•Lucha contra el narcotráfico, Costa Rica en lista negra
José Fabio Pizarro*
El Gobierno de Estados Unidos ha incluido a Costa Rica por primera vez en su historia en la Lista Negra de los países penetrados por el narcotráfico internacional y el crimen organizado. Se trata de la lista de países fallidos en la lucha contra el narcotráfico y que están siendo desestabilizados por las mafias colombianas y mexicanas. Esto es tremendo para nuestro país y su prestigio internacional. Doña Laura, por su parte, ha llevado el tema, con justificada angustia, a las Naciones Unidas y ha pedido más cooperación internacional.
Es hora de decir la verdad y sentar responsabilidades. Es hora de acabar con tanto engaño sobre lo que ha sucedido en el Ministerio de Seguridad y en la Fuerza Pública en los últimos dos años y medio. Lo primero es que la Presidenta de la República ponga orden en la casa y que las cosas se digan como son, aunque les duela a algunos políticos y jefes policiales.
Caímos en manos del narcotráfico. En lo que llevamos del año 2010, Costa Rica ha capturado solo 9 toneladas de droga, una insignificancia, mientras el territorio nacional se ha convertido, en los últimos dos años y medio, en estratégico y peligroso santuario de los narcotraficantes y del crimen organizado. La batalla que íbamos ganando desde el 2006 hasta abril del 2008 se está perdiendo irremediablemente, y esto -hay que decirlo- es un desastre nacional y un fracaso de los últimos responsables de la Fuerza Pública y del Ministerio de Seguridad. Lo grave es que la víctima ha sido una sola: el pueblo y, sobre todo, la juventud costarricense.
En nuestro mundo todo debe medirse por resultados. Los costarricenses deben saber que, a pesar de las grandes debilidades estructurales y las deficiencias que existían cuando se recibió el Gobierno en mayo del 2006, fue posible que en el período en que Fernando Berrocal fue Ministro de Seguridad Pública y el suscrito Director General de la Fuerza Pública, con un limitado equipo de trabajo, de la PCD y de la DIS, bien coordinados con el OIJ, se incautó la increíble suma de 70 toneladas de droga y se quebraron los contactos y las redes nacionales del narcotráfico internacional en Costa Rica. Un record histórico en toda América Latina.
¿Cómo se explica que, en los fatales últimos dos años de la Administración Arias, la seguridad nacional y ciudadana se derrumbó en Costa Rica y la lucha contra el narcotráfico cayó en un enorme agujero negro? No es normal, ni lógico, ni ha sucedido simplemente porque sí o por la fatalidad de los hechos internacionales. Las estadísticas son demoledoras: de 70 toneladas de droga incautadas desde 2006 hasta abril 2008, se redujo a apenas 20, y después, a solo 9 toneladas. Una caída vertical hacia el abismo. Esto tiene responsables, nombres y apellidos en el Ministerio de Seguridad y en la Fuerza Pública. También en la política nacional, porque la anterior Asamblea Legislativa, presionada por Casa Presidencial, se negó a investigar las 35 citas sobre las FARC y el narcotráfico en Costa Rica que aparecieron en las computadoras encontradas a los guerrilleros narcos en la frontera entre Colombia y Ecuador. ¿Por qué no se llegó hasta el fondo y se investigó la verdad real?
Lo sucedido es la diferencia entre tener una visión estratégica y geopolítica correcta de Costa Rica y su entorno regional, o no tenerla en absoluto. Todo aquel enorme y patriótico trabajo interno de nuestra Fuerza Pública y, a la vez, de certeros contactos internacionales al más alto nivel de inteligencia e información policial con países amigos, se derrumbó, y ahora, además de las mafias colombianas, se nos metieron también las mexicanas, al tiempo que la Fuerza Pública se hundió en una profunda crisis de organización y eficiencia en la cadena de mando.
Los mismos responsables. Digamos la verdad sin tapujos: desde la crisis ministerial de abril del 2008, por esas extrañas decisiones y alianzas de la Casa Presidencial de los Arias, se puso al mando de la Fuerza Pública a los mismos oficiales que en las Administraciones de 1998 a 2006 eran los responsables de la seguridad de Costa Rica, cuando se nos metieron hasta lo más profundo del territorio nacional las FARC y el narcotráfico colombiano. Desde entonces, la consigna interna de los jerarcas, asesores y administradores en el Ministerio de Seguridad ha sido una sola: persigan y quítenles el mando a los oficiales y funcionarios que huelan a liberacionistas, o al gobierno de José María Figueres, o al Ministro Berrocal Soto. Esa es la pura verdad.
Esos oficiales liberacionistas, por formación y años de servicio, tenían una visión operativa y de acción directa de los acontecimientos, tanto en ciudades, pueblos, en el campo o en las fronteras y en las costas. El primer gran error estratégico de los nuevos jerarcas fue eliminar la Policía de Fronteras y dejar a Costa Rica, como era antes de mayo del 2006, con sus puertas abiertas de par en par por el norte, por el sur y por las costas. Una oficialidad de escritorio asesoró para que la Fuerza Pública se replegara, dejando desprotegida una inmensa y vital área estratégica y de seguridad nacional. Se procedió, de inmediato, a quitarles el mando a los oficiales liberacionistas curtidos en el espíritu de servicio, de que había que enmontañarse, y así se hacía, y que a la delincuencia y al narcotráfico se le combatía con fuerza bien cuantificada, con inteligencia, con información correcta, en el terreno mismo. Esa visión probada de lo que debe ser la Fuerza Pública, con espíritu de disciplina y verticalidad en el mando –son exigencias propias de cualquier cuerpo policial, nada tiene que ver con el militarismo- fue sustituida por una visión rosada y modosita de que los zancudos pican, y sin liderazgo en la cúpula, sin capacidad ni espíritu de lucha en la base policial, el combate contra el narcotráfico se derrumbó. No basta vestirse o disfrazarse de policía para ser policía y jerarca en materia de seguridad. Tampoco auto-condecorarse y repartirse con los amigos unas medallitas a fin de año o salir en la prensa y especular sobre las mafias y el crimen organizado. El tema es muy serio y la profunda desmoralización e inactividad actual de la Fuerza Pública es en extremo grave para Costa Rica.
Poner orden en casa. En esta Administración el problema es diferente: lo que impera en el Ministerio de Seguridad es una visión de que los policías deben ser algo así como asistentes mal formados de abogados, con un enfoque más propio del Ministerio Público que de los problemas reales, enormes y urgentes de la seguridad nacional y la seguridad ciudadana. ¿Qué se puede esperar? El tiempo y los resultados concretos lo dirán. Como costarricense, espero que les vaya bien, pero como simple policía no creo en esa visión judicializada y de policías asistentes de fiscales. Ese no es el enfoque correcto. Menos aún en el de la policía modosita y de escritorio.
Regresar a una visión estratégica del Ministerio de Seguridad y al enfoque de que a la Fuerza Pública le corresponde un fuerte papel estrictamente policial, preventivo y disciplinado, en la lucha contra el narcotráfico y la delincuencia organizada, como el que existió entre 2006 y abril del 2008, y antes, en el Gobierno de José María Figueres, es lo primero que debe hacer la Presidenta Laura Chinchilla. Los costarricenses confiamos en ella. Su plan integral y visionario contra la violencia criminal que nos amenaza todos los días no excluye para nada que en el ámbito de la seguridad nacional y la seguridad ciudadana, la Fuerza Pública cumpla a cabalidad, con inteligencia, firmeza y determinación sus responsabilidades constitucionales y legales. Hay 4.000 hombres más y se cuenta con patrullas, motos y nuevo equipo de comunicación. Que se puede, ¡se puede! Así se le ha demostrado al país en el pasado reciente.
La disyuntiva nacional -como diría don Pepe Figueres-, es poner orden en la casa. De lo contrario, vamos a perder al país y su institucionalidad democrática, por la violenta acción del narcotráfico internacional y el crimen organizado. El objetivo inmediato debe ser sacar a nuestro país, con hechos y resultados cuantificables y reales, de la Lista Negra de Estados Unidos.
Eso es lo primero. Doña Laura, en usted confiamos los costarricenses. Ponga orden en la casa: intervenga con mano dura el Ministerio de Seguridad Pública y someta la Fuerza Pública, la PCD y la DIS, a una profunda, objetiva y crítica revisión de sus jerarquías y mandos medios, así como de sus sistemas operativos y de sus resultados. Paralelamente, desarrolle sus otros planes de acción social y lucha contra la violencia en escuelas y colegios, así como de reformas legales. Si lo hace, usted verá que las cosas comenzarán a cambiar radicalmente y para bien. Se lo dice con aprecio un policía.
*Exdirector de la Fuerza Pública.
Es hora de acabar con tanto engaño sobre lo que ha sucedido en el Ministerio de Seguridad y en la Fuerza Pública en los últimos dos años y medio