La estabilidad del mundo en juego. ¿Es posible una nueva guerra a gran escala en Irán?

Por: Sergio Rodríguez Gelfeinstein

Algunas transnacionales de la desinformación vienen hablando con insistencia de los
preparativos de Estados Unidos para un escalamiento del conflicto en Asia Occidental
y una nueva guerra con Irán. Dando por cierto el hecho, las agencias difieren en
cuanto a si el mismo se producirá durante la última semana de octubre (previo a las
elecciones de Israel) o a finales de mes y comienzos de noviembre (antes de los
comicios de Estados Unidos). En ambos casos, el análisis surge de la idea de que
agotados todos los recursos para derrotar a Irán en el marco de la “racionalidad” de
la guerra, Washington y Tel Aviv solo pueden recurrir a una respuesta que incluso
podría incluir el uso táctico del arma nuclear para impedir una debacle electoral que
saque de circulación al sionista y deje altamente debilitado al estadounidense.


En este marco, vale preguntarse si es posible una nueva guerra a gran escala en Irán,
cuando lo que está en juego es la estabilidad política, económica y social de Estados
Unidos en primera instancia, pero también de todo el planeta, si se tiene una mirada
más abarcadora del problema sobre todo cuando la potencia hegemónica manifiesta
vulnerabilidades y condiciones precarias de existencia que son posibles de ocultar solo
por el aplastante control que posee sobre el aparato comunicacional, cultural y
mediático.
Varias condicionantes vienen a ponerse en el tapete para hacer un análisis correcto
del asunto, la primera y más importante emerge del examen de la situación energética
que está íntimamente relacionada con el segundo factor, el económico-financiero en el
momento en que se ha producido un alza vertiginosa de los precios de los combustibles
perjudicando a los productores de Estados Unidos y Europa, particularmente en el
área agropecuaria. La escalada del conflicto en Asia Occidental y la continua
prohibición de exportaciones rusas de energía han provocado un aumento del 10% en
los precios del diésel en menos de una semana. Todo ello amenaza con una nueva ola de
inflación antes de las elecciones del 3 de noviembre en Estados Unidos.
Las presiones sobre los precios de los alimentos están acumulándose, provocando
nuevas alzas que golpean a los ciudadanos (electores) en Estados Unidos. El
incremento del costo de los cereales, fertilizantes y combustibles coincide con
condiciones meteorológicas adversas y conflictos que afectan las cadenas mundiales
de suministro. Todo ello ha afectado o afectará los precios de los insumos esenciales

para producir y transportar una amplia variedad de alimentos, lo que aumenta el riesgo
de que las subidas se extiendan.
Entre los principales factores desencadenantes de esta situación aparecen los
conflictos en Irán y Ucrania. Como se dijo antes, este escenario afecta también el
valor de los fertilizantes. El conflicto con Irán ha alterado su suministro y encarecido
los precios, debido a que una parte importante del comercio mundial de estos insumos
atraviesa el estrecho de Ormuz, una ruta estratégica para el transporte internacional
de mercancías y energía.
Al mismo tiempo, el maíz y el trigo alcanzaron esta semana sus precios más elevados
en tres años. Las malas condiciones meteorológicas perjudicaron el rendimiento de los
cultivos de maíz, mientras que el conflicto en Ucrania continúa generando
perturbaciones en las exportaciones de trigo.
El impacto podría trasladarse a numerosos productos. El trigo es un ingrediente
fundamental de alimentos de consumo cotidiano, mientras que el maíz se utiliza
ampliamente para alimentar tanto a seres humanos como animales. Por ese motivo, un
incremento sostenido de sus precios puede terminar presionando también el costo de
la carne, los productos lácteos y los huevos.
El precio medio nacional del diésel en Estados Unidos subió a 6,49 dólares por galón,
este 19 de septiembre frente a los 5,37 dólares de hace un mes, mientras que hace un
año el combustible costaba 3,71 dólares y 3,81 dólares antes de la guerra, según la
Administración de Información Energética de ese país. Esta cifra supera el récord
anterior de 5,82 dólares registrado en junio del 2022. Los agricultores también
señalan el impacto de las guerras comerciales de Trump, que han perjudicado las
exportaciones agrícolas estadounidenses, especialmente las ventas de soya a China.
Los precios del diésel en el país norteamericano son ahora más de un 60% superiores a
los que tenían antes del ataque de Washington y Tel Aviv contra Irán a finales de
febrero de este año. Los precios subieron rápidamente a medida que el coste del
petróleo crudo —el principal ingrediente de los combustibles refinados como el diésel
y la gasolina— se disparó en medio de las interrupciones en la cadena de suministro en
toda el Asia Occidental, especialmente debido a la congestión del tráfico de buques
cisterna en el estratégico estrecho de Ormuz.
A medida que suben los precios del diésel, también aumenta en Estados Unidos el
costo del transporte de productos básicos de uso diario, como los alimentos, ya que

gran parte de la red nacional de transporte de mercancías y reparto funciona con
diésel. Además, se trata del combustible que alimenta la maquinaria pesada y sustenta
sectores clave de la economía industrial, por lo que los aumentos repentinos de precios
pueden propagarse rápidamente desde los mercados energéticos hasta los costos
empresariales, la inflación y, en última instancia, las carteras de los inversores.
El mundo consume diariamente 29 millones de barriles de diésel, de ellos, entre 66 y
70 % se utiliza para el transporte por carretera, entre un 10% y un 14% el sector
industrial y de maquinaria pesada, 6 a 8% el sector agropecuario y forestal y 5 a 6% el
transporte marítimo y ferroviario.
El tercer factor para considerar como probable desencadenante de una escalada
bélica es el militar. Estados Unidos ha utilizado o agotado durante el reciente
conflicto con Irán cerca del 80% de sus interceptores del Sistema THAAD, usados
como defensa contra misiles balísticos que vuelan a alturas elevadas dejando las
existencias en mínimos históricos. Informes previos de referencia estimaban un
inventario total de alrededor de 625 misiles de este tipo. Vale decir que Estados
Unidos produce actualmente unos 8 misiles interceptores THAAD al mes (96 unidades
al año), aunque el gobierno planea elevar esa cifra a cerca de 33 misiles mensuales
(400 unidades anuales) tras un acuerdo con la empresa fabricante, no obstante esto
solo es posible en el mediano plazo. Los planes son conseguir esta meta en unos siete
años, es decir para 2032 o 2033.
En el caso del Sistema Patriot, las fuerzas estadounidenses han consumido
aproximadamente entre el 50% y el 60% de estos interceptores esenciales para la
defensa aérea de corto y mediano alcance. Finalmente la Armada ha mermado de
manera significativa su inventario, al gastar cerca de la mitad de sus reservas de
misiles de crucero Tomahawk ocupados para el ataque terrestre.
Es importante que la relación de interceptores que se debe utilizar para
contrarrestar la acción de un misil enemigo es de 6:1 es decir por cada 100 misiles de
ataque, se deben utilizar 600 para garantizar una intercepción segura.
Esto es lo que explica que Washington haya debido suspender el envío de este tipo de
armamento fundamental para Ucrania. Así mismo, tuvo que tomar la decisión extrema
de retirar este armamento de sus bases a lo largo y ancho del planeta, especialmente
de Japón, Corea y Europa dejando estas instalaciones y con ello a los países que las
albergan, totalmente desguarnecidas.

Lo que no dicen ni Trump ni Hegseth pero si lo saben los miembros del alto mando
militar de Estados Unidos es que para garantizar la defensa de su territorio
continental (frente a misiles balísticos intercontinentales o ICBM) Estados Unidos
solo cuenta con 44 misiles interceptores terrestres que forman parte del sistema
estratégico “Defensa de Medio Trayecto en Tierra (GMD)”, el único diseñado
exclusivamente para proteger a los 50 estados y a Canadá de amenazas nucleares de
largo alcance.
Estos 44 interceptores balísticos se encuentran desplegados en dos bases
estratégicas: Fort Greely (Alaska) que alberga 40 interceptores en prevención de
ataques potencialmente provenientes de Rusia o de Corea que utilicen rutas polares de
vuelo. Además, en la Base de la Fuerza Espacial Vandenberg (California) están los 4
interceptores restantes.
Aunque el GMD es el escudo principal para el suelo continental, el Pentágono dispone
de otros sistemas complementarios de defensa aérea e intermedia. No obstante, la
mayoría de sus inventarios globales se han visto reducidos considerablemente debido
a los despliegues y los gastos en teatros de operaciones extranjeros recientes (como
los de Irán, Ucrania y Yemen).
En comparación, Rusia posee aproximadamente 4.400 ojivas asignadas para fuerzas
estratégicas de largo alcance y fuerzas tácticas de menor alcance. De ellas 1.700 a
1.800 están desplegadas (con plena disposición combativa), montadas en misiles
balísticos intercontinentales y bases de bombarderos pesados.
Por su parte, Irán posee más de 1.000 misiles en su arsenal, principalmente de
mediano y corto alcance, aunque su producción se ha incrementado en los últimos
meses. Los Fateh-110 y el Zolfaghar (con alcances entre 300 y 750 km. tienen
carácter táctico mientras que los misiles balísticos de mediano alcance (MRBM) como
el Shahab-3, Ghadr-110 y el Sejjil-2 (con alcances de entre 1.300 y 2.000 km) son
capaces de alcanzar objetivos en Asia Occidental e Israel.
Precisamente hoy, 7 de octubre, el portavoz del Ministerio de Defensa de Irán,
general de brigada Reza Talaei, confirmó que la capacidad de producción de armas y
equipos de defensa es 2,5 veces mayor en comparación con niveles previos a la
agresión estadounidense-israelí del 28 de febrero de 2026. Talaei agregó que el
Ministerio de Defensa cuenta con capacidad para producir más de mil tipos de
sistemas, armas, equipos y municiones, señalando que el volumen total de producción
también ha aumentado. El portavoz militar aseguró que “la cooperación en materia de

defensa entre Irán, Rusia y China no ha cesado ni disminuido; por el contrario, se ha
fortalecido en ciertas áreas”.
En otro ámbito, la doctrina militar iraní de defensa en mosaico que descentraliza las
operaciones de la Guardia Revolucionaria Islámica fue diseñada para garantizar la
continuidad operativa incluso si se destruye el mando central. Así, la defensa del país
está estructurada a partir de 31 mandos provinciales semiautónomos (uno en Teherán
y 30 en las diferentes provincias) que garantizan la autosuficiencia de modo tal que
cada nodo provincial almacena sus propias reservas de munición, combustible,
suministros médicos y sistemas de armas. En esta lógica, si un líder o dirigente de alto
rango muere o es martirizado, los oficiales locales inferiores asumen el control de
inmediato sin esperar autorizaciones desde la capital. Esta doctrina mostró su
eficiencia en los recientes enfrentamientos cuando los ataques de Estados Unidos e
Israel que produjeron la eliminación de altos cargos políticos y militares (incluyendo al
Gran Líder), no paralizaron la capacidad de respuesta del país.
No hay ninguna posibilidad de éxito en una guerra frontal de Estados Unidos e Israel
contra Irán, esto es extensible a la operación militar especial de Rusia en Ucrania. Lo
único que le queda es una negociación que le conceda a Estados Unidos y a Occidente
una “salida” honrosa que le permita la sobrevivencia estratégica en un mundo en el que
necesariamente tendrá que buscar el equilibrio con China y Rusia tal como lo vaticinó
Henry Kissinger en 2016.
Finalmente, es necesario considerar el factor político en el que la situación interna de
Estados Unidos parecería intervenir como un espectro en la toma de decisiones. Esto
es parcialmente cierto, por supuesto que el resultado electoral de noviembre influirá
en la situación internacional, pero en términos estratégicos, variables más, variables
menos; prioridades más, prioridades menos, el carácter imperialista del sistema
político de Estados Unidos hace inalterable su decisión de intervenir, atacar,
chantajear y amenazar como formas de hacer política.
Esto ha demostrado ser inútil, ya no solo con Rusia y China, también con Irán, Yemen y
la República Popular Democrática de Corea. Además, las guerras recientes han tenido
mayor efecto depredador en Occidente que en Irán o Yemen, toda vez que se
enfrentan dos filosofías en pugna: austeridad vs. consumismo, amor a Dios vs. terror a
Dios y la muerte como premio vs. la muerte como castigo. Los sacrificios que hacen los
pueblos de Irán y del Eje de la Resistencia son a favor del bien común que emerge del
apego al territorio, a los sentidos de Patria y Nación y una acendrada fe religiosa que

choca con el uso de mercenarios y soldados que ni siquiera saben por qué combaten en
lugares tan alejados de sus países.
Muchos de los soldados sionistas, guardan en los bolsillos sus pasaportes alemanes,
argentinos, estadounidenses o polacos que utilizan para huir de Israel tan pronto
termina su tiempo de conscripción obligatoria. Los palestinos, y los otros pueblos de la
región permanecen ahí, apegados a la tierra de sus ancestros que defenderán como
ellos lo hicieron en el pasado.
Los pueblos del Asia Occidental están acostumbrados al sacrificio, los occidentales ni
siquiera aceptan que se les “golpee el bolsillo” porque reaccionan. No hay una fuerza
moral que los anime al combate. Su derrota será inevitable. En estas condiciones,
¿tomarán los líderes de Israel y Estados Unidos una decisión soberbia y emocional que
aunque los podría llevar a una inmediata sobrevivencia política personal, también
conduciría al inevitable suicidio de sus países? Saque Usted mismo apreciado lector,
sus propias conclusiones.


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