Rafael Núñez
A propósito de la lucha contra el narcotráfico declarada en el año 2006 por el presidente mexicano Felipe Calderón Hinojosa, una guerra sin cuartel en la que participan fuerzas militares, el debate en América Latina ha cobrado dimensiones de mayor importancia, en el que los países que registran impacto social y económico deben seguir sugiriendo la aplicación de una política global en la que Estados Unidos asuma el compromiso de reducir el consumo, entre otras medidas.
Aunque Estados Unidos ha dedicado 100 mil millones de dólares en políticas contra las drogas desde Ronald Reagan, en 1983, hasta la fecha, el tráfico de drogas como negocio a gran escala es un sistema global de producción, transportación, comercialización y consumo que involucra gobiernos, instituciones privadas y prestantes figuras a nivel mundial, que satisface el vicio de 240 millones de consumidores a nivel global.
En Estados Unidos no pueden seguir viendo los conflictos que generan el consumo y tráfico de drogas como elementos disociadores que se producen en los Estados fallidos, como se atrevió a proclamar uno de sus generales al referirse al caso de México.
A nivel de organismos multilaterales que puedan servir de árbitros, las naciones del mundo tienen que abocarse a discutir profundamente las distintas aristas del problema con soluciones a corto y largo plazo. Lo que tiene que ver con la producción, un tema que afecta esencialmente a países vecinos de América Latina, el impacto en las poblaciones dedicadas a su cultivo, debe ser analizado, de manera que se puedan buscar alternativas de supervivencia para esas familias. En el año 2007, por ejemplo, las cifras totales de cultivo ilícito de arbusto de coca, aumentó en Perú, Bolivia y Colombia a 181 mil 600 hectáreas, un 16 por ciento más que el año anterior, según establece un informe de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes de las Naciones Unidas (JIFE).
La transportación de las drogas es otro eslabón de la extensa cadena. República Dominicana y otras naciones del Caribe y Centroamérica forman parte de las rutas diseñadas por los carteles de las drogas para hacerlas llegar a los mercados de los Estados Unidos.
Para ello se valen de las argucias más creativas a los fines de poder satisfacer ese mercado, en el que 12.8 millones de norteamericanos, el 6 por ciento de la población mayor de 12 años, utiliza drogas ilegales.
Para darnos cuenta de la intrepidez de los narcotraficantes, veamos las declaraciones de un oficial antinarcóticos de El Salvador, aparecidas en el periódico El País, de España, en relación al transporte de drogas y al dinero producto de ese negocio.
El diario español daba cuenta del hallazgo de dos barriles plásticos para almacenar agua que contenían más de l0.2 millones de dólares producto de las actividades de drogas en El Salvador.
El oficial de División Antidrogas de la Policía Nacional Civil del país centroamericano establecía que “a fines de 2009 la Policía detectó a dos personas distintas que llevaban cocaína oculta en botes de jalea de mango que se dirigían a una ciudad estadounidense”.
Refería que sacaron el contenido de las semillas de mango, y en su interior colocaron cocaína. También han intentado transportar cocaína en el interior de cascos de burro (las conchas de un molusco comestible, una especie de almeja grande). Otra de las inventivas de las redes ha sido descubierta cuando las autoridades de ese país detectaron cocaína en desodorantes roll on y en botellas de bebidas alcohólicas. Esas y otras ingeniosas formas emplea ese ilícito negocio para distribuir su mercancía. Hay que discutir el tema a fondo; los recursos logísticos de vigilancia no se pueden retirar de las zonas de transportación de los narcotraficantes para dedicarlos a nuevas guerras culturales.
Otro tema, el de la comercialización de las drogas, tiene que ser abordado con seriedad si se quiere aniquilar o reducir la incidencia negativa de estupefacientes en nuestras juventudes. El rol que juegan los bancos, en las operaciones de los narcotraficantes y en los paraísos fiscales que no son supervisados, debe ser estudiado y controlado. Y finalmente, el consumo de drogas que toca directamente al país de mayor demanda del mundo: Estados Unidos. En esa nación, el promedio de muertes por abusos de drogas, desde 1983 hasta 1993, se duplicó y los asesinatos por drogas se triplicaron, según un informe del Departamento de Salud y Servicios Humanos.
Las informaciones proporcionadas por la Drug Abuse Warning Network, del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, establecen que los adolescentes comprenden tan sólo 17 de las 3.885 muertes atribuidas a la cocaína, 12 de las 3.789 muertes por heroína, 5 de las 642 muertes por anfetaminas, 77 de las 7.866 muertes por mezcla de drogas medicinales, y 16 de las 3.427 muertes causadas por alcohol mezclado con otros narcóticos.
Si los gobiernos de Estados Unidos no han puesto la atención que se amerita a estas realidades, cada vez tendremos una juventud americana dañada por los vicios de las drogas. Se sabe que un 7 por ciento de los jóvenes entre 12 y 17 años admite ha fumado marihuana el mes anterior.El pueblo norteamericano ha dado múltiples pruebas de que tiene coraje y decisión en toda su historia como nación. El alto consumo de drogas en ese país es un problema que sabemos pueden enfrentar con valentía e inteligencia como lo ha hecho en otras ocasiones. Hay que liderar esta nueva batalla y la Organización de las Naciones Unidas es un buen escenario para ver todas las aristas de este flagelo.
Un comentario sobre “Una política global contra las drogas”
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