El hombre que le recita a la patria

29/09/10.- Venezuela significa su amor más grande. Se siente orgulloso de ser hijo de Simón Bolívar, de Francisco de Miranda y de Simón Rodríguez. “Soy un bolivariano acérrimo”, enfatiza Víctor Morillo, el gran declamador de la poesía criolla.

Conocido como “El Tricolor de Venezuela”, lleva consigo un morral repleto de historias, anécdotas y vivencias, acumuladas durante 60 años de vida dedicados a la difusión y al fortalecimiento de la identidad nacional. Su medio de expresión: la poesía, aquella nacida de la pluma de criollos como Andrés Eloy Blanco y Aquiles Nazoa; y versos de su inspiración.

Nacido con el don para declamar, hizo sentir su recia y conmovedora voz en el ambiente artístico y cultural a partir de los años 50. Recordado por la incorporación del arpa, el cuatro y las maracas a la poesía, Víctor Morillo ha grabado más de una veintena de discos, de los cuales son memorables interpretaciones como El Desespero, La Fiesta de los Santos, Los Negros y El Brujo, este último convertido en todo un éxito por la orquesta Billo’s Caracas Boys; y piezas de su autoría como Glosa al Joropo, Isidora, Vámonos a Barlovento, Palabreo del Brujo, Un día para nuestro Amor, entre otros.

TEMPLE DE ACERO

A sus 79 años y con la salud quebrantada nos abre la puerta de su humilde hogar, el mismo que formó en tiempos de Pérez Jiménez, en los hoy envejecidos bloques de Simón Rodríguez, en la parroquia El Recreo. Una pared donde cuelgan un montón de placas de reconocimiento junto con un retrato de un Víctor Morillo de menos edad nos recibe. Su andar es lento. El tratamiento de diálisis al que debe someterse a diario le ha restado fuerza. Sin embargo, “El Tricolor de Venezuela” no se amilana.

La última vez que estuvo en un escenario fue el pasado 6 de agosto, en el Palacio Municipal de Caracas. Declamó el poema La Renuncia de Andrés Eloy Blanco (1897-1955) para conmemorar el natalicio del cumanés. “Me estoy muriendo, pero tengo que hacerlo con las botas puestas. No me voy a chinchorrear”, dice el declamador con el ímpetu que lo caracteriza.

EL VALOR DE LOS ARTISTAS

Morillo no es ajeno a las dificultades que enfrentan algunos cultores y artistas venezolanos cuando llegan a la tercera edad y la salud es frágil. La falta de seguridad social para quienes se dedican a la difusión de los valores culturales sigue siendo una deuda en el país, a pesar de las ayudas que en casos puntuales reciben del Estado.

—¿Cómo hace para costear el tratamiento que recibe?

—Gracias al Estado, porque de otro modo no podría. Sin embargo, estoy pidiendo auxilio para que me ayuden a pagarle a la señora que me coloca el tratamiento. Lo que me dan en la pensión sólo me alcanza para pagarle a ella.

—¿Qué ha tenido que sacrificar a lo largo de su vida artística?

—He pasado hambre, miseria, de todo… Amo recitar. Romper las barreras, estar en pie contra todo el bombardeo cultural internacional. Es un compromiso que adquirí por mi país. Le recito a mi patria. Todo eso y mira dónde vivo.

—¿Qué sería lo justo?

—Los militares cuando se retiran tienen una pensión y algunos pocos privilegios. Éxito algunas veces y desprecio, es lo que tenemos los artistas venezolanos. Así fue con Magdalena Sánchez, intérprete de música tradicional, la primera en utilizar vestimenta llanera en escena (1936-2005) y Mario Suárez, también cantante de música venezolana (1926), quien con 90 años sigue dando brincos por los pueblos.

—¿Usted fue dirigente gremial?

—Nunca he sido nada. Sólo un hombre inquieto por mi pobreza. Soy hijo de una india analfabeta que fue robada. Un día le dije a Miguel Otero Silva (1908-1985): “Ese niño campesino de quien hablas en tu poema (Niño campesino), y se quedó mirando el barranco para toda la vida, ese soy yo”.

—En comparación con años atrás, ¿cree usted que ha habido avances en el sector cultural?

—Sí los ha habido. Que el pueblo cante, baile y recite está muy bien, esa es su expresión. Pero a quienes hemos dado todo, recibiendo los desprecios y la burla de los políticos de la Cuarta República, como Juan Vicente Torrealba, Mario Suárez y Rafael Montaño, ni siquiera nos llaman para escucharnos.

—¿Qué cree que pasa con los artistas de la tercera edad?

—Nos olvidan. Imagínate, la gente joven no sabe quién fue Lorenzo Herrera. Y él fue el primero que grabó nuestra música en el exterior. Fue un tremendo compositor, barítono de la ópera venezolana.

—¿Qué le diría a los responsables de la cultura en el país?

—Que quieran a este país. Parecieran que el único que lo quiere es el presidente Chávez. También que se convoque a un congreso de artistas y las propuestas que surjan se lleven a la Asamblea Nacional para que aprueben una ley que garantice nuestra seguridad social.

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Biografía Mínima

> Nació en Caracas, en la parroquia San Juan, el 26 de agosto del año 1932.

> Es el único hijo de Cristina Morillo González, una india de la etnia Wayúu.

> En 1949 inicia su carrera artística en la Fundación del Teatro del Pueblo.

> Fue solista, recitador, bailarín percusionista y fundador de la agrupación Retablo de Maravillas.

> En el año 1954 creó el programa radial Brindis a Venezuela, espacio que durante 20 años fue el más escuchado de la Radiodifusora Venezuela.

> Ha recorrido América Latina y Europa, compartiendo escenario con artistas como Tito Rodríguez y Celia Cruz.

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Un disco inédito

El último disco que grabó Víctor Morillo es un trabajo aún inédito. Lo hizo junto con el recien fallecido Alberto Müller Rojas. El material posee un repertorio de 24 piezas

musicalizadas con cuatro, arpa, maracas y ritmos de la canción latinoamericana. Se escuchan los poemas Galerón con una negra, de Aquiles Nazoa, interpretado por la dupla Müller-Morillo; Azul, del sucrense Cruz Salmerón Acosta;

El Sur también existe, del poeta Mario Benedetti; y Dulce Mal, de Andrés Eloy Blanco; Diosa Negra, autoría de Morillo, entre otros.

Klara Aguilar Vásquez / Ciudad CCS

Foto Jesús Castillo

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