Montevideo: un monumento al gaucho


Montevideo, (PL) Tal vez la prisa de la vida moderna impida admirar y disfrutar a plenitud, en una intersección céntrica de Montevideo, una obra elaborada en bronce que rememora la figura de los campos uruguayos: el gaucho.

Inaugurada el 30 de noviembre de 1927, la figura ecuestre está ubicada en la Plaza Lorenzo Justiniano Pérez, en la confluencia de la Avenida 18 de Julio con las calles Constituyente y Javier Barrios Amorin.
Declarada Monumento Histórico en 1976, es un homenaje al héroe anónimo de las luchas por la independencia de Uruguay, y su autor fue José Luis Zorrilla de San Martín.
Zorrilla de San Martín (Madrid, 1891 – Montevideo, 1975), escultor y pintor uruguayo, según especialistas fue uno de los artífices que prolongó el modernismo de Antoine Bourdelle en monumentos significativos de esta capital.
El monolito presenta a un gaucho soldado que porta en su mano derecha una lanza y complementan el obelisco los bajorrelieves esculpidos en la piedra.
Los tallados representan al frente el «Holocausto», un gaucho semicaído protegido por una figura femenina alada que porta una bandera y simboliza la Patria.
Cuenta con una inscripción grabada en el canto con letras romanas y la leyenda: «Al gaucho, primer elemento de emancipación nacional y de trabajo», «La Patria agradecida».
En la parte posterior se encuentra «La tradición», un anciano sentado bajo un ombú, planta arborescente nativa de las pampas argentinas y uruguayas, y pese a su tronco grueso junto a él, de pie, un joven.
Hacia el norte, «La vida campesina»: una carreta, un buey, mujeres, gauchos con instrumentos de labor y de arte mientras en el costado Sur, «Faenas camperas», con una escena de doma.
Completan el bloque tres escalones de granito gris que facilitan el acceso a la esfinge.

Hábiles jinetes

Aparecido en el curso del siglo XVIII y hasta mediados del siglo XIX, el gaucho fue un habitante semi-nómada con una autonomía personal considerable, característico de las llanuras de Argentina, Uruguay y sur de Brasil.
Especialistas en el tema consultados por Prensa Latina destacaron que esos personajes se identificaban por ser hábiles jinetes, y su vínculo con la proliferación de vacunos en la región y actividades derivadas de esa práctica.
Grandes consumidores de carne y diestros también en el empleo del cuero, actualmente se emplea la denominación de forma genérica a los habitantes rurales dedicados a las tareas ganaderas en Argentina y Uruguay.
Las ropas que usan son adecuadas al trabajo y al clima, y el atuendo consiste en sombrero, bombachas de piernas anchas, botas de cuero, cinturón con facón o cuchillo y poncho como abrigo.
Curiosamente a la compañera de estos rudos y nobles hombres tradicionalmente se le ha llamado «china» -en quechua: muchacha y por extensión hembra-, «paisana», «guaina», «gaucha» y «prenda» (en el sur del Brasil).
Actores importantes de las guerras de independencia y civiles, su presencia en la literatura aparece como eje temático de la denuncia de la injusticia social.
Tuvo como punto culminante el libro El gaucho Martín Fierro, un poema narrativo de José Hernández, que se publicó en 1872 con ese título y su continuación, La vuelta de Martín Fierro, apareció en 1879.
Mantiene semejanzas con otros campesinos como el charro mexicano, el huaso chileno, el llanero colombo-venezolano, el vaquero paraguayo, el chagra ecuatoriano, el sabanero costarricense y el morochuco peruano.

(*) El autor es corresponsal de Prensa Latina en Uruguay.

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