Por Clodovaldo Hernández
Para evitar discusiones bizantinas, aceptemos que 98 es mucho más que 65 y que en numerosos temas, en la Asamblea Nacional basta con un voto más para salir avante, así que los dos tercios era una aspiración exagerada, caprichos de una amante agalluda que no se conforma con un carro nuevo, sino que quiere un Lamborghini.
También digamos que es rigurosamente cierto que la oposición tendrá menos diputados que en el período 2000-2005, aquellos tiempos simpáticos cuando Julio Borges soltaba cerditos en el hemiciclo. En boca de uno de mis hijos, estas constataciones son suficientes para aconsejarle a la MUD: «¡Cálmense un poco, uones!», con esa palabrita final que vaya Publio Sirio a saber lo que significa.
Pero, volviendo al tema de vencerse en la victoria, si el comandante quiere hacerlo -aún está a tiempo- tiene que aceptar que es un pésimo síntoma morder el polvo de Caricuao a estas alturas de la revolución; o ganar con un rosario en la mano ¡en el 23 de Enero! Debe admitir que es necesario revisar porqué la mitad del país se movilizó electoralmente en contra de su propuesta. Y aplicar correctivos que deben comenzar en la esfera de lo personal, dado el peso específico de su liderazgo.
Si el comandante quiere vencer en la victoria, debe reconocer -aunque sea a solas, en sus reflexiones de insomne- que casi todos esos 5,4 millones de votos adversos del domingo, por más circuitales que hayan sido, fueron emitidos por personas que están muy dispuestas a ir en 2012 a respaldar a cualquier bípedo que sea postulado por la unidad opositora.
En fin, comandante, dejemos a un lado la filosofía de Publio Sirio, y la gracia campesina de Simón Díaz y permítame que se lo diga con la sencillez juvenil de mi chamo: «Entiende que la cosa fue contigo (… )», y no le pongo, de remate, la palabrita aquella porque, bueno, usted es el Presidente. El Universal
Me gustaMe gusta