Por Juan Gaudenzi

Casi todos sabemos que la historia oficial; la confeccionada a pedido y a la medida de los conquistadores, las oligarquías y las dictaduras en América Latina; la que continua enseñándose en las escuelas y funciona como uno de los principales instrumentos ideológicos del sistema de dominación, es una gran mentira de principio a fin.
¿Cuántos gobernantes se han preocupado por rechazarla y corregirla?
En la Republica Argentina, por ejemplo, ¿a alguno se le ocurrió plantear como una cuestión de Estado el esclarecimiento de la muerte de Mariano Moreno, un autentico revolucionario en medio de tantos conservadores y oportunistas que en 1810 trataron de aprovechar en beneficio propio la caída de la Corona española?
Y, en épocas mas recientes, ¿los “accidentes” que le costaron la vida a Jaime Roldos, en Ecuador, y Omar Torrijo, en Panamá?
Por primera vez en nuestra región un mandatario se ha interesado por establecer la verdad (de la muerte del Libertador Simón Bolivar) y en los Estados Unido, en lugar de considerar esa actitud como un ejemplo a seguir para terminar con la fábula oficial sobre el asesinato de John F. Kennedy, el principal medio de la prensa escrita -“The New York Times”- que siempre se ha vanagloriado de su objetividad (la búsqueda de la verdad), acaba de denostarla, en un ejercicio de torpeza y manipulación periodística digno de los medios tradicionales al sur del río Grande.
Comienza presentando la exhumación como un acto casi clandestino (“…casi todo el país estaba dormido”), pero como la intención es difundir la idea de un pueblo distanciado de su presidente, necesitaba que no estuviese tan dormido: “Incluso los venezolanos acostumbrados al teatro político de Chávez estaban sorprendidos por la exhumación de los restos de Bolivar del Panteón Nacional”.
Para tratar de resolver la contradicción entre “casi todo el país dormido” y la sorpresa “incluso de los venezolanos acostumbrados al teatro político de Chávez” (es decir una gran audiencia, porque si se escribe “incluso los acostumbrados”, se esta dando a entender que también había una mayoría de no acostumbrados) no tiene mas remedio que admitir la presencia de cámaras de la televisión estatal, transmitiendo “en vivo y directo”.
Por lo tanto, de clandestino el acto no tuvo nada.
En cuanto a la reacción de la opinión publica “sorpresa” es demasiado débil para el propósito de descrédito y confrontación que se pretende difundir. Entonces, el autor recurre a un “prominente empresario” de 71 años, sobrino tataranieto de Bolivar, y destaca solo una declaración de este. “La exhumación fue uno de los espectáculos mas grotescos que jamás haya visto”.
Este es un ejemplo de los tantos que reclaman la necesidad y urgencia de un periodismo alternativo, independiente, que contrarreste la manipulación de los medios tradicionales.
En este caso el lector debería saber porque el “prominente empresario” lo considera “el espectáculo mas grotesco que jamás haya visto”.¿Le resulta grotesca cualquier exhumación transmitida por TV? ¿Grotesco por tratarse de los restos de su pariente lejano? ¿O grotesco por tratarse de una iniciativa de Chávez? ¿Qué opina el “prominente empresario” de la gestión del mandatario en su conjunto?
Por supuesto que el articulo no se interesa por estas preguntas y, mucho menos, por las respuestas.. Al recuadrar el párrafo “…la exhumación fue un espectáculo grotesco jamás visto”, pretende presentar una declaración individual, cargada de una connotación opositora, como una opinión-síntesis representativa del pensamiento colectivo.
Pero el principal propósito del articulo no es criticar la exhumación en si, sino mostrarla como una cortina de humo o un distractivo “para llevar a segundo plano cuestiones como un escándalo sobre alimentos importados que se echaban a perder en los puertos, el enojo respecto de una economía empantanada en la recesion y la evidencia ofrecida por Colombia que muestra que las guerrillas de ese país acampan en suelo venezolano”.
Así es como trabaja la gran prensa privada de nuestro tiempo. Aunque no tenga nada que ver con el tema principal, se inserta por lo menos un párrafo para atacar a un gobierno.
Y se lo hace de la manera mas irresponsable. ”Escándalo”, “Enojo”(de la población), “Evidencias” (sobre el uso del territorio de un país para agredir a otro), son afirmaciones demasiado graves como para utilizarlas de manera tan superficial y tendenciosa.
Pero son los que mas grabadas quedan en la mediocre conciencia político – social del lector común estadounidense.
No es casual que el autor y la colaboradora de este artículo sean Latinoamericanos, muy probablemente venezolanos. En nuestra región – o dentro de la comunidad latina en los Estados Unidos – medios como “The New York Times” o “CNN en español” encuentran y reclutan los periodistas mas funcionales a los intereses del Imperio que esos medios representan, detrás de una fachada “progresista”.
“Vende-patrias” a cambio de un puñado de dólares siempre los ha habido y los habrá.