Lula ganó cómodo en una remontada histórica

La victoria del líder brasileño puso un freno a la ultraderecha

El presidente consigue un cuarto mandato tras vencer a Flávio Bolsonaro con más de cuatro millones de votos. “Esta elección fue una derrota del negacionismo”, celebró.

Por: Gustavo Veiga

Desde San Pablo

Brasil detuvo a la extrema derecha, la puso en pausa. Bajó los decibeles de su violencia dialéctica, de su crueldad manifiesta, su xenofobia y su racismo, y transformó a Lula en presidente por un mandato más. El cuarto de su extensa y rica trayectoria política. Fue posible porque, entre el primer turno y el segundo, consiguió aumentar en más de 10 millones de votos su caudal electoral. Una avalancha de sufragios. También una bocanada de aire fresco recorre América Latina entre tanto trumpismo rancio y algorítmico, de redes cloacales más que sociales, donde el PT también dio su batalla cultural entre la primera vuelta y el balotaje. La remontada del histórico dirigente del PT se produjo y derrotó a Flavio Bolsonaro, como lo había hecho con su padre cuatro años antes. Pero su rival pidió la anulación de las elecciones. “Es imposible reconocer el resultado”.

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Brasil/Lula y Flávio cierran debate con nuevos choques y cuestionamientos

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador Flávio Bolsonaro cerraron hoy el último debate televisivo antes del balotaje del domingo con advertencias sobre la democracia, promesas económicas y nuevos cuestionamientos mutuos.

En sus consideraciones finales, Lula agradeció al pueblo brasileño por la paciencia ante lo que describió como situaciones que no necesitaba presenciar. Recordó su trayectoria y afirmó que comenzó a trabajar a los 12 años, antes de pedir el voto para la segunda vuelta del 25 de octubre.

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Flávio Bolsonaro atascado en el banco master

Por: Frei Betto

Hay relaciones políticas que comienzan con una solicitud de patrocinio y terminan en una investigación de la Policía Federal. La relación de Flávio Bolsonaro con Daniel Vorcaro, controlador del Banco Master, pertenece, hasta el momento, a esta categoría.

El caso adquirió dimensión nacional cuando se hicieron públicos mensajes y audios que comprueban que Flávio Bolsonaro no era apenas un conocido lejano de Vorcaro. Era su interlocutor directo en el intento de obtener decenas de millones de reales para financiar Dark Horse, película sobre la vida de Jair Bolsonaro.

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Brasil/Una lectura filosófica de las elecciones

Por: Leonardo Boff

El auge de los proyectos extremistas refleja una profunda depresión colectiva ante las promesas incumplidas de la modernidad, pero encierra, bajo la dinámica del caos, las semillas para la reconstrucción de un nuevo orden civilizatorio.

1.

Se están realizando numerosos análisis de las elecciones brasileñas, con el sorprendente auge de la extrema derecha, generalmente utilizando categorías de la sociología integral. Estos análisis son necesarios. Sin embargo, la gravedad de la crisis brasileña, que es también planetaria, es de tal magnitud que carecemos de categorías adecuadas para comprenderla. Creo que necesitamos una perspectiva filosófica, porque se trata de ir a las raíces para encontrar un rayo de esperanza.

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¿Por qué Lula todavía puede ganar?

Por: Frei Betto

Hay una diferencia entre estar al frente en una elección y tenerla ganada. Lula lo sabe. Sus adversarios también. Y las encuestas confirman que la disputa sigue en pie en la recta final.

El dato más elocuente es el equilibrio en la confrontación directa con Flavio Bolsonaro. Datafolha del 2 de octubre señaló que, en una eventual segunda vuelta, Lula contaba con 48% contra 45% de Flavio.

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Pensamiento crítico. La doctrina Monroe también vota en Brasil

Por María Fernanda de la Quintana*, Resumen Latinoamericano, 08 de octubre 2026.

Flávio Bolsonaro terminó primero por menos de dos puntos y el balotaje del 25 de octubre se juega también en Washington. Detrás del voto brasileño avanza una versión actualizada de la Doctrina Monroe.

El triunfo de Flávio Bolsonaro en primera vuelta, hijo del expresidente condenado por la trama golpista de 2022, llega al final de un año en el que Brasil fue sometido a aranceles, a una investigación comercial contra su sistema de pagos y a presiones sobre su Supremo Tribunal Federal, y en el que el presidente argentino viajó a San Pablo a hacer campaña por el candidato de la ultraderecha. Leído en conjunto, el domingo brasileño muestra el funcionamiento de una estrategia hemisférica con objetivos, instrumentos y aliados propios.

Monroe con nuevas herramientas

La Estrategia de Seguridad Nacional que la Casa Blanca publicó a fines de 2025 fijó como objetivo reducir la influencia china en América Latina y volvió a tratar al hemisferio como perímetro propio. En marzo de este año, en un club de golf de Doral, Florida, Donald Trump presentó el Escudo de las Américas, una coalición de gobiernos afines que hoy reúne a casi una veintena de países y que suma a la cooperación militar contra el narcotráfico un propósito explícito: contener la presencia de Beijing en la región.

La disputa se libra ahora sobre puertos, redes 5G, cables submarinos, sistemas de pagos, autos eléctricos y litio, y los instrumentos acompañan ese desplazamiento: aranceles, revocación de visas, investigaciones comerciales, presión sobre calificadoras y sobre tribunales. Chile lo comprobó cuando Washington retiró las visas a tres funcionarios del gobierno de Gabriel Boric que habían intervenido en el trámite de un cable submarino chino entre Hong Kong y la costa de Valparaíso.

Brasil funcionó como laboratorio. En julio de 2025, Trump anunció por carta un arancel del 50% sobre las exportaciones brasileñas y lo justificó, entre otras razones, por el trato que la justicia daba a Jair Bolsonaro. Consultado por CNN sobre si existía una razón de seguridad nacional, respondió sin rodeos: «Queremos aranceles y queremos que el dinero entre a Estados Unidos«. Ese mismo mes, la Oficina del Representante Comercial abrió una investigación que puso en la mira al Pix, el sistema de pagos instantáneos gratuito creado por el Banco Central y usado a diario por millones de brasileños; un año después, la investigación terminó en un nuevo arancel del 25%.

Washington invocó prácticas desleales contra un país con el que acumula más de quince años de superávit en el comercio de bienes, y que solo en 2025 le dejó más de 14.000 millones de dólares a favor, según su propia Oficina de Análisis Económico. La deslealtad que se castiga lleva, entonces, otra cuenta: se anota en las sentencias del Supremo Tribunal Federal y se cobra en la aduana.

El shock como forma de gobierno

Atribuir el avance de las derechas únicamente a la injerencia externa o a las redes deja afuera una parte del problema. Las demandas eran reales, y la derecha las capitalizó con una operación de miedo que no resuelve nada: convierte la inseguridad en mano dura, la inflación en ajuste y la migración en muro. La Argentina cerro el 2023 con una inflación anual del 211%, según el INDEC, y sobre ese malestar acumulado Javier Milei construyó su victoria. La autocrítica es necesaria, pero no alcanza: el problema no fue solo la inflación, sino la ausencia de un relato que compitiera con el miedo.
Sobre ese terreno prospera la política del shock. En sociedades fragmentadas por algoritmos, mantener encendida la percepción de crisis rinde más que construir orden institucional, porque una narrativa de fraude se instala en horas mientras una política pública necesita años para mostrar resultados.

Fernando Cerimedo muestra cómo opera ese circuito. Cuatro días después de la derrota de Jair Bolsonaro en 2022, el consultor argentino transmitió desde Buenos Aires, por el canal de su sitio La Derecha Diario, un supuesto informe de fraude que el Partido Liberal usó para pedir la anulación del balotaje brasileño. Después trabajó para las campañas de Milei y de Rodrigo Paz, cuyos gobiernos se sentaron en marzo a la mesa de Trump en Doral. Hoy está preso en Bolivia, y en los allanamientos, según informó el fiscal, apareció una minigranja de bots. La guerra híbrida que acompaña a los aranceles y a la presión sobre los tribunales tiene operadores con nombre y apellido, y Cerimedo es uno de ellos.

Los recursos que se van y las fábricas que quedan

La presión se concentra en lo que va a demandar la transición energética: litio, cobre, tierras raras, infraestructura de telecomunicaciones. A esa pérdida material se suma otra, igual de grave y menos visible: los datos de millones de ciudadanos que alimentan plataformas extranjeras, un debate público moldeado desde servidores ajenos y la emigración de científicos y técnicos formados con presupuesto público. La región exporta así los activos que van a definir el siglo y se queda con los costos.

En el norte argentino, esa disputa tiene nombre propio. Los salares de Salta, Jujuy y Catamarca forman parte del Triángulo del Litio, y la Argentina es el segundo país con mayores recursos de litio del mundo. Allí ya producen empresas chinas, junto a capitales de otros orígenes. En febrero, el acuerdo firmado con Washington dejó por escrito la intención argentina de priorizar a Estados Unidos en litio, cobre y otros minerales críticos por encima de «las economías o empresas que manipulan el mercado», una fórmula que apunta a Beijing. También comprometió al Gobierno nacional a colaborar con las provincias, dueñas originarias de esos recursos, para facilitar la llegada de empresas estadounidenses.

El canciller Pablo Quirno aseguró entonces que China podrá seguir invirtiendo. El acuerdo firmado con Washington, sin embargo, ya ordenó las preferencias: el litio entró en la negociación como prenda de lealtad, y la Argentina resignó de antemano la posibilidad de usar la competencia entre los dos polos para mejorar sus condiciones. Mientras China invierte en fábricas y energía en toda la región, la Argentina le promete a Washington la prioridad sobre el recurso más codiciado de la transición energética.

En Camaçari, Bahía, el complejo que Ford cerró en 2021 tras miles de despidos ensambla hoy autos eléctricos de BYD, y en Iracemápolis, San Pablo, Great Wall Motor produce en la planta que Mercedes-Benz había abandonado un año antes. Esas fábricas van a seguir ahí después del 25 de octubre, gane quien gane, con sus turnos, sus proveedores y sus impuestos, porque la ideología cambia al ritmo de los calendarios electorales y una estructura productiva se mide en décadas.

Pragmatismo vecino, anomalía argentina

Esa interdependencia explica el pragmatismo que mostraron gobiernos de signo muy distinto. Brasil, bajo Jair Bolsonaro, licitó su red 5G en 2021 sin excluir a Huawei pese a la presión de Washington. Uruguay, con Luis Lacalle Pou, buscó un tratado de libre comercio con Beijing. Chile mantuvo a China como su primer socio comercial durante los gobiernos de Sebastián Piñera y con Gabriel Boric. Cuando están en juego inversiones, infraestructura o empleo industrial, los intereses nacionales le ponen un límite al alineamiento ideológico.

La Argentina eligió el camino inverso. Su gobierno adhirió al Escudo de las Américas, ató la política exterior a la afinidad con Trump y convirtió la relación con Brasil, su principal socio comercial, en un frente de campaña. En junio, Milei recibió a Flávio Bolsonaro en Olivos; en julio subió al escenario de la convención del Partido Liberal en San Pablo y llamó «presidiario» a Lula, y Itamaraty convocó a consultas a su embajador en Buenos Aires.

Washington y Beijing compiten con dureza y, al mismo tiempo, negocian entre sí cada vez que sus intereses lo exigen. Las potencias se disputan mercados sin regalarse ninguno; el país que elige el alineamiento automático, en cambio, regala su propia capacidad de negociación y queda atado a los vaivenes internos de su aliado. Las elecciones legislativas del 3 de noviembre pueden redistribuir el poder en Washington en menos de un mes. Si Lula gana el balotaje, la Argentina tendrá que negociar con su principal socio después de haber hecho campaña en su contra; si gana Flávio Bolsonaro, habrá sumado un aliado ideológico a un vínculo que seguirá dependiendo de autos, granos y energía.

La autonomía se construye

La versión actualizada de la Doctrina Monroe tropieza con un límite estructural: América Latina dejó atrás la arquitectura internacional de la Guerra Fría. La presencia económica china, los vínculos con la Unión Europea y el peso creciente de los BRICS encarecen cualquier intento de reconstruir un hemisferio cerrado. El punto débil está adentro. Entre 2018 y 2019, seis gobiernos alineados con Washington, entre ellos los de Mauricio Macri y Jair Bolsonaro, abandonaron la UNASUR. Ecuador reclamó el edificio de su sede en Quito y la derecha regional fundó en su lugar el Prosur, un foro a su medida. Lula convocó en Brasilia a relanzarla y no lo consiguió, y la CELAC sigue sin capacidad de decisión. Así, cada país llega solo a negociar con las potencias, y en esa soledad Washington arma sus coaliciones a medida.

La Argentina había sido invitada a ingresar a los BRICS a partir de enero de 2024, y el gobierno de Milei rechazó la invitación por carta a fines de diciembre de 2023. Brasil, en cambio, presidió el bloque durante 2025 y fue anfitrión de su cumbre en Río de Janeiro. Entre una decisión y la otra hay dos proyectos de inserción en el mundo: uno se suma a los espacios que amplían el margen de negociación, el otro renuncia a ellos para demostrar lealtad.

La soberanía del siglo XXI se construye con capacidad estatal, política industrial propia y alianzas diversificadas, y con la habilidad de relacionarse con todos los polos de poder a partir de los intereses nacionales, por encima de las simpatías del turno. En un mundo donde las potencias compiten y negocian a la vez, el desafío de la región consiste en definir sus propios intereses y dejar de ser el escenario de disputas ajenas. El 25 de octubre, en Brasil, se vota también una parte de esa respuesta. La Argentina, mientras tanto, ya jugó la suya: hizo campaña en San Pablo, firmó la prioridad estadounidense sobre su litio, rechazó los BRICS y llega a ese domingo con su política exterior apostada a un solo resultado.

*Periodista. Máster en Bioética Internacional. Especializada en «Bioética y Derechos Humanos en América Latina» (UBA). Formada en geopolítica en CLACSOPor María Fernanda de la Quintana*, Resumen Latinoamericano, 08 de octubre 2026.

Flávio Bolsonaro terminó primero por menos de dos puntos y el balotaje del 25 de octubre se juega también en Washington. Detrás del voto brasileño avanza una versión actualizada de la Doctrina Monroe.

El triunfo de Flávio Bolsonaro en primera vuelta, hijo del expresidente condenado por la trama golpista de 2022, llega al final de un año en el que Brasil fue sometido a aranceles, a una investigación comercial contra su sistema de pagos y a presiones sobre su Supremo Tribunal Federal, y en el que el presidente argentino viajó a San Pablo a hacer campaña por el candidato de la ultraderecha. Leído en conjunto, el domingo brasileño muestra el funcionamiento de una estrategia hemisférica con objetivos, instrumentos y aliados propios.

Monroe con nuevas herramientas

La Estrategia de Seguridad Nacional que la Casa Blanca publicó a fines de 2025 fijó como objetivo reducir la influencia china en América Latina y volvió a tratar al hemisferio como perímetro propio. En marzo de este año, en un club de golf de Doral, Florida, Donald Trump presentó el Escudo de las Américas, una coalición de gobiernos afines que hoy reúne a casi una veintena de países y que suma a la cooperación militar contra el narcotráfico un propósito explícito: contener la presencia de Beijing en la región.

La disputa se libra ahora sobre puertos, redes 5G, cables submarinos, sistemas de pagos, autos eléctricos y litio, y los instrumentos acompañan ese desplazamiento: aranceles, revocación de visas, investigaciones comerciales, presión sobre calificadoras y sobre tribunales. Chile lo comprobó cuando Washington retiró las visas a tres funcionarios del gobierno de Gabriel Boric que habían intervenido en el trámite de un cable submarino chino entre Hong Kong y la costa de Valparaíso.

Brasil funcionó como laboratorio. En julio de 2025, Trump anunció por carta un arancel del 50% sobre las exportaciones brasileñas y lo justificó, entre otras razones, por el trato que la justicia daba a Jair Bolsonaro. Consultado por CNN sobre si existía una razón de seguridad nacional, respondió sin rodeos: «Queremos aranceles y queremos que el dinero entre a Estados Unidos«. Ese mismo mes, la Oficina del Representante Comercial abrió una investigación que puso en la mira al Pix, el sistema de pagos instantáneos gratuito creado por el Banco Central y usado a diario por millones de brasileños; un año después, la investigación terminó en un nuevo arancel del 25%.

Washington invocó prácticas desleales contra un país con el que acumula más de quince años de superávit en el comercio de bienes, y que solo en 2025 le dejó más de 14.000 millones de dólares a favor, según su propia Oficina de Análisis Económico. La deslealtad que se castiga lleva, entonces, otra cuenta: se anota en las sentencias del Supremo Tribunal Federal y se cobra en la aduana.

El shock como forma de gobierno

Atribuir el avance de las derechas únicamente a la injerencia externa o a las redes deja afuera una parte del problema. Las demandas eran reales, y la derecha las capitalizó con una operación de miedo que no resuelve nada: convierte la inseguridad en mano dura, la inflación en ajuste y la migración en muro. La Argentina cerro el 2023 con una inflación anual del 211%, según el INDEC, y sobre ese malestar acumulado Javier Milei construyó su victoria. La autocrítica es necesaria, pero no alcanza: el problema no fue solo la inflación, sino la ausencia de un relato que compitiera con el miedo.
Sobre ese terreno prospera la política del shock. En sociedades fragmentadas por algoritmos, mantener encendida la percepción de crisis rinde más que construir orden institucional, porque una narrativa de fraude se instala en horas mientras una política pública necesita años para mostrar resultados.

Fernando Cerimedo muestra cómo opera ese circuito. Cuatro días después de la derrota de Jair Bolsonaro en 2022, el consultor argentino transmitió desde Buenos Aires, por el canal de su sitio La Derecha Diario, un supuesto informe de fraude que el Partido Liberal usó para pedir la anulación del balotaje brasileño. Después trabajó para las campañas de Milei y de Rodrigo Paz, cuyos gobiernos se sentaron en marzo a la mesa de Trump en Doral. Hoy está preso en Bolivia, y en los allanamientos, según informó el fiscal, apareció una minigranja de bots. La guerra híbrida que acompaña a los aranceles y a la presión sobre los tribunales tiene operadores con nombre y apellido, y Cerimedo es uno de ellos.

Los recursos que se van y las fábricas que quedan

La presión se concentra en lo que va a demandar la transición energética: litio, cobre, tierras raras, infraestructura de telecomunicaciones. A esa pérdida material se suma otra, igual de grave y menos visible: los datos de millones de ciudadanos que alimentan plataformas extranjeras, un debate público moldeado desde servidores ajenos y la emigración de científicos y técnicos formados con presupuesto público. La región exporta así los activos que van a definir el siglo y se queda con los costos.

En el norte argentino, esa disputa tiene nombre propio. Los salares de Salta, Jujuy y Catamarca forman parte del Triángulo del Litio, y la Argentina es el segundo país con mayores recursos de litio del mundo. Allí ya producen empresas chinas, junto a capitales de otros orígenes. En febrero, el acuerdo firmado con Washington dejó por escrito la intención argentina de priorizar a Estados Unidos en litio, cobre y otros minerales críticos por encima de «las economías o empresas que manipulan el mercado», una fórmula que apunta a Beijing. También comprometió al Gobierno nacional a colaborar con las provincias, dueñas originarias de esos recursos, para facilitar la llegada de empresas estadounidenses.

El canciller Pablo Quirno aseguró entonces que China podrá seguir invirtiendo. El acuerdo firmado con Washington, sin embargo, ya ordenó las preferencias: el litio entró en la negociación como prenda de lealtad, y la Argentina resignó de antemano la posibilidad de usar la competencia entre los dos polos para mejorar sus condiciones. Mientras China invierte en fábricas y energía en toda la región, la Argentina le promete a Washington la prioridad sobre el recurso más codiciado de la transición energética.

En Camaçari, Bahía, el complejo que Ford cerró en 2021 tras miles de despidos ensambla hoy autos eléctricos de BYD, y en Iracemápolis, San Pablo, Great Wall Motor produce en la planta que Mercedes-Benz había abandonado un año antes. Esas fábricas van a seguir ahí después del 25 de octubre, gane quien gane, con sus turnos, sus proveedores y sus impuestos, porque la ideología cambia al ritmo de los calendarios electorales y una estructura productiva se mide en décadas.

Pragmatismo vecino, anomalía argentina

Esa interdependencia explica el pragmatismo que mostraron gobiernos de signo muy distinto. Brasil, bajo Jair Bolsonaro, licitó su red 5G en 2021 sin excluir a Huawei pese a la presión de Washington. Uruguay, con Luis Lacalle Pou, buscó un tratado de libre comercio con Beijing. Chile mantuvo a China como su primer socio comercial durante los gobiernos de Sebastián Piñera y con Gabriel Boric. Cuando están en juego inversiones, infraestructura o empleo industrial, los intereses nacionales le ponen un límite al alineamiento ideológico.

La Argentina eligió el camino inverso. Su gobierno adhirió al Escudo de las Américas, ató la política exterior a la afinidad con Trump y convirtió la relación con Brasil, su principal socio comercial, en un frente de campaña. En junio, Milei recibió a Flávio Bolsonaro en Olivos; en julio subió al escenario de la convención del Partido Liberal en San Pablo y llamó «presidiario» a Lula, y Itamaraty convocó a consultas a su embajador en Buenos Aires.

Washington y Beijing compiten con dureza y, al mismo tiempo, negocian entre sí cada vez que sus intereses lo exigen. Las potencias se disputan mercados sin regalarse ninguno; el país que elige el alineamiento automático, en cambio, regala su propia capacidad de negociación y queda atado a los vaivenes internos de su aliado. Las elecciones legislativas del 3 de noviembre pueden redistribuir el poder en Washington en menos de un mes. Si Lula gana el balotaje, la Argentina tendrá que negociar con su principal socio después de haber hecho campaña en su contra; si gana Flávio Bolsonaro, habrá sumado un aliado ideológico a un vínculo que seguirá dependiendo de autos, granos y energía.

La autonomía se construye

La versión actualizada de la Doctrina Monroe tropieza con un límite estructural: América Latina dejó atrás la arquitectura internacional de la Guerra Fría. La presencia económica china, los vínculos con la Unión Europea y el peso creciente de los BRICS encarecen cualquier intento de reconstruir un hemisferio cerrado. El punto débil está adentro. Entre 2018 y 2019, seis gobiernos alineados con Washington, entre ellos los de Mauricio Macri y Jair Bolsonaro, abandonaron la UNASUR. Ecuador reclamó el edificio de su sede en Quito y la derecha regional fundó en su lugar el Prosur, un foro a su medida. Lula convocó en Brasilia a relanzarla y no lo consiguió, y la CELAC sigue sin capacidad de decisión. Así, cada país llega solo a negociar con las potencias, y en esa soledad Washington arma sus coaliciones a medida.

La Argentina había sido invitada a ingresar a los BRICS a partir de enero de 2024, y el gobierno de Milei rechazó la invitación por carta a fines de diciembre de 2023. Brasil, en cambio, presidió el bloque durante 2025 y fue anfitrión de su cumbre en Río de Janeiro. Entre una decisión y la otra hay dos proyectos de inserción en el mundo: uno se suma a los espacios que amplían el margen de negociación, el otro renuncia a ellos para demostrar lealtad.

La soberanía del siglo XXI se construye con capacidad estatal, política industrial propia y alianzas diversificadas, y con la habilidad de relacionarse con todos los polos de poder a partir de los intereses nacionales, por encima de las simpatías del turno. En un mundo donde las potencias compiten y negocian a la vez, el desafío de la región consiste en definir sus propios intereses y dejar de ser el escenario de disputas ajenas. El 25 de octubre, en Brasil, se vota también una parte de esa respuesta. La Argentina, mientras tanto, ya jugó la suya: hizo campaña en San Pablo, firmó la prioridad estadounidense sobre su litio, rechazó los BRICS y llega a ese domingo con su política exterior apostada a un solo resultado./Resumen Latinoamericano

*Periodista. Máster en Bioética Internacional. Especializada en «Bioética y Derechos Humanos en América Latina» (UBA). Formada en geopolítica en CLACSO

Elecciones Brasil 2026, una batalla contra el imperialismo.

Por: Vladimir Castillo Soto

Las amplias elecciones que el próximo 4 de octubre tendrán lugar en Brasil, en las que se
elegirán presidente, gobernadores y legisladores, son de importancia estratégica para
nuestra Abya Yala y para todo el globo terráqueo. Brasil es el 5to país más extenso, está
entre las 10 economías más grandes y demográficamente ocupa el séptimo lugar en el
mundo.

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Desafíos para la campaña electoral de Lula

Por: Frei Betto*

El hecho de que Flávio Bolsonaro empate con Lula en las encuestas no refleja una supuesta «derechización» de la sociedad brasileña. Las causas de este escenario son mucho más complejas que suponer que la mitad del electorado ha abrazado el bolsonarismo.

La elección presidencial de 2026 nació ya en un formato altamente polarizado. Los candidatos de centro o de la “tercera vía” no encontraron espacio para sobrevivir, y la disputa se desarrolla, en la práctica, entre Lula y Flávio. Una encuesta de Datafolha de abril mostraba que, ya fuera contra Flávio, Romeu Zema o Ronaldo Caiado, Luiz Inacio Lula da Silva empataría técnicamente. Sin embargo, posteriormente, la dispersión interna del campo de la derecha comenzó a disiparse: candidatos como Ronaldo Caiado, Romeu Zema y Augusto Cury vieron reducirse sus intenciones de voto, y esos sufragios migraron casi en su totalidad hacia Flávio Bolsonaro.

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Brasil. Lula congrega a una multitud en Recife y asegura que los salarios tendrán aumentos reales durante su gobierno.

Denunció que sus adversarios habían transformado a Vorcaro en banquero y creado una banda para robar el INSS (Instituto Nacional de la Seguridad Social de Brasil). «Arrestamos a la banda y al banquero», declaró Lula.

El presidente Lula congregó a una multitud en Recife (PE) el viernes por la mañana (25) y garantizó que, en su cuarto mandato, los trabajadores obtendrán ganancias reales y denunció que los opositores quieren congelar nuevamente el salario mínimo.

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Cerimedo por Cerimedo: Cuba, Marco Rubio y un discurso que cruza fronteras

Por: Observatorio de Medios de Cubadebate

El 3 de septiembre de 2025, Fernando Cerimedo respondió a otros usuarios de X: «Es falso eso. Ya lo aclaró mi amigo @SecRubio» (2025-09-03, registro 40). Tres meses después escribió: «Estoy listo @SecRubio» (2025-12-14, registro 52). Entre ambas intervenciones hay una continuidad: el nombre del político estadounidense aparece como autoridad a la que recurrir y como destinatario de una declaración de disponibilidad. La expresión «mi amigo» añade una afirmación de cercanía personal.

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