróleo en un 90%; con la inmediata reducción del comercio exterior de Japón en un 75%. El 5 de noviembre el Emperador Hirohito y el gobierno japonés amenazan con declarar la guerra a EEUU si no levantaban el embargo petrolero. El 6 de diciembre Roosevelt aprobaba secretamente el proyecto “Manhattan” para el desarrollo de la bomba atómica. Por lo que se supone que EEUU no impidió lo que ya tenían confirmado iba a ocurrir, el 7 de diciembre de 1941 la primera flota japonesa lanzó un ataque aéreo masivo sobre Pearl Harbor, por lo que al día siguiente el Congreso de EEUU declaró la guerra a Japón a solicitud del propio Presidente Roosevelt.
EEUU, con la ayuda de Gran Bretaña y Canadá, desarrolló 2 tipos de bombas atómicas, una con Uranio-235 y otra a base de Plutonio-239, a comienzos de mayo se seleccionaron como objetivos las ciudades japonesas de Kioto, Hiroshima y Yokohama, el 16 de julio de 1945 se hizo la primera prueba de la bomba en Nuevo México.
Los intensos bombardeos masivos nocturnos durante 6 meses sobre 68 ciudades japonesas, no se acercaban a las ciudades donde tenían previsto lanzar las bombas atómicas, ya que querían medir el impacto real del poder de destrucción y masacre que causarían sobre una ciudad en condiciones normales de vida. Nada más fría y diabólicamente preparado por las más criminales mentes científicas militares norteamericanas, al igual que los peores criminales nazi-fascistas del mundo entero juntos.
Tanto el 6 como el 9 de agosto de 1945, se llevaron a cabo 2 de las masacres más horrorosas en toda la historia de toda nuestra “humanidad”: el presidente de EEUU, Harry Truman, ordenó el lanzamiento de las bombas atómicas sobre los pueblos de Hiroshima y Nagasaki, ocasionando la muerte en muy pocos minutos de más de 230 mil personas, una gran mayoría de civiles indefensos (ninguna de las 2 poblaciones tenía contingentes militares importantes), así como el sufrimiento, las deformidades y la muerte lenta de una cifra aún mucho mayor a causa de la radiación, y las graves consecuencias genéticas que aun hoy sufren millones de japoneses.
Los únicos bombardeos atómicos de la humanidad no fueron para terminar una guerra, como nos repite la falsa propaganda gringa, sino para dar un claro mensaje al mundo: EEUU, sin invadir a nadie y sin tener un solo caído en combate, imponía su voluntad hegemónica a los pueblos del mundo, tan solo para lograr el dominio absoluto de cualquier zona económica del planeta, sin importar el trágico saldo de centenas de miles de vidas humanas, para conservar su criminal y perversa hegemonía capitalista global.
Según el testimonio de quienes presenciaron la devastación, los sobrevivientes de la explosión parecían zombis que deambulaban entre cenizas y humo, sin pelo y ciegos, que lo último que vieron fue el resplandor nuclear.
Como los médicos, enfermeras y rescatistas también estaban muertos o heridos, la gente completamente desolada no tenía a dónde ir, y permanecían en el mismo sitio de la diabólica y abominable masacre fascista. Los sobrevivientes en Hiroshima y Nagasaki, y poblaciones cercanas estuvieron expuestos a la lluvia radioactiva, por lo que las consecuencias de esta exposición sobre sus cuerpos no fue perceptible de inmediato, pasaron días, meses y años antes de manifestarse los síntomas de los daños.
El efecto psicológico inmediato a la destrucción fue la parálisis. La población entró en una especie de inacción. La limpieza de las ciudades y rescate de cuerpos no se pudo organizar en muchos sectores hasta meses después de la explosión. Otro de los efectos que causó la explosión fue la sensación de terror constante. La incursión de un pequeño avión en el cielo provocaba pánico e histerias colectivas. En la conciencia histórica del pueblo japonés, la explosión de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki dejó una cicatriz imborrable.
HIROSHIMA y NAGASAKI le demostraron al mundo para que habían servido en realidad 10 mil años de desarrollo de la historia, la cultura, la filosofía, del conocimiento científico y del avance tecnológico: TAN SOLO PARA MATAR MEJOR, MÁS FÁCIL, Y A MUCHOS MÁS.
http://rosogrimau.blogspot.com/2010/07/65-anos-de-un-abominable-infierno-en_2107.html
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