Solidaridad con Cuba no es filantropía, es futuro

Por: Fernando Buen Abad

Solidarizarse con Cuba no es un gesto accesorio ni una concesión sentimental en la retórica de la beneficencia; es, en su sentido más profundo, una afirmación histórica del porvenir. No se trata de un acto moral aislado, sino de una práctica consciente que interpela la estructura misma de las relaciones sociales contra el capitalismo contemporáneo.

Allí donde el orden dominante pretende someter toda vinculación humana al cálculo mercantil, la solidaridad con Cuba emerge como una negación activa de esa lógica, como una praxis que revela la posibilidad concreta de organizar la vida sobre fundamentos distintos: cooperación en lugar de competencia, dignidad en lugar de lucro, comunidad en vez de atomización.

Porque la experiencia cubana, lejos de ser un objeto exótico para la contemplación distante, constituye un campo de tensiones donde se expresa, con particular claridad, la lucha de clases en escala internacional. Su persistencia no puede comprenderse sin atender a la hostilidad sistemática que enfrenta: bloqueo económico, agresiones mediáticas, sabotajes financieros, aislamiento diplomático. Estas formas de violencia no son anomalías, sino instrumentos estructurales de una dictadura económica que castiga toda tentativa socialista. En este contexto, la solidaridad no es un suplemento ético, sino una necesidad estratégica.

Defender a Cuba es, en última instancia, defender la posibilidad misma de que los pueblos decidan su destino sin someterse a la dictadura del capitalismo en su fase imperial.

Reducir la solidaridad a filantropía implica despolitizarla, despojarla de su contenido histórico y convertirla en un gesto compatible con el orden existente. La filantropía, en su versión burguesa, no cuestiona las causas de la desigualdad; se limita a administrar sus efectos, reproduciendo así la estructura que dice aliviar. La solidaridad revolucionaria, en cambio, se sitúa en el terreno de la causalidad, no busca mitigar la injusticia, sino abolir las condiciones que la producen. Por eso, solidarizarse con Cuba no consiste en “ayudar” desde una posición de superioridad, sino en reconocerse en una misma trama de explotación y resistencia. Es un acto de identificación material con una lucha que desborda las fronteras nacionales.

Y la conciencia de clase encuentra en este vínculo un momento de expansión cualitativa. En un mundo donde la ideología dominante promueve la fragmentación, la competencia y el individualismo, la solidaridad internacionalista reconstruye la unidad de los explotados como sujeto histórico. No se trata de una abstracción moral, sino de una mediación concreta, la comprensión de que las condiciones de vida de los trabajadores en cualquier parte del mundo están determinadas por una misma lógica de acumulación que opera a escala global. Así, la defensa de Cuba no es un asunto “externo”, sino una dimensión de la lucha interna contra las formas locales de dominación.

Esa ofensiva ideológica imperial contra Cuba busca precisamente impedir esta comprensión. Mediante la saturación mediática, la distorsión informativa y la fabricación de calumnias, se intenta instalar la idea de que el modelo cubano es un fracaso intrínseco, una anomalía condenada por su propia naturaleza. Este relato oculta deliberadamente las condiciones materiales en las que se desarrolla la experiencia cubana, ignorando el peso decisivo del bloqueo y las agresiones externas. Pero, más aún, busca desactivar la potencia simbólica de Cuba como referencia revolucionaria. La batalla, por tanto, no es sólo económica o política, sino semiótica; se disputa el sentido mismo de lo posible.
En este terreno, la solidaridad adquiere una dimensión comunicacional decisiva. No basta con denunciar las agresiones; es necesario construir un campo de significación revolucionario que permita comprender la experiencia cubana en su complejidad y en su densidad histórica. Esto implica romper con las categorías impuestas por la ideología dominante y elaborar un lenguaje capaz de nombrar la realidad desde la perspectiva de los pueblos. La solidaridad se convierte así en una práctica de producción de sentido, en una intervención consciente en la lucha por la hegemonía cultural. Cuba representa, en su forma concreta, una organización social que desafía la propiedad privada de los medios de producción y la subordinación de la vida al capital. Esta tentativa no es perfecta ni está exenta de contradicciones, pero su existencia misma constituye una amenaza para el orden dominante, y es atacada con intensidad.

Y por eso su defensa adquiere un carácter estratégico para superar el capitalismo. La solidaridad, en este sentido, no es una opción entre otras, sino una condición de posibilidad para la construcción de alternativas históricas. La fraternidad revolucionaria, como horizonte de lo nuevo, no puede reducirse a una consigna vacía. Es una práctica que exige organización, compromiso y claridad teórica. Implica reconocer que la emancipación no será el resultado de acciones aisladas, sino de un proceso colectivo que articule luchas diversas en un proyecto común. En este marco, la relación con Cuba no debe entenderse como una adhesión acrítica, sino como un diálogo activo, una interacción que permita aprender de sus logros y de sus dificultades, integrando esa experiencia en una perspectiva más amplia de transformación social.

Porque el futuro que se afirma en la solidaridad con Cuba no es una promesa abstracta, sino una posibilidad inscrita en las contradicciones del presente. Allí donde el capitalismo muestra sus límites —crisis recurrentes, desigualdad creciente, devastación ambiental—, se abre la necesidad de pensar y construir formas de vida alternativas. Cuba, con todas sus tensiones, encarna una de esas formas posibles. Defenderla es, por tanto, defender la apertura de la historia frente a la clausura que impone el capital. La solidaridad revolucionaria con Cuba es una forma de autodefensa histórica.

No se trata sólo de proteger a un país, sino de preservar la posibilidad de imaginar y construir un mundo distinto. En un tiempo donde la ideología dominante insiste en que no hay alternativas, cada gesto de solidaridad afirma lo contrario, que la historia no está cerrada, que el futuro no está determinado, que la emancipación sigue siendo una tarea abierta. Y esa afirmación, lejos de ser un acto de fe, es una práctica concreta que se inscribe en la lucha cotidiana de los pueblos.

Así, la solidaridad deja de ser un adorno moral para convertirse en una herramienta de transformación. No es caridad, es conciencia; no es asistencia, es alianza; no es pasado, es porvenir. En ella se condensa la certeza de que la emancipación no será un regalo, sino una conquista colectiva, y que esa conquista comienza allí donde los pueblos se reconocen mutuamente como protagonistas de una misma historia en disputa.

(Tomado de La Jornada)

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El “Escudo de las Américas” No Ayuda a América Latina

Por Alberto Maresca*

La cumbre “Escudo de las Américas”, celebrada en Miami, fue en muchos aspectos un espectáculo familiar. El presidente Trump reiteró temas ya conocidos: mano dura contra los cárteles de la droga, persistente antagonismo hacia Cuba y la justificación de la guerra con Irán. Sin embargo, en medio de esa retórica habitual, hubo un detalle que llamó la atención: el orgullo visible de Trump al recordar los respaldos que brindó a figuras de derecha en distintos países de América Latina. En Argentina, por ejemplo, el condicionamiento de la asistencia financiera al triunfo de Milei fue clave durante las últimas elecciones legislativas. Algo similar ocurrió durante las elecciones presidenciales en Chile y Honduras. A medida que se acercan elecciones en Brasil, Colombia y Perú, dinámicas parecidas podrían repetirse. El “Escudo de las Américas” podría resultar menos un mecanismo de seguridad que una especie de franquicia política: un vehículo para exportar hacia el sur una marca de política conservadora, con el beneplácito de Washington.

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Crónica del conflicto en el Asia Occidental (II)

Por: Sergio Rodríguez Gelfenstein

Algunos lectores se han comunicado conmigo para pedirme que analice el conflicto en el Asia Occidental en “perspectiva amplia”. A partir de ello, decidí extraer algunos párrafos de mis trabajos y exponerlos en su conjunto como una crónica. Los dos primeros fueron escritos hace más de 20 años (publicados la semana pasada) y el resto en fecha más reciente y por tanto más vinculados a la coyuntura. He puesto al lado de cada título la fecha de su publicación como constancia que en el seguimiento de los acontecimientos actuales pude prever muchos de los fenómenos que marcan hoy la transformación de la realidad regional y global así como las circunstancias que han influido en la vida del planeta y que han afectado a toda la humanidad. Entregamos a Ustedes esta crónica en dos partes. Esta es la segunda.

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Venezuela/Las tres leyendas sobre el Nazareno de San Pablo

Tradicionalmente han existido tres leyendas sobre el Nazareno, las cuales han sido motivo de comentario casi obligado en esta época, las dos primeras ocurridas durante la colonia y la última a finales del siglo XIX.

1º.- ¿Dónde me has visto que me has hecho tan perfecto?

La tradición caraqueña sostenía una leyenda muy difundida, la cual decía lo siguiente:

El artista que hizo la imagen del Nazareno al terminar su brillante obra, muy emocionado por lo bien que la había hecho, le preguntó:

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Guerra contra Irán eleva $37,29 el petróleo venezolano

Por: Werther Sandoval

El precio del petróleo venezolano se ha visto favorecido, en lo inmediato, por la agresión militar de Estados Unidos e Israel en contra de Irán orientada a debilitar, asfixiar y aislar a China; pero el futuro de la cesta nacional ingresa en un mar de incertidumbres determinado por la búsqueda y reacomodo de los corredores marítimos y terrestres alternativos por donde pueda transitar el excremento del Diablo.

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Errores de cálculo

EE.UU. y sus subordinados europeos: factor principal del caos

Por: Rafael Poch de Feliu

La falta de visión de EE.UU. tiene que ver con la soberbia de quien está acostumbrado a dictar su voluntad en el mundo y encuentra grandes dificultades en cambiar y adaptarse a la nueva realidad

En los últimos cuatro años, hemos ayudado a tres grandes errores de cálculo del hegemonismo occidental liderado por Estados Unidos. El primero fue el de Rusia. Se creía que, provocando la invasión de Ucrania, Moscú sufriría una “derrota estratégica” y una debacle económica como resultado de las sanciones y de un aislamiento internacional que se daba como seguro. Nada de eso ha ocurrido. El segundo fue con China. Creían que las barreras y sanciones comerciales y tecnológicas se duplicarían a Pekín. Tampoco eso ha ocurrido. China ya es una gran potencia tecnológica que, por ejemplo, produce sus propios microprocesadores. Bastó con que Pekín amenazara con responder cortando toda su exportación de tierras raras, los minerales esenciales para alta tecnología, defensa y energías renovables de los que dispone casi en solitario, para anular todo aquello. El tercer error de cálculo lo estamos viendo ahora con Irán.  

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Cuba: ¿gobierno fallido?

Por: Michel E Torres Corona

Hace ya varios años publiqué en el periódico Granma un pequeño texto titulado “Teoría y discurso del Estado fallido”. En aquel entonces lo escribí movido por el uso indiscriminado de ese término en relación con Cuba, en condiciones que —si bien complicadas— eran mucho mejores que las actuales. Hoy, que el cerco contra la Isla se estrecha aún más y se recrudece el bloqueo que por décadas ha impuesto el imperialismo, es comprensible (para los que llevamos tiempo en estas lides) que etiquetas idénticas o similares se sigan “popularizando”.

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Rusia informa de la llegada de uno de sus petroleros a Cuba

Un petrolero ruso con un cargamento humanitario de 100 mil toneladas de crudo llegó a Cuba, según anunció hoy en su página oficial el Ministerio de Transporte del país eslavo. «El petrolero ruso Anatoly Kolodkin con un cargamento humanitario de 100 mil toneladas de crudo arribó a Cuba. El buque está en el puerto de Matanzas a la espera de ser descargado», refiere la nota del ente.

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La Desinfección de la Historia: El Fin de los Eufemismos Imperiales

Compilacion de:Henry Pacheco

«Durante décadas, el mundo fue moldeado por etiquetas: las invasiones eran ‘libertades’ y la resistencia era ‘terrorismo’. Sin embargo, en marzo de 2026, la realidad física en el Estrecho de Ormuz y el campo de batalla iraní ha hecho lo que la diplomacia no pudo: desinfectar el lenguaje político. Hoy, el colapso del mito de la invencibilidad tecnológica de Occidente no solo marca una derrota militar, sino el nacimiento de una era donde los pueblos ya no piden permiso para ser soberanos ni aceptan definiciones dictadas desde Washington. La hegemonía ha perdido su gramática.»

La tercera jornada de las protestas «No Kings», celebrada este sábado 28 de marzo de 2026, se ha consolidado como la mayor movilización contra la administración de Donald Trump hasta la fecha, superando los registros de las ediciones de junio y octubre de 2025.

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MIRÁNDOSE EN EL ESPEJO

Por: Antonio García

Durante los gobiernos de Uribe, Santos y Duque fue consenso junto con los militares la necesidad de renovar la flota de aviones de guerra de la Fuerza Aérea colombiana, los viejos Kafir; se levantaron consultas, «cotizaciones» y hasta un documento Conpes para adquirir dichos aviones, pero fue la presión social y hasta un famoso Senador, Petro, los que impidieron semejante despilfarro ante necesidades más apremiante en un país donde la cifra de pobreza es escandalosa.

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