¿Quién le teme a Steve Bannon? Guerra cognitiva y deyecciones ideológicas imperiales

Por: Fernando Buen Abad

Esta pregunta no concierne únicamente a un individuo, a su trayectoria política ni a las operaciones ideológicas que lo han convertido en una figura emblemática de la extrema derecha estadunidense. Interroga, en realidad, una zona más profunda de la conciencia contemporánea: ¿qué sucede con una sociedad cuando la degradación del lenguaje se convierte en método de intervención política, cuando la obscenidad adquiere estatuto de franqueza, cuando la crueldad pretende hacerse pasar por lucidez y cuando la demolición de los vínculos humanos se publicita como una forma superior de libertad?

Steve Bannon representa, en ese horizonte, algo más significativo que una personalidad polémica: encarna una modalidad de combate semiótico que emplea la provocación, la polarización, el resentimiento y la fabricación sistemática de antagonismos para disputar la organización simbólica de la vida colectiva.

“Los demócratas no importan. La verdadera oposición son los medios. Y la forma de lidiar con ellos es inundar la zona de mierda”.

No se trata de atribuirle poderes sobrenaturales ni de convertirlo en protagonista de una mitología invertida, sino de examinar críticamente las condiciones materiales, mediáticas y culturales que permiten a semejantes estrategias encontrar interlocutores, amplificadores y beneficiarios.

El problema no es solamente Bannon; es también la estructura de recepción que hace posible presentar la barbarización del discurso como emancipación, anunciar la vulgaridad como autenticidad y vender el deterioro de la inteligencia pública como rebelión contra las élites. ¿Quién le teme, entonces?

Le temen quienes comprenden que la política no se disputa exclusivamente mediante leyes, presupuestos, instituciones o correlaciones de fuerza, sino también a través de signos, afectos, imaginarios y hábitos perceptivos. Le temen quienes saben que una sociedad puede ser desposeída de su capacidad crítica mucho antes de que se le arrebaten formalmente sus derechos; quienes reconocen que la deshumanización comienza cuando ciertas personas dejan de aparecer ante nosotros como sujetos de dignidad y empiezan a ser representadas como desechos, invasores, parásitos, enemigos absolutos o material prescindible.

En ese desplazamiento semántico se juega una de las operaciones más peligrosas del poder contemporáneo: transformar al adversario en una entidad moralmente expulsable, despojada de la complejidad que permitiría comprender sus circunstancias, discutir sus ideas o combatir sus intereses sin renunciar a los principios de humanidad que justifican la propia lucha.

Nuestra semiótica crítica debe penetrar en esa maquinaria sin dejarse fascinar por su estridencia. Ha de estudiar cómo se producen los significados, quién controla sus circuitos de circulación, qué intereses materiales se ocultan detrás de determinadas representaciones y de qué manera se articulan los signos aparentemente espontáneos para construir hegemonía.

Desde una perspectiva marxista, semejante análisis exige vincular la superficie discursiva con las relaciones sociales de producción, las disputas por el poder y las contradicciones de una sociedad atravesada por la mercantilización de la experiencia. El escándalo no es una sustancia inocente: puede convertirse en mercancía, la indignación en combustible publicitario y la atención pública en una fuente extraordinaria de rentabilidad política.

Allí donde la industria mediática premia el estruendo por encima de la argumentación, la mentira puede adquirir una ventaja competitiva; allí donde los algoritmos privilegian la reacción inmediata, el odio encuentra condiciones propicias para reproducirse; allí donde el sufrimiento ajeno se transforma en espectáculo, la sensibilidad colectiva corre el riesgo de atrofiarse hasta confundir la exposición reiterada a la violencia con una comprensión más profunda del mundo.

No basta, por tanto, con denunciar la inmundicia discursiva: hay que comprender la economía política que la produce, la tecnología que la amplifica y la cultura que la normaliza. Ese examen exige, además, preguntarse qué concepción de la humanidad está implícita en tales procedimientos. La idea de enmierdarlo todo, entendida como principio de intervención simbólica, no consiste simplemente en emplear palabras groseras o transgredir convenciones de cortesía.

Su dimensión más corrosiva aparece cuando se procura ensuciar la percepción misma de lo humano, contaminar la conversación pública con sospechas indiscriminadas y envilecer la deliberación hasta volverla irreconocible. Se busca que ninguna afirmación de verdad, justicia o solidaridad conserve suficiente credibilidad para orientar la acción colectiva.

Es una política de la saturación: inundar el espacio común con tal cantidad de ruido, desprecio y contradicción que distinguir entre hechos y falsedades parezca una tarea inútil y la ciudadanía termine refugiándose en identidades cerradas, adhesiones emocionales o lealtades carentes de examen crítico.

Cuando todo parece corrupto, la corrupción deja de escandalizar; cuando todos son presentados como enemigos, la enemistad pierde su carácter excepcional y se convierte en atmósfera; cuando el engaño se multiplica hasta el agotamiento, lo verdadero corre el peligro de ser percibido como otra opinión intercambiable.

Esta degradación no debe confundirse con una victoria definitiva de quienes la promueven. El nihilismo puede paralizar, aunque también es posible desenmascararlo; la provocación desorganiza la conciencia, pero a la vez revela las fragilidades de un orden que ha permitido instrumentalizar la desesperación social en nombre de una grandeza imaginaria.

Precisamente por eso, la respuesta democrática no puede limitarse a reproducir, con signo ideológico contrario, los procedimientos que pretende combatir. Si la extrema derecha envilece el lenguaje, no se la derrota haciendo de la vulgaridad una virtud; si transforma la política en espectáculo de humillación, no se la supera multiplicando los agravios; si fabrica enemigos para administrar el resentimiento, no se construye emancipación inventando nuevas categorías de seres humanos indignos.

La imitación táctica puede parecer eficaz a corto plazo, pero entraña una derrota estratégica: quien adopta la gramática del adversario termina aceptando, incluso sin advertirlo, parte de su concepción del mundo.

La crítica semiótica debe ser, por ello, una práctica capaz de desarticular las asociaciones fraudulentas entre fuerza y crueldad, sinceridad y brutalidad, libertad y desprecio. A la vez, ha de reconstruir las condiciones culturales para argumentar la verdad, comprender la justicia y experimentar la solidaridad como una potencia material, no como un ornamento sentimental.

Dignificar a la humanidad es mejor que ensuciarla porque la dignidad no constituye una concesión retórica, sino una condición histórica indispensable para cualquier proyecto auténticamente emancipador. Esto no significa ocultar los conflictos, absolver a los poderosos ni sustituir la lucha política por una moralina conciliadora.

Implica comprender que la crítica rigurosa puede ser implacable sin ser deshumanizadora, que la denuncia documentada posee mayor fuerza que la injuria indiscriminada y que la transformación de las estructuras injustas exige ampliar la inteligencia colectiva, no reducirla a una sucesión de reflejos biliosos.

Supone restituir a las personas su condición de sujetos históricos, capaces de comprender las determinaciones que las atraviesan, cuestionar las instituciones que las subordinan y participar en la creación de relaciones sociales menos alienantes.

Esa tarea exige combatir la explotación, la desigualdad y la manipulación sin convertir a quienes padecen sus consecuencias en objetos de desprecio. No se realiza mediante una idealización abstracta de los comportamientos humanos, sino a través de cambios concretos en las condiciones que producen humillación, ignorancia, precariedad y dependencia.

Aquí reside una diferencia fundamental entre el humanismo emancipador y la retórica vacía: el primero investiga las causas, organiza capacidades y transforma relaciones; la segunda se limita a pronunciar palabras edificantes mientras deja intactos los mecanismos de la degradación.

¿Quién le teme a Steve Bannon? Le temen quienes reconocen la potencia de una política capaz de convertir el resentimiento en identidad y la confusión en instrumento de gobierno. También deberían temerle quienes, al combatirlo, se muestran dispuestos a sacrificar sus propios principios en el altar de la eficacia inmediata.

Una democracia puede sobrevivir a una personalidad autoritaria y, sin embargo, quedar profundamente dañada si incorpora como hábitos permanentes el desprecio, la mentira y la deshumanización.

El verdadero desafío consiste en impedir que la excepción grotesca se transforme en norma cultural, que el lenguaje público pierda su capacidad de nombrar la realidad y que la ciudadanía termine considerando inevitable aquello que debiera combatir.

Frente a esa amenaza, hace falta una superioridad intelectual, ética y política capaz de explicar sus mecanismos, exponer sus intereses y organizar alternativas verificables. La tarea consiste en conquistar una coherencia entre el lenguaje de la emancipación y las prácticas que pretenden realizarla.

Allí donde el desprecio procura reducir al ser humano a una caricatura, la crítica debe devolverle su espesor histórico; allí donde la manipulación fragmenta la experiencia común, la organización colectiva ha de reconstruir vínculos; allí donde la mentira pretende clausurar la posibilidad de una verdad compartida, el conocimiento debe recuperar su función pública. La dignidad no es debilidad, del mismo modo que la crueldad no es fortaleza y la estridencia no equivale a inteligencia.

La cuestión decisiva, por consiguiente, no es si debemos temer a Bannon como individuo, sino si seremos capaces de comprender y enfrentar el sistema de significaciones que convierte la degradación en espectáculo, el odio en mercancía y la desesperanza en obediencia. La respuesta exige lucidez teórica, organización democrática, educación crítica y una voluntad inquebrantable de transformar las condiciones materiales de la existencia.

Frente a la tentación de enmierdarlo todo, dignificar a la humanidad es una decisión filosófica, una posición política y una responsabilidad histórica. No porque sea inocente, perfecta o ajena a sus contradicciones, sino porque únicamente al reconocerse en su complejidad podrá superar las formas de dominación que la mutilan.

La inmundicia puede conquistar titulares, ocupar pantallas y producir adhesiones fugaces; la dignidad, cuando se convierte en conciencia organizada y práctica transformadora, puede modificar el curso de la historia. Y esa es, en última instancia, la diferencia entre administrar el envilecimiento del mundo y trabajar para hacerlo humanamente habitable.

Seguir leyendo «¿Quién le teme a Steve Bannon? Guerra cognitiva y deyecciones ideológicas imperiales» →

Más de 23 millones de votos anticipados en EEUU

Más de 23 millones de votos anticipados se aceptaron hasta hoy para las elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos el 3 de noviembre, notable diferencia con los 15 millones emitidos en un momento similar en 2022.

Según los expertos, esta votación sigue en aumento en varios estados clave del país dando esperanzas a los demócratas de que ello se traduzca en más participación electoral en los comicios que ocurrirán en apenas 10 días.

Seguir leyendo «Más de 23 millones de votos anticipados en EEUU» →

El Escudo de las Américas revela el interés de EE.UU. en los recursos naturales de América Latina

Por: Yvette Sierra Praeli

La iniciativa impulsada por Donald Trump a la que se han sumado, hasta ahora, 17 presidentes de América Latina, tiene como marco la lucha contra el narcotráfico y la criminalidad organizada. Sin embargo, analistas políticos y economistas de la región coinciden en señalar que el interés principal de Estados Unidos es el acceso a los recursos naturales, en especial a los minerales estratégicos que hay en los países de América Latina.

En marzo de 2026 el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hizo público el denominado Escudo de Las Américas, una iniciativa de ese país que se presentó como una alianza regional para combatir el narcotráfico y el crimen organizado transnacional.

Seguir leyendo «El Escudo de las Américas revela el interés de EE.UU. en los recursos naturales de América Latina» →

Don Rubio

Por: Rosa Miriam Elizalde

Las historias de la mafia tienen algo de las tragedias de Shakespeare: crímenes, traiciones, lealtades compradas y venganzas bíblicas. En ellas, el capo rara vez necesita levantar la voz, porque le basta con recordar al otro cuánto puede perder. “Le haré una oferta que no podrá rechazar”, promete Vito Corleone en El padrino, dejando claro que el poder consiste precisamente en no tener que pronunciar la amenaza.

Seguir leyendo «Don Rubio» →

Los Trump y amigos, más ricos con el segundo mandato del magnate

En 20 meses, fortuna del mandatario aumentó 2.7 mil mdd

El yerno Jared Kushner se asoció con ex canciller mexicano Luis Videgaray

Washington y Nueva York., Donald Trump, su familia y su círculo íntimo de asesores y amigos han empleado la presidencia para enriquecerse y acumular fortunas multimillonarias; el mandatario incrementó su riqueza personal por casi 2.7 mil millones de dólares desde que asumió la presidencia por segunda ocasión, en enero de 2025, y los cercanos –desde su hijo mayor hasta la embajadora en Grecia–, aceptan y solicitan cientos de miles en regalos personales de donantes y oligarcas extranjeros.

Seguir leyendo «Los Trump y amigos, más ricos con el segundo mandato del magnate» →

“Acuerdo diésel” de Trump y Putin sepulta a Zelensky:¿“efecto estrecho de Ormuz”?

Por: Alfredo Jalife-Rahme

Una cosa es la multimediática “propaganda de guerra”, donde todavía prevalece la hegemonía israelí-anglosajona(https://bitly/4ickpQG), y otra cosa es la cruda realidad del crudo, cuando la misma Administración de Información de Energía (EIA) admite que “EU produce más crudo que nunca(…) no obstante los precios del diésel escalaron recientemente alturas récord, mientras que los inventarios destilados permanecen inusualmente bajos (https://bit.ly/4zrcTXR)”.

Seguir leyendo «“Acuerdo diésel” de Trump y Putin sepulta a Zelensky:¿“efecto estrecho de Ormuz”?» →

El asedio multidimensional y la reactualización de la Doctrina Monroe: Guerra híbrida, revisionismo historiográfico y la nueva Internacional Negra en América Latina

Por: Maddalena Celano

El recrudecimiento de la ofensiva político-mediática y sancionatoria contra la República de Cuba no constituye un fenómeno coyuntural, ni puede reducirse a las solas dinámicas de contraposición bilateral. Por el contrario, representa la manifestación sintomática de una estrategia estructural de reimperialización y recolonización del continente americano, ejecutada mediante la convergencia táctica entre el aparato hegemónico estadounidense, los sectores reaccionarios de la extrema derecha transnacional y la histórica red contrarrevolucionaria de la emigración cubana [1]. Dicha articulación política configura una verdadera actualización de la Internacional Negra bajo nuevas formas organizativas y comunicativas, orientada a restaurar la inviolabilidad de la Doctrina Monroe y a erradicar cualquier alternativa de soberanía nacional en el continente [2].

La estrategia de la “tenaza” se articula a lo largo de dos directrices fundamentales y complementarias:

Seguir leyendo «El asedio multidimensional y la reactualización de la Doctrina Monroe: Guerra híbrida, revisionismo historiográfico y la nueva Internacional Negra en América Latina» →

Pensamiento crítico. La doctrina Monroe también vota en Brasil

Por María Fernanda de la Quintana*, Resumen Latinoamericano, 08 de octubre 2026.

Flávio Bolsonaro terminó primero por menos de dos puntos y el balotaje del 25 de octubre se juega también en Washington. Detrás del voto brasileño avanza una versión actualizada de la Doctrina Monroe.

El triunfo de Flávio Bolsonaro en primera vuelta, hijo del expresidente condenado por la trama golpista de 2022, llega al final de un año en el que Brasil fue sometido a aranceles, a una investigación comercial contra su sistema de pagos y a presiones sobre su Supremo Tribunal Federal, y en el que el presidente argentino viajó a San Pablo a hacer campaña por el candidato de la ultraderecha. Leído en conjunto, el domingo brasileño muestra el funcionamiento de una estrategia hemisférica con objetivos, instrumentos y aliados propios.

Monroe con nuevas herramientas

La Estrategia de Seguridad Nacional que la Casa Blanca publicó a fines de 2025 fijó como objetivo reducir la influencia china en América Latina y volvió a tratar al hemisferio como perímetro propio. En marzo de este año, en un club de golf de Doral, Florida, Donald Trump presentó el Escudo de las Américas, una coalición de gobiernos afines que hoy reúne a casi una veintena de países y que suma a la cooperación militar contra el narcotráfico un propósito explícito: contener la presencia de Beijing en la región.

La disputa se libra ahora sobre puertos, redes 5G, cables submarinos, sistemas de pagos, autos eléctricos y litio, y los instrumentos acompañan ese desplazamiento: aranceles, revocación de visas, investigaciones comerciales, presión sobre calificadoras y sobre tribunales. Chile lo comprobó cuando Washington retiró las visas a tres funcionarios del gobierno de Gabriel Boric que habían intervenido en el trámite de un cable submarino chino entre Hong Kong y la costa de Valparaíso.

Brasil funcionó como laboratorio. En julio de 2025, Trump anunció por carta un arancel del 50% sobre las exportaciones brasileñas y lo justificó, entre otras razones, por el trato que la justicia daba a Jair Bolsonaro. Consultado por CNN sobre si existía una razón de seguridad nacional, respondió sin rodeos: «Queremos aranceles y queremos que el dinero entre a Estados Unidos«. Ese mismo mes, la Oficina del Representante Comercial abrió una investigación que puso en la mira al Pix, el sistema de pagos instantáneos gratuito creado por el Banco Central y usado a diario por millones de brasileños; un año después, la investigación terminó en un nuevo arancel del 25%.

Washington invocó prácticas desleales contra un país con el que acumula más de quince años de superávit en el comercio de bienes, y que solo en 2025 le dejó más de 14.000 millones de dólares a favor, según su propia Oficina de Análisis Económico. La deslealtad que se castiga lleva, entonces, otra cuenta: se anota en las sentencias del Supremo Tribunal Federal y se cobra en la aduana.

El shock como forma de gobierno

Atribuir el avance de las derechas únicamente a la injerencia externa o a las redes deja afuera una parte del problema. Las demandas eran reales, y la derecha las capitalizó con una operación de miedo que no resuelve nada: convierte la inseguridad en mano dura, la inflación en ajuste y la migración en muro. La Argentina cerro el 2023 con una inflación anual del 211%, según el INDEC, y sobre ese malestar acumulado Javier Milei construyó su victoria. La autocrítica es necesaria, pero no alcanza: el problema no fue solo la inflación, sino la ausencia de un relato que compitiera con el miedo.
Sobre ese terreno prospera la política del shock. En sociedades fragmentadas por algoritmos, mantener encendida la percepción de crisis rinde más que construir orden institucional, porque una narrativa de fraude se instala en horas mientras una política pública necesita años para mostrar resultados.

Fernando Cerimedo muestra cómo opera ese circuito. Cuatro días después de la derrota de Jair Bolsonaro en 2022, el consultor argentino transmitió desde Buenos Aires, por el canal de su sitio La Derecha Diario, un supuesto informe de fraude que el Partido Liberal usó para pedir la anulación del balotaje brasileño. Después trabajó para las campañas de Milei y de Rodrigo Paz, cuyos gobiernos se sentaron en marzo a la mesa de Trump en Doral. Hoy está preso en Bolivia, y en los allanamientos, según informó el fiscal, apareció una minigranja de bots. La guerra híbrida que acompaña a los aranceles y a la presión sobre los tribunales tiene operadores con nombre y apellido, y Cerimedo es uno de ellos.

Los recursos que se van y las fábricas que quedan

La presión se concentra en lo que va a demandar la transición energética: litio, cobre, tierras raras, infraestructura de telecomunicaciones. A esa pérdida material se suma otra, igual de grave y menos visible: los datos de millones de ciudadanos que alimentan plataformas extranjeras, un debate público moldeado desde servidores ajenos y la emigración de científicos y técnicos formados con presupuesto público. La región exporta así los activos que van a definir el siglo y se queda con los costos.

En el norte argentino, esa disputa tiene nombre propio. Los salares de Salta, Jujuy y Catamarca forman parte del Triángulo del Litio, y la Argentina es el segundo país con mayores recursos de litio del mundo. Allí ya producen empresas chinas, junto a capitales de otros orígenes. En febrero, el acuerdo firmado con Washington dejó por escrito la intención argentina de priorizar a Estados Unidos en litio, cobre y otros minerales críticos por encima de «las economías o empresas que manipulan el mercado», una fórmula que apunta a Beijing. También comprometió al Gobierno nacional a colaborar con las provincias, dueñas originarias de esos recursos, para facilitar la llegada de empresas estadounidenses.

El canciller Pablo Quirno aseguró entonces que China podrá seguir invirtiendo. El acuerdo firmado con Washington, sin embargo, ya ordenó las preferencias: el litio entró en la negociación como prenda de lealtad, y la Argentina resignó de antemano la posibilidad de usar la competencia entre los dos polos para mejorar sus condiciones. Mientras China invierte en fábricas y energía en toda la región, la Argentina le promete a Washington la prioridad sobre el recurso más codiciado de la transición energética.

En Camaçari, Bahía, el complejo que Ford cerró en 2021 tras miles de despidos ensambla hoy autos eléctricos de BYD, y en Iracemápolis, San Pablo, Great Wall Motor produce en la planta que Mercedes-Benz había abandonado un año antes. Esas fábricas van a seguir ahí después del 25 de octubre, gane quien gane, con sus turnos, sus proveedores y sus impuestos, porque la ideología cambia al ritmo de los calendarios electorales y una estructura productiva se mide en décadas.

Pragmatismo vecino, anomalía argentina

Esa interdependencia explica el pragmatismo que mostraron gobiernos de signo muy distinto. Brasil, bajo Jair Bolsonaro, licitó su red 5G en 2021 sin excluir a Huawei pese a la presión de Washington. Uruguay, con Luis Lacalle Pou, buscó un tratado de libre comercio con Beijing. Chile mantuvo a China como su primer socio comercial durante los gobiernos de Sebastián Piñera y con Gabriel Boric. Cuando están en juego inversiones, infraestructura o empleo industrial, los intereses nacionales le ponen un límite al alineamiento ideológico.

La Argentina eligió el camino inverso. Su gobierno adhirió al Escudo de las Américas, ató la política exterior a la afinidad con Trump y convirtió la relación con Brasil, su principal socio comercial, en un frente de campaña. En junio, Milei recibió a Flávio Bolsonaro en Olivos; en julio subió al escenario de la convención del Partido Liberal en San Pablo y llamó «presidiario» a Lula, y Itamaraty convocó a consultas a su embajador en Buenos Aires.

Washington y Beijing compiten con dureza y, al mismo tiempo, negocian entre sí cada vez que sus intereses lo exigen. Las potencias se disputan mercados sin regalarse ninguno; el país que elige el alineamiento automático, en cambio, regala su propia capacidad de negociación y queda atado a los vaivenes internos de su aliado. Las elecciones legislativas del 3 de noviembre pueden redistribuir el poder en Washington en menos de un mes. Si Lula gana el balotaje, la Argentina tendrá que negociar con su principal socio después de haber hecho campaña en su contra; si gana Flávio Bolsonaro, habrá sumado un aliado ideológico a un vínculo que seguirá dependiendo de autos, granos y energía.

La autonomía se construye

La versión actualizada de la Doctrina Monroe tropieza con un límite estructural: América Latina dejó atrás la arquitectura internacional de la Guerra Fría. La presencia económica china, los vínculos con la Unión Europea y el peso creciente de los BRICS encarecen cualquier intento de reconstruir un hemisferio cerrado. El punto débil está adentro. Entre 2018 y 2019, seis gobiernos alineados con Washington, entre ellos los de Mauricio Macri y Jair Bolsonaro, abandonaron la UNASUR. Ecuador reclamó el edificio de su sede en Quito y la derecha regional fundó en su lugar el Prosur, un foro a su medida. Lula convocó en Brasilia a relanzarla y no lo consiguió, y la CELAC sigue sin capacidad de decisión. Así, cada país llega solo a negociar con las potencias, y en esa soledad Washington arma sus coaliciones a medida.

La Argentina había sido invitada a ingresar a los BRICS a partir de enero de 2024, y el gobierno de Milei rechazó la invitación por carta a fines de diciembre de 2023. Brasil, en cambio, presidió el bloque durante 2025 y fue anfitrión de su cumbre en Río de Janeiro. Entre una decisión y la otra hay dos proyectos de inserción en el mundo: uno se suma a los espacios que amplían el margen de negociación, el otro renuncia a ellos para demostrar lealtad.

La soberanía del siglo XXI se construye con capacidad estatal, política industrial propia y alianzas diversificadas, y con la habilidad de relacionarse con todos los polos de poder a partir de los intereses nacionales, por encima de las simpatías del turno. En un mundo donde las potencias compiten y negocian a la vez, el desafío de la región consiste en definir sus propios intereses y dejar de ser el escenario de disputas ajenas. El 25 de octubre, en Brasil, se vota también una parte de esa respuesta. La Argentina, mientras tanto, ya jugó la suya: hizo campaña en San Pablo, firmó la prioridad estadounidense sobre su litio, rechazó los BRICS y llega a ese domingo con su política exterior apostada a un solo resultado.

*Periodista. Máster en Bioética Internacional. Especializada en «Bioética y Derechos Humanos en América Latina» (UBA). Formada en geopolítica en CLACSOPor María Fernanda de la Quintana*, Resumen Latinoamericano, 08 de octubre 2026.

Flávio Bolsonaro terminó primero por menos de dos puntos y el balotaje del 25 de octubre se juega también en Washington. Detrás del voto brasileño avanza una versión actualizada de la Doctrina Monroe.

El triunfo de Flávio Bolsonaro en primera vuelta, hijo del expresidente condenado por la trama golpista de 2022, llega al final de un año en el que Brasil fue sometido a aranceles, a una investigación comercial contra su sistema de pagos y a presiones sobre su Supremo Tribunal Federal, y en el que el presidente argentino viajó a San Pablo a hacer campaña por el candidato de la ultraderecha. Leído en conjunto, el domingo brasileño muestra el funcionamiento de una estrategia hemisférica con objetivos, instrumentos y aliados propios.

Monroe con nuevas herramientas

La Estrategia de Seguridad Nacional que la Casa Blanca publicó a fines de 2025 fijó como objetivo reducir la influencia china en América Latina y volvió a tratar al hemisferio como perímetro propio. En marzo de este año, en un club de golf de Doral, Florida, Donald Trump presentó el Escudo de las Américas, una coalición de gobiernos afines que hoy reúne a casi una veintena de países y que suma a la cooperación militar contra el narcotráfico un propósito explícito: contener la presencia de Beijing en la región.

La disputa se libra ahora sobre puertos, redes 5G, cables submarinos, sistemas de pagos, autos eléctricos y litio, y los instrumentos acompañan ese desplazamiento: aranceles, revocación de visas, investigaciones comerciales, presión sobre calificadoras y sobre tribunales. Chile lo comprobó cuando Washington retiró las visas a tres funcionarios del gobierno de Gabriel Boric que habían intervenido en el trámite de un cable submarino chino entre Hong Kong y la costa de Valparaíso.

Brasil funcionó como laboratorio. En julio de 2025, Trump anunció por carta un arancel del 50% sobre las exportaciones brasileñas y lo justificó, entre otras razones, por el trato que la justicia daba a Jair Bolsonaro. Consultado por CNN sobre si existía una razón de seguridad nacional, respondió sin rodeos: «Queremos aranceles y queremos que el dinero entre a Estados Unidos«. Ese mismo mes, la Oficina del Representante Comercial abrió una investigación que puso en la mira al Pix, el sistema de pagos instantáneos gratuito creado por el Banco Central y usado a diario por millones de brasileños; un año después, la investigación terminó en un nuevo arancel del 25%.

Washington invocó prácticas desleales contra un país con el que acumula más de quince años de superávit en el comercio de bienes, y que solo en 2025 le dejó más de 14.000 millones de dólares a favor, según su propia Oficina de Análisis Económico. La deslealtad que se castiga lleva, entonces, otra cuenta: se anota en las sentencias del Supremo Tribunal Federal y se cobra en la aduana.

El shock como forma de gobierno

Atribuir el avance de las derechas únicamente a la injerencia externa o a las redes deja afuera una parte del problema. Las demandas eran reales, y la derecha las capitalizó con una operación de miedo que no resuelve nada: convierte la inseguridad en mano dura, la inflación en ajuste y la migración en muro. La Argentina cerro el 2023 con una inflación anual del 211%, según el INDEC, y sobre ese malestar acumulado Javier Milei construyó su victoria. La autocrítica es necesaria, pero no alcanza: el problema no fue solo la inflación, sino la ausencia de un relato que compitiera con el miedo.
Sobre ese terreno prospera la política del shock. En sociedades fragmentadas por algoritmos, mantener encendida la percepción de crisis rinde más que construir orden institucional, porque una narrativa de fraude se instala en horas mientras una política pública necesita años para mostrar resultados.

Fernando Cerimedo muestra cómo opera ese circuito. Cuatro días después de la derrota de Jair Bolsonaro en 2022, el consultor argentino transmitió desde Buenos Aires, por el canal de su sitio La Derecha Diario, un supuesto informe de fraude que el Partido Liberal usó para pedir la anulación del balotaje brasileño. Después trabajó para las campañas de Milei y de Rodrigo Paz, cuyos gobiernos se sentaron en marzo a la mesa de Trump en Doral. Hoy está preso en Bolivia, y en los allanamientos, según informó el fiscal, apareció una minigranja de bots. La guerra híbrida que acompaña a los aranceles y a la presión sobre los tribunales tiene operadores con nombre y apellido, y Cerimedo es uno de ellos.

Los recursos que se van y las fábricas que quedan

La presión se concentra en lo que va a demandar la transición energética: litio, cobre, tierras raras, infraestructura de telecomunicaciones. A esa pérdida material se suma otra, igual de grave y menos visible: los datos de millones de ciudadanos que alimentan plataformas extranjeras, un debate público moldeado desde servidores ajenos y la emigración de científicos y técnicos formados con presupuesto público. La región exporta así los activos que van a definir el siglo y se queda con los costos.

En el norte argentino, esa disputa tiene nombre propio. Los salares de Salta, Jujuy y Catamarca forman parte del Triángulo del Litio, y la Argentina es el segundo país con mayores recursos de litio del mundo. Allí ya producen empresas chinas, junto a capitales de otros orígenes. En febrero, el acuerdo firmado con Washington dejó por escrito la intención argentina de priorizar a Estados Unidos en litio, cobre y otros minerales críticos por encima de «las economías o empresas que manipulan el mercado», una fórmula que apunta a Beijing. También comprometió al Gobierno nacional a colaborar con las provincias, dueñas originarias de esos recursos, para facilitar la llegada de empresas estadounidenses.

El canciller Pablo Quirno aseguró entonces que China podrá seguir invirtiendo. El acuerdo firmado con Washington, sin embargo, ya ordenó las preferencias: el litio entró en la negociación como prenda de lealtad, y la Argentina resignó de antemano la posibilidad de usar la competencia entre los dos polos para mejorar sus condiciones. Mientras China invierte en fábricas y energía en toda la región, la Argentina le promete a Washington la prioridad sobre el recurso más codiciado de la transición energética.

En Camaçari, Bahía, el complejo que Ford cerró en 2021 tras miles de despidos ensambla hoy autos eléctricos de BYD, y en Iracemápolis, San Pablo, Great Wall Motor produce en la planta que Mercedes-Benz había abandonado un año antes. Esas fábricas van a seguir ahí después del 25 de octubre, gane quien gane, con sus turnos, sus proveedores y sus impuestos, porque la ideología cambia al ritmo de los calendarios electorales y una estructura productiva se mide en décadas.

Pragmatismo vecino, anomalía argentina

Esa interdependencia explica el pragmatismo que mostraron gobiernos de signo muy distinto. Brasil, bajo Jair Bolsonaro, licitó su red 5G en 2021 sin excluir a Huawei pese a la presión de Washington. Uruguay, con Luis Lacalle Pou, buscó un tratado de libre comercio con Beijing. Chile mantuvo a China como su primer socio comercial durante los gobiernos de Sebastián Piñera y con Gabriel Boric. Cuando están en juego inversiones, infraestructura o empleo industrial, los intereses nacionales le ponen un límite al alineamiento ideológico.

La Argentina eligió el camino inverso. Su gobierno adhirió al Escudo de las Américas, ató la política exterior a la afinidad con Trump y convirtió la relación con Brasil, su principal socio comercial, en un frente de campaña. En junio, Milei recibió a Flávio Bolsonaro en Olivos; en julio subió al escenario de la convención del Partido Liberal en San Pablo y llamó «presidiario» a Lula, y Itamaraty convocó a consultas a su embajador en Buenos Aires.

Washington y Beijing compiten con dureza y, al mismo tiempo, negocian entre sí cada vez que sus intereses lo exigen. Las potencias se disputan mercados sin regalarse ninguno; el país que elige el alineamiento automático, en cambio, regala su propia capacidad de negociación y queda atado a los vaivenes internos de su aliado. Las elecciones legislativas del 3 de noviembre pueden redistribuir el poder en Washington en menos de un mes. Si Lula gana el balotaje, la Argentina tendrá que negociar con su principal socio después de haber hecho campaña en su contra; si gana Flávio Bolsonaro, habrá sumado un aliado ideológico a un vínculo que seguirá dependiendo de autos, granos y energía.

La autonomía se construye

La versión actualizada de la Doctrina Monroe tropieza con un límite estructural: América Latina dejó atrás la arquitectura internacional de la Guerra Fría. La presencia económica china, los vínculos con la Unión Europea y el peso creciente de los BRICS encarecen cualquier intento de reconstruir un hemisferio cerrado. El punto débil está adentro. Entre 2018 y 2019, seis gobiernos alineados con Washington, entre ellos los de Mauricio Macri y Jair Bolsonaro, abandonaron la UNASUR. Ecuador reclamó el edificio de su sede en Quito y la derecha regional fundó en su lugar el Prosur, un foro a su medida. Lula convocó en Brasilia a relanzarla y no lo consiguió, y la CELAC sigue sin capacidad de decisión. Así, cada país llega solo a negociar con las potencias, y en esa soledad Washington arma sus coaliciones a medida.

La Argentina había sido invitada a ingresar a los BRICS a partir de enero de 2024, y el gobierno de Milei rechazó la invitación por carta a fines de diciembre de 2023. Brasil, en cambio, presidió el bloque durante 2025 y fue anfitrión de su cumbre en Río de Janeiro. Entre una decisión y la otra hay dos proyectos de inserción en el mundo: uno se suma a los espacios que amplían el margen de negociación, el otro renuncia a ellos para demostrar lealtad.

La soberanía del siglo XXI se construye con capacidad estatal, política industrial propia y alianzas diversificadas, y con la habilidad de relacionarse con todos los polos de poder a partir de los intereses nacionales, por encima de las simpatías del turno. En un mundo donde las potencias compiten y negocian a la vez, el desafío de la región consiste en definir sus propios intereses y dejar de ser el escenario de disputas ajenas. El 25 de octubre, en Brasil, se vota también una parte de esa respuesta. La Argentina, mientras tanto, ya jugó la suya: hizo campaña en San Pablo, firmó la prioridad estadounidense sobre su litio, rechazó los BRICS y llega a ese domingo con su política exterior apostada a un solo resultado./Resumen Latinoamericano

*Periodista. Máster en Bioética Internacional. Especializada en «Bioética y Derechos Humanos en América Latina» (UBA). Formada en geopolítica en CLACSO

México. Sheinbaum: documentado, el histórico injerencismo de EU

Por Alonso Urrutia y Alma Muñoz.

Tras considerar “muy interesante” el diagnóstico que describe Andrés Manuel López Obrador en su más reciente libro, Pueblo, sobre la relación bilateral México-Estados Unidos, con particular énfasis en sus críticas al desempeño del embajador Ronald Johnson, la presidenta, Claudia Sheinbaum, sostuvo que por su encargo e investidura debe guardar las formas diplomáticas. Sin embargo, afirmó que las agencias estadunidenses operan de manera muy injerencista, algo que, aseguró, incluso está reconocido en sus propios documentos.

Seguir leyendo «México. Sheinbaum: documentado, el histórico injerencismo de EU» →

La estabilidad del mundo en juego. ¿Es posible una nueva guerra a gran escala en Irán?

Por: Sergio Rodríguez Gelfeinstein

Algunas transnacionales de la desinformación vienen hablando con insistencia de los
preparativos de Estados Unidos para un escalamiento del conflicto en Asia Occidental
y una nueva guerra con Irán. Dando por cierto el hecho, las agencias difieren en
cuanto a si el mismo se producirá durante la última semana de octubre (previo a las
elecciones de Israel) o a finales de mes y comienzos de noviembre (antes de los
comicios de Estados Unidos). En ambos casos, el análisis surge de la idea de que
agotados todos los recursos para derrotar a Irán en el marco de la “racionalidad” de
la guerra, Washington y Tel Aviv solo pueden recurrir a una respuesta que incluso
podría incluir el uso táctico del arma nuclear para impedir una debacle electoral que
saque de circulación al sionista y deje altamente debilitado al estadounidense.

Seguir leyendo «La estabilidad del mundo en juego. ¿Es posible una nueva guerra a gran escala en Irán?» →