Bogotá, Colombia: Gitanos con derechos

Bogotá, Colombia: Gitanos con derechos

Por María Isabel García

Mientras en Bruselas la Comisión Europea estudia las recientes expulsiones de gitanos hacia Rumania y Bulgaria, ocurridas en Francia, en Bogotá, Colombia se reconoce al pueblo Rrom como patrimonio y expresión de la pluralidad cultural y étnica, consagradas en la Constitución.

Ya no se ven las carpas a las afueras de las ciudades como ocurría en Macondo, cuando cada año, por el mes de marzo, llegaba Melquíades con sus inventos y prodigios como los imanes que por un momento hicieron pensar a uno de los José Arcadios de la zaga creada por Gabriel García Márquez, que con ellos podría atraer el oro; ni la lupa inmensa con la que otro de los Buendía creyó empezarían las guerras solares. A pesar de ello, en Colombia siguen siendo bienvenidos los gitanos.

En los barrios bogotanos Puente Aranda, Santa Isabel, El Sol, Galán, Camelia y Ciudad Montes, es frecuente cruzarse con mujeres de traje largo y colorido, a veces con una pañoleta atada de medio lado y grandes candongas. Son gitanas, que habitan como una más en los vecindarios de la capital colombiana, donde se calcula que hay 60 familias gitanas, unas 700 personas, de las 5 mil que se estima residen en todo el país. Cúcuta, en la frontera norte con Venezuela, es la ciudad de mayor concentración de miembros del pueblo Rrom. A los hombres no se les diferencia fácilmente por su vestimenta, generalmente de traje oscuro, aunque sí por sus oficios más característicos: forja en metal y adiestramiento y chalaneo de caballos.

Reconocimiento

“La comunidad gitana es uno de los múltiples grupos humanos que habita en Bogotá y que por medio de sus manifestaciones artísticas corroboran la diversidad del patrimonio cultural intangible de la ciudad”, afirmó, el domingo pasado [29 de agosto de 2010], el Alcalde Mayor de la capital, Samuel Moreno, en medio de una fiesta gitana en la que anunció que, en un próximo encuentro, espera firmar un documento de Política Pública para los Rrom.

Por estos días, el pueblo Rrom de Colombia celebra la expedición del Decreto 2957, el cual les reconoce sus especificidades y aporte “al proceso de conformación de la nacionalidad colombiana y como parte de la riqueza étnica y cultural de la nación,” según Moisés Medrano, Director de Poblaciones del Ministerio de Cultura.

Dalila, excepcional

Bogotana de nacimiento y ciudadana del mundo, Dalila Gómez, quien se define como “rebelde hasta con los gitanos”, es ingeniera industrial con estudios de administración pública. Este hecho es excepcional en su comunidad, marcadamente tradicionalista en cuanto al rol de la mujer, a la que asigna papel preponderante pero en la vida doméstica. Sin embargo, ella es cabeza visible del proceso que desde hace más de una década desencadenó el pueblo Rrom en busca de reconocimiento legal. Ha impulsado y acompañando las gestiones que culminaron, parcialmente, el 6 de agosto de 2010 con la expedición del Decreto que los reconoce como comunidad étnica con identidad, cuya forma de organización social y lengua propia han definido históricamente sus instituciones políticas sociales.

Dalila relata que las estrategias de incidencia política se centraron en hacer más visible a la comunidad, a través de los medios de comunicación y mediante presencia en distintas instancias del Estado y la sociedad.

RN.- ¿Cuáles serían los planes más decisivos a futuro?

D.G.- Lo más importante es concretar las acciones que ya están planteadas desde el punto de vista normativo para transformar realidades negativas y mejorar las condiciones de vida del pueblo Rrom.

RN.- Se estima que en Colombia la comunidad Rrom está integrada por unas cinco mil personas. ¿Dónde se localizan, aún son nómadas?

D.G.- En Colombia tenemos las Kumpanias, grupos patrilineales, familiares, establecidos en barrios de algunas de las grandes ciudades, siendo las que mayor presencia gitana registran Cúcuta, Girón, Barranquilla, Cartagena y Bogotá.

RN.- ¿De cuándo data la presencia gitana en el país?

D.G.- Según los registros del Archivo de Indias, los primeros gitanos llegaron a América en el tercer viaje de Cristóbal Colón. Para fines del siglo XVIII se les llamaba ‘arrochelados’ o ‘llovidos’, y se integraban a esclavos escapados e indígenas que no se sometían a las leyes coloniales. Nuevas olas de inmigrantes se produjeron ya establecida la República y, luego, durante las Primera y Segunda Guerra Mundial. Recientemente, más que llegar, salen gitanos, pues, por el conflicto interno, Colombia no es un país adecuado para que recibir gitanos.

RN.- Son personas de armonía y de paz

D.G.- Somos un pueblo pacífico, no tenemos héroes reconocidos ni odios heredados, lo que se traduce en un gran amor por la vida, y eso hace que tengamos una concepción particular del tiempo y la libertad, diferente a la de la sociedad mayoritaria en los distintos países, donde se legisla para sedentarios y se tienen formas rígidas para el control de la gente, del ser humano.

RN – ¿Cómo ve la persecución de que han sido objeto, recientemente, gitanos en Europa, en Francia?

D.G.- Los gitanos en Europa equivalen a los indígenas en América, porque son discriminados, hay etnocidio, altas tasas de mortalidad infantil, sus niños los llevan a escuelas para discapacitados. Para que un gitano sobresalga en Europa, debe tener más condiciones de lo normal, porque hay mucho racismo. Lo que vemos ahora en Francia, un país supuestamente de libertades que hizo la revolución para promover los derechos de todas las personas, es un retroceso; están demostrando que vuelven al nazismo, como el de la Segunda Guerra Mundial. Por el contrario, en nuestros países, supuestamente tercermundistas, a pesar de nuestros conflictos y problemas, estamos dando un ejemplo de civilización, pues tenemos la voluntad firme de convivir con otros grupos y culturas.

Saludo romaní

Y en señal de hermandad, Dalia, envía un saludo en lengua romaní que, traducida al castellano, reza:

“Saludo y libertad para todos los gitanos del mundo; estamos pasando por un momento de crisis, esperamos que todo se componga, pensamos que más vale la razón del ser humano para buscar el diálogo a través de la palabra, y el valor de la sabiduría. Hay que estar preparados y tratar de demostrarle al mundo que somos seres humanos y merecemos vivir en este planeta”.

Bogotá, D.C., 5 de septiembre 2010

enviado por Hernán Durango

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