Pequeña salutación y emoción a Simón Trinidad El hombre de hierro

Inti Clark

Si parafraseamos el título de la obra de Osvaldo Trejo, También los hombres son ciudades, podemos decir que con esta obra de Jorge Enrique Botero, también los países son un hombre. Texto que orbita sobre la figura de Ricardo Palmera, mejor conocido como Simón Trinidad; con un alcance nacional, histórico y crítico de la Colombia querida.

Los lectores de América Latina hemos ido reconociendo en el periodismo las virtudes y trampas. Pero siempre pareciera que atesoramos las que estremecen a las oligarquías y las que denuncian y resisten como nuestros pueblos pobres. El periodismo colombiano tiene grandes exponentes de rigurosidad, investigación, y sobretodo, buena pluma. Y esto pasa, por el lenguaje más cautivador, sonoro, popular y contagioso del pueblo colombiano. Sin querer ser injustos, sin atrevernos a omitir nombres importantes, diremos que con García Márquez, y ahora el incansable Botero, nos han dado obras que alumbran algunas zonas bien escondidas y nada veraces en el tratamiento por parte de grandes medios colombianos.
Simón Trinidad El hombre de hierro, es el fiel testimonio de la compleja actualidad de una nación. Hecho esto que tiene sus antecedentes y saldos propios de la violencia estadal o bipartidista. Asistimos a la entrada de un hombre de 37 años con sensibilidad social a la guerrilla. Hombre probo, de familia acomodada y economista, que estando sólo militando en una incipiente organización política, civil, es testigo del asesinato y masacre de sus compañeros. Ricardo Palmera, nombre de ese entonces, presencia la muerte de dirigentes de la organización anterior (Nuevo Liberalismo) luego los de la Unión Patriótica (la heroica UP), con una ferocidad e impunidad sólo comparable, quizá, a la de los regímenes de facto.
Fue apresado en Quito. Extraditado a EEUU un 31 de diciembre. Nos imaginamos que el Presidente Uribe quiso darle ese regalo de fin de año a la familia Palmera, todo un detallazo. Y Botero, autor de esta obra, asiste como único testigo permitido por uno de los jueces norteamericanos.
Podemos leer en la defensa de Trinidad, la lealtad a las FARC; la explicación histórica y política de la situación colombiana; el despliegue de testigos en su contra y la fortuna de 10 millones de dólares para preparar el caso por parte del gobierno norteamericano; el arresto de Sonia, otra guerrillera extraditada, que estando presa por el gobierno colombiano fue que conoció el mar; pero principalmente, debemos tener presente que, leeremos las injusticias y violaciones de los Derechos Humanos cometidos por dos gobiernos que hablan de democracia y garantías constitucionales, y cada año, se inventan “planes de seguridad” y “programas para lucha antiterrorista”.
Veremos cómo arrecia el gobierno uribista y cualquier posibilidad o ventanita de resolución de un acuerdo entre los grupos guerrilleros y éste, se cancela y se sabotea.
Los capítulos de esta obra, y a decir verdad toda la obra, tienen el rótulo más humano de la microhistoria que los componen. Así, “Ella no es Lucero”; “Mamando ron no vamos a cambiar este país”; “Dígame cuánto necesita para no volver a trabajar nunca más en la vida”; “El himno de las Farc frente a la Casa Blanca”; “Y Sonia tuvo la dicha de conocer el mar”; son el comentario, la frase o el evento más destacado de los relatos. Pudiéramos decir que son los distintos actores, voces e historias de un país estremecido. Y casi todas estas expresiones tienen su grandeza por la sencillez y el componente humano crucial al que se llega luego de un gran dominio narrativo. El lenguaje de Botero conlleva a una facilidad en la lectura pocas veces sentida en textos tan amplios e históricos. Pudiéramos decir que hay una agilidad lectora, una fluidez discursiva, bien interesante que ni deja de conmover ni de apasionar por el desenlace. Y esto lo agradecemos los lectores. Los que reescribimos y devolvemos el testigo al autor en una simbiosis única.
Siempre girando la obra en Simón Trinidad. Su infancia y juventud, su vida académica y militante de fuerzas y distintos espacios políticos, hasta su entrada al grupo guerrillero a los 37 años de edad, siendo banquero, así como la participación en las mesas de diálogo en El Caguán; como su desgarrador amor con Lucero; esta obra cumple con una investigación. Así como con retos y compromisos, si es que no son la misma cosa. Rememoramos entonces, algunos elementos de este texto como: trascripción de una bitácora o diario de uno de los guerrilleros; capítulos como “Pequeño homenaje a la libreta de apuntes”, de donde trascribe el autor la atmósfera y el ambiente de los juicios en las salas norteamericanas; visitas y entrevistas a líderes guerrilleros, amigos y familiares de Trinidad; detalles de los viajes y agenda de la bella y combativa senadora Piedad Córdoba, que por cierto, en uno de los viajes fue recibida, atendida y movilizada en Washington sólo por la delegación diplomática venezolana encabezada por nuestro embajador Bernardo Álvarez; así como el comentario echo por el hermano de Simón Trinidad a Botero y que apalancó la obra o fue una “señal” para escribirlo: me contó que, meses atrás, se había encontrado con Gabriel García Márquez en el aeropuerto Charles de Gaulle en París, y que al reconocerlo, le había dicho: Si no fuera porque estoy tan jodido me hubiera puesto a escribir la historia de tu hermano.
Hay países que se entrecruzan y duelen. Hay naciones que fueron paridas juntas. Luego, gobiernos y oligarquías las separan y venden al imperialismo como si no sintieran sus pueblos lo inseparable que son. Nacer venciendo al colonialismo español tiene una dignidad y un compromiso: luchar, combatir y no claudicar, así como también, asumir la hermandad como inicio de la unión, o en su defecto, la integración latinoamericana. Actualmente, pilar fundamental de uno de estos países bolivarianos.
Ya en el siglo XX las naciones estrechan lazos y negocios con la naturaleza de ser vecinos. De aquel lado, Colombia, a mediados de siglo se comienza con el asesinato y el aniquilamiento de líderes adversos a la oligarquía. El destino de entrar a la política es la muerte. Repetimos, para los que abrazan la causa de los pobres, o mejor dicho, los miembros, militantes y simpatizantes de la izquierda, se paga con la desaparición. No hay espacio político democrático ni voluntad de dejar participar al poder popular. Expresión esta última usada del otro lado, Venezuela, la Revolución Bolivariana.
En estos años nuestra hermana Colombia está herida y quieren darle una muerte lenta. La oligarquía colombiana, su bipartidismo poderoso y violento, no quiere soluciones políticas, en base al diálogo y la participación de ese ejército que llaman “la insurgencia”.
Para cerrar, permítaseme un tono individual. Le quiero agradecer a Botero salvar esta historia. Le quiero agradecer su claridad meridiana. Su independencia y su veracidad, porque también esta es nuestra verdad. Pero también, sobretodo, al Comandante Trinidad le quiero decir, con mi corazón bicentenario, que usted va con nosotros. En las calles venezolanas coreamos: ¡Alerta, alerta, que camina la espada de Bolívar por América Latina! Pues usted también la blande. Cómo no recordar la lección que le dio al mundo cuando le muestran la foto de su querida Lucero, en pleno juicio, en los EEUU y viniendo de una celda aislado, cómo no leer que lo querían quebrar y rajar emocionalmente,  y a lo que le preguntan que cerciore su nombre, usted le responde: No, señor fiscal. Ella no es Lucero… es la bellísima Lucero. Comandante Trinidad le hablaré a mi familia, luego a los amigos, y ahora a quienes leerán este texto de un hombre digno, de un epígono del gigante Libertador; pero por encima de todas las cosas, les diré que al recordar a su Lucero se me viene a la mente que los fiscales gringos no saben de amor.