JUAN MANUEL SANTOS Y LOS PROSTÍBULOS DE CARTAGENA DE INDIAS.

Mauricio Pabón Lozano.

(Pertenece a los documentos, países y personajes)

A Juan Manuel santos; como todos los señores del Norte de Bogotá, lo vuelve loco una prostituta. Bueno, no todos los señores.

Yo lo conocí una tarde en Cartagena de Indias. Cuando Juan Manuel aun fumaba marihuana y olía cocaína. Era un flaco bogotano, siempre con mucho en los bolsillos, siempre con un número telefónico en la billetera, para solicitar dinero. Tenía una capacidad descomunal para dedicarnos la borrachera que le producía la vara, pero, cuando se le bajaba la locura de la marihuana; seguía siendo en mismo idiota con plata.

Muchos se sorprenden que llegara a ser presidente. Por favor, seamos honestos: ¿quien ha dicho que para ser presidente en Colombia el individuo tiene que ser inteligente? ¿No fue presidente Andrés Pastrana? ¿No fue presidente Turbay? En el caso de los vice, ¿no fue Francisco? Era natural que ahora el turno pertenezca a Juan Manuel. Sin embargo ¿de dónde salió este señor? ¿Por qué razón Juan Manuel no se considera colombiano? ¿De dónde viene su capricho de ser inglés? ¿Por qué cuando era estudiante en la escuela de cadetes de Cartagena obligó a su padre para que echaran a patadas a un oficial que Juan Manuel odiaba? ¿Por qué nos ha tocado este inglesito de presidente? ¿Por qué este ciudadano de pacotilla llegó a ser presidente? ¿Es real la tesis que plantea que esa letrina que es el periódico EL TIEMPO, periódico arrogante y prepotente, forma presidentes? En honor a la verdad; Juan Manuel sale de esa familia de parásitos que son los Santos. Nunca en su larga vida de vago se ha ganado un desayuno con su propio esfuerzo. No tiene un solo día de su vida que no haya vivido del tesoro público; en su larga existencia de mantenido: desde su vida en Londres y New York y su vida de Berga loca en Cartagena de Indias.

Él no se considera colombiano, porque una vez en el barrio Sain Germail de París, una inglesa de unos senos mayúsculos le dijo que él podía hacer lo que quisiera; pero que jamás dejaría de ser indio. Ese día se encerró en un cuarto a fumarse medio kilo de marihuana y nadie sabe cuanta cocaína olió.

Por ello en su fuero interno siente rabia de ser colombiano. Si esto es falso, que lo diga los que lo conocieron en Londres y por qué evitaba reunirse con colombianos y por qué muchas veces dijo que había nacido en Londres, pero que lo habían llevado de dos años a Bogotá.

Así que no se extrañen por qué siente desprecio por Colombia, y por este continente.

Sus días de estudiante en Cartagena no resultaron menos tristes. Daba órdenes, gritaba a sus compañeros y una vez se agarró a trompadas con Ricardo Palmera, que a la sazón estudiaba en la misma escuela.

Se burlaba de los oficiales, hasta que un día dio con un oficial de Santander del Sur; oficial con un espíritu patrio que inspiraba respeto, y lo sentó de nalgas y le dijo que él podía pertenecer a una de las familias mas poderosas del país, pero que dentro de la escuela tenía que someterse a la disciplina y dejar por completo de fumar marihuana en los baños. Fue cuando el inglesito llamó a los Santos en Bogotá y dijo que si no cambiaban a ese “hijo de puta” oficial y le daban delante de él un castigo ejemplar, él mismo, la esperanza de los Santos, se perdería en el vicio, dejaría de estudiar y se arrojaría a las calles, como un vulgar recoge latas. Ante esta presión burda; el viejo Santos llamó al alto mando oficial, y a las tres semanas destituyeron al honorable caballero de Santander del Sur.

De este modo ha operado toda su vergonzosa vida.

Este es el presidente que nos hacía falta.

El muchacho de cuarenta años que se apropió de secretos de Estado para comprar finca en los llanos donde su subsuelo está lleno de petróleo.

El muchacho juguetón de Wall Street.

El coqueto muchacho de Castillo Grande y El Laguito.

El ricachón que se baña sin ropa en la piscina del Cartagena Hilton, con las muchachas de Boca Grande y las de la casa de Amaranta Iguarán, donde compartió noches con Obregón y Juan, el de San Bernardo del Viento.

El tecnócrata que pasará a la historia nacional, como un muñeco más de quien sabemos.

Era cierto, EL TIEMPO sabe formar jefes y gobernadores de gobiernos libres asociados.