Jacobo Torres de León
“Una nación puede sobrevivir a sus locos y hasta a sus ambiciosos, pero no puede sobrevivir a la traición intestina. Un enemigo que se presente frente a sus murallas es menos peligroso porque se da a conocer y lleva sus estandartes en alto, pero el traidor se mueve libremente dentro de las murallas, propaga rumores por las calles, escucha en los mismos recintos oficiales; porque un traidor no parece un traidor y habla con un acento familiar a sus víctimas, teniendo un rostro parecido y vistiendo sus mismas ropas, apelando a los bajos instintos que hay ocultos en el corazón de todos los hombres. Roe el alma de una nación y trabaja secretamente amparado en las sombras de la noche para minar los pilares de una ciudad, infecta el cuerpo político de modo que ya no pueda resistir. Menos temible es un asesino. El traidor es como el agente portador de una plaga”.
Marco Tulio Cicerón.
La historia de la revolución esta plagada de pasajes donde se mezcla el lenguaje revolucionario con poses o posturas que en definitiva abonan, conciente o inconcientemente, el campo de la contrarrevolución.
En la revolución bolchevique los intentos del sindicato de telecomunicaciones y de correos en nombre de “las conquistas revolucionarias” saboteaban las operaciones del naciente ejército rojo en contra de blancos e imperialistas que con sus conductas y la inmadurez de la revolución anunciaban la terrible guerra civil que entre 1918 y 1921 asoló las tierras rusas. O los marinos del Kronstad que en su afán revolucionario pusieron en peligro las precarias conquistas que en medio de la guerra consolidaban el poder revolucionario.
En tiempos mas recientes en la revolución sandinista ocurrieron hechos similares cuando la Brigada Simón Bolívar adelantándose a los acontecimientos se lanzó a enfrentar el Gobierno de Reconstrucción Nacional con el análisis que los haría famosos en su expulsión de Nicaragua: “El FSLN aplicó una política de colaboración de clases y de conciliación con el imperialismo, llamando a los obreros y campesinos a tener paciencia, negándose a satisfacer sus reivindicaciones. Por su lado, la BSB ayudó a la formación de sindicatos, apoyó las ocupaciones de tierras y de fábricas y, en general, defendió sus posiciones políticas en contra del gobierno de reconstrucción nacional. Se transformó, en los hechos, junto con pequeños grupos trotskistas y maoístas nicaragüenses, en el centro de una oposición de izquierda al FSLN y a su “gobierno de reconstrucción nacional”. (Documento del MAS Arg).
Frente a esto otras tendencias de la misma corriente, replicó: “defender la revolución significa apoyar la lucha en la que la vanguardia es el FSLN. Todas las actividades que busquen hoy en día crear divisiones entre las masas movilizadas y el FSLN son contrarias al interés de la revolución. Este es el caso, en especial, de la Brigada Simón Bolívar (…) En una situación política y económica que exige la mayor unidad en la lucha posible, el FSLN tuvo razón en exigir que los miembros no nicaragüenses de este grupo -que se definía a sí mismo como una organización militar- se fueran del país”.
En el Salvador, en Honduras, en Guatemala hechos similares provocaron reacciones parecidas donde privó la confusión y fortaleció la contrarrevolución.
En el caso venezolano no escapamos a esta espiral que se repite una y otra vez en los escenarios de nuestras propias contradicciones y luchas que en más de un caso pudieran poner en peligro cualquier avance o consolidación de nuestro proceso.
Primero creyéndose los cultores de la vanguardia esclarecida pretenden hacer análisis partiendo de los viejos clichés y las viejas consignas, considerando el proceso bolivariano un “proceso bonapartista” o como alguno comentó una vez “estamos en nuestra revolución de febrero” o en su defecto “la construcción del PRTS para la profundización de la revolución, la revolución dentro de la revolución y la lucha por el socialismo, un socialismo auténtico donde el gobierno lo ejerzan los trabajadores y el pueblo en lugar de variantes mal llamadas «socialistas» de fórmulas populistas reproductoras del capitalismo que prometen preservar la propiedad privada de los medios de producción, consideradas fraudulentas y engañosas por los promotores del PRTS”.
“lo que Chávez está planteando como “socialismo” tiene patas cortas. En realidad es una especie de capitalismo donde prevalecería la colaboración de clases; de lo que se trataría entonces es lograr una supuesta e imposible “función social” del capital, simultáneamente con una hipotética distribución más democrática de la riqueza(“). El socialismo que propone el Presidente es una quimera irrealizable, que en ningún lugar del mundo se ha materializado jamás. El capital existe para reproducirse ilimitadamente, no tiene corazón ni patria y no busca satisfacer necesidades sino garantizar una tasa creciente de ganancias”.
Cualquier coincidencia con lo expuesto en Nicaragua hace 16 años es puramente la repetición mecánica de viejas concepciones y ese traslado mecánico de concepciones lo más que puede hacer es que las contradicciones que surgen en cualquier revolución dejen de ser de carácter no antagónico para ser una pelea a muerte por el control del poder. Ya el Presidente Mao caracterizó en su tiempo estas cosas:
Para comprender acertadamente los dos diferentes tipos de contradicciones, es necesario, ante todo, precisar qué se entiende por pueblo y qué por enemigo. (…) En la etapa actual, período de edificación del socialismo, integran el pueblo todas las clases, capas y grupos sociales que aprueban y apoyan la causa de la construcción socialista y participan en ella; son enemigos del pueblo todas las fuerzas y grupos sociales que oponen resistencia a la revolución socialista y se muestran hostiles a la construcción socialista o la sabotean.
En las condiciones actuales de China, las contradicciones en el seno del pueblo comprenden las contradicciones dentro de la clase obrera, dentro del campesinado y dentro de la intelectualidad; las contradicciones entre la clase obrera y el campesinado, entre los obreros y campesinos, por una parte, y los intelectuales, por otra; las contradicciones entre la clase obrera y los demás trabajadores, por una parte, y la burguesía nacional, por otra; las contradicciones dentro de la burguesía nacional, etc. Nuestro Gobierno Popular es un gobierno que representa realmente los intereses del pueblo, un gobierno que sirve al pueblo. Sin embargo, entre él y las mesas populares también existen ciertas contradicciones. Estas incluyen las contradicciones entre los intereses estatales, los intereses colectivos y los intereses individuales, entre la democracia y el centralismo, entre dirigentes y dirigidos, y entre el estilo burocrático de trabajo de ciertos trabajadores gubernamentales y las masas. Todas éstas también son contradicciones en el seno del pueblo. Hablando en términos generales, las contradicciones en el seno del pueblo existen sobre la base de la identidad fundamental de los intereses de éste.
Las contradicciones entre nosotros y el enemigo son antagónicas. En el seno del pueblo, las contradicciones entre las masas trabajadoras no son antagónicas, mientras que las contradicciones entre la clase explotada y la explotadora, además de su aspecto antagónico, tienen su aspecto no antagónico.
El propio Trotsky en el programa de transición desenmascaraba a los sectarios, a esos que se creen químicamente puros, con estas lapidarias palabras: Bajo la influencia de la traición y de la degeneración de las organizaciones históricas del proletariado han nacido o han degenerado grupos y formaciones sectarias de diferentes géneros. En su base estos núcleos se niegan a luchar por los intereses y las necesidades elementales de las masas, tal como ellas son. La preparación de la revolución significa para los sectarios convencerse a sí mismos de las ventajas del socialismo. Los sectarios sólo son capaces de distinguir dos colores: el blanco, y el negro. Para no exponerse a la tentación, simplifican la realidad. Incapaces de encontrar acceso a las masas las acusan de incapacidad para elevarse hasta las ideas revolucionarias. Estos profetas estériles no ven la necesidad de tender el puente de las reivindicaciones transitorias, porque tampoco tienen el propósito de llegar a la otra orilla. Como mula de noria, repiten, constantemente las mismas abstracciones vacías. Los acontecimientos políticos no son para ello la ocasión de lanzarse a la acción, sino de hacer comentarios. Los sectarios del mismo modo que los confusionistas y los magos, al ser constantemente desmentidos por la realidad, viven en un estado de continua irritación, se lamentan incesantemente del «régimen» y de los «métodos» y se dedican a mezquinas intrigas. Dentro de su propio círculo, estos señores comúnmente ejercen un régimen despótico. La postración política del sectarismo no hace más que seguir como una sombra a la postración del oportunismo, sin abrir perspectivas revolucionarias. En la política práctica los sectarios se unen a cada paso a los oportunistas, sobre todo a los centristas, para luchar contra el marxismo. La mayoría de los grupos y camarillas sectarias de esta índole, que se nutren de las migajas caídas de la mesa de la IV Internacional, llevan una existencia organizativa «Independiente» con grandes pretensiones, pero sin la menor posibilidad de éxito. Sin perder su tiempo, los bolcheviques leninistas pueden abandonarlos tranquilamente a su propia suerte.
Ahora bien, nadie puede ocultar las contradicciones, fallas y deficiencias que existen en toda construcción revolucionaria, pero no es menos cierto que levantar el edificio de la revolución así como no esta exento de contradicciones tiene una dinámica y un ritmo que marcan la pauta de su desarrollo y su consolidación.
Cuando en 1998 el Comandante Hugo Chávez arribó al gobierno, prometió solo lo fundamental en su discurso, avanzar en el reconocimiento de la gran deuda social que existe con nuestro pueblo y un proceso constituyente que nos dotara de nuevas instituciones políticas y con ellas un nuevo modelo social que garantizara respuesta a las amplias mayorías excluidas por el modelo neoliberal.
Luego de abril de 2002 sin duda alguna saltamos de tener el gobierno al asalto del poder pero en el entendido que nuestro pueblo que se movilizó masivamente, lo hizo con la intuición que lo ha hecho grande en los mas difíciles momentos de la historia.
Esto nos lleva a algunas precisiones. La primera es que Venezuela vive desde 1998 una transición que puede durar décadas, que el modelo revolucionario venezolano esta buscando sus propios referentes ideológicos y estos entran a su vez en contradicción con aquellos modelos de pensamiento político que en nombre de la ideología y de la pureza de sus adherentes intentan desesperadamente poner la carreta delante de los caballos.
Eso implica que cualquier cosa que no sirva a sus inconfesables fines es reformista, o revisionista o cualquier “ista”, esto se traduce necesariamente en desconfiar del líder del proceso o en su defecto con una mirada condescendiente afirmar cosas como las citadas en esta reflexión.
Por otro lado, al igual que hace 16 años poner por encima sus intereses individuales o grupales por encima de los intereses de la revolución.
Lo que no entienden los revolucionarios de viejo cuño es que estamos en una etapa de transición que echara las bases, sin duda alguna, de un proceso de largo aliento que podrán disfrutar las generaciones futuras.
Tampoco entienden que con el derrumbe de los referentes anteriores (URSS, Bloque Socialista, etc.) estamos obligados a construir nuestro propio bagaje ideológico sin las trabas de la anciana iglesia
¿Eso implica que seamos renegados del marxismo o que en nuestro afán de “consolidar un gobierno reformista” neguemos la savia revolucionaria?
Obviamente que no, pero si es necesario resaltar que en esta diatriba esta por delante el futuro de la revolución y no el capricho o la veleidad intelectual de tener la razón por encima de nuestra realidad objetiva.
Somos reformistas en la medida en que no decretamos la abolición de la propiedad privada, o por seguir pagando la injusta deuda externa, o porque no expropiamos fábricas y tierras al ritmo que ellos quieren. Somos reformistas porque aún mantenemos relaciones comerciales con el imperio o por no desterrar definitivamente a la débil burguesía nacional que sobrevive en este proceso.
Estamos construyendo una revolución, que se parece a nosotros, que nace de nosotros, que reivindica lo que somos nosotros. Una revolución que ha levantado la bandera del socialismo del siglo XXI intentando una aproximación e interpretación de nuestras realidades, realidades que la globalización transformó en otra cosa, que han hecho de algunas categorías piezas claves de la construcción de nuestra referencia. O parafraseando a Mariátegui, estamos tratando construir un marxismo que nos hable en criollo. O en sus propias palabras: “No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano. He aquí una misión digna de una generación nueva.”
Hoy el concepto de trabajador ha cambiado, no es el proletario clásico, no es el pensamiento único, es el escenario de los movimientos sociales que con su complejidad y en más de un caso con sus “crisis de realismo” han procurado las transformaciones.
Es la lucha de liberación nacional como motor revolucionario frente al imperio, es el hecho democrático como pilar de una nueva forma de hacer revolución.
Es, en fin, producir una nueva propuesta ideológica que en estos tiempos de cambios le de salidas dignas a los pueblos y consolide nuevos espacios para la elaboración político-ideológica.
No se trata de poner el vino nuevo de los cambios que se están produciendo en los pueblos en los odres viejos de las concepciones fosilizadas de quienes en nombre de la ideología tratan de encerrar un cuadro dentro de un círculo, dejando de lado, la savia natural de las revoluciones que son los pueblos, pues si bien un puñado de hombres pueden transformar una sociedad son los pueblos los que las consolidan.
Mas en lo coyuntural estas posiciones hipercríticas de la revolución bolivariana lo que terminan ocultando es un profundo menosprecio por los miles de mujeres y hombres que con un solo cuerpo dan su contribución día a día para que nuestra revolución avance, es el menosprecio a las cosas que esta revolución a adelantado como parte de la cancelación de la enorme deuda social que padece nuestro pueblo. Es el menosprecio a Chávez porque en definitiva es simplemente un soldado que circunstancialmente llegó al poder pero que no conoce nada del arte de gobernar y mucho menos hacer la revolución, pues para eso están ellos preclaros hijos de no se cuantas internacionales.
Lo triste y preocupante a la vez es que terminan dándose la mano con otros sectores que anhelan vehementemente dar al traste con nuestra revolución, como aquellos que hicieron del hecho electoral municipal una bandera de desestabilización y confusión y concluyeron con el discurso de los Borges y las Machados para beneplácito de los canales enemigos que se solazaron en este show protagonizado por otros seudo revolucionarios que con candela y plomo buscan crear situaciones que ya habíamos superado. Y que le hacen un favor incalculable a los voceros criollos del imperio, pues sin fuerzas propias que los alienten utilizarán de palanca a estos personajes que lo que tienen de revolucionarios es el ropaje.
Aún con estas contradicciones y posiciones diversas avanzamos, lo que en 1989 fue el aldabonazo de los nuevos tiempos se transformó en victoria cierta en 1998. Lo que casi por intuición en abril de 2002 recuperó el poder se convirtió en contundente acción en diciembre-enero de 2002-2003. Y en agosto de 2004 cerró definitivamente una brecha que impedirá que este proceso sinuoso con sus altibajos y contradicciones se devuelva. Y como no hay vuelta atrás posible, debemos prepararnos para brindar en el concierto de los cambios que abraza a los pueblos de esta América irredenta una nueva esperanza de que definitivamente “otro mundo es posible”.
Estamos en tiempos de revolución, es el testigo que nos pasaron nuestros libertadores, nuestros héroes y mártires pues para esta generación que toma al marxismo como una herramienta creadora y no simplemente como una bandera doctrinaria, de lo que se trata no es de traducir y aplicar sino de crear.
Jacobo Torres de León La Carreta delante de los caballos
Del edulcorante lenguaje seudo revolucionario.
Agosto 2005.
¡CON LA RAZON Y LA FUERZA!
¡VENCEREMOS!
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