Por: Juan Carlos Murcia Giraldo
Entendidos como las agrupaciones no formales de individuos u organizaciones dedicadas a cuestiones socio-políticas que tienen como finalidad el cambio social; los diversos movimientos sociales existentes en Colombia, se caracterizan por la variedad de propósitos y objetivos que cada uno de ellos tratan de abanderar como su identidad “programática”, convirtiendo su actividad en una suerte de declamación de ideales que en resumidas cuentas pretenden presionar al poder político mediante reivindicaciones concretas o creación de alternativas de cambio.
El Departamento del Quindío, no es ajeno a este fenómeno. Movimientos feministas, ecologistas, estudiantiles, pacifistas, humanistas, antimilitarista, indígenas y negritudes o “Afro” como ahora se hacen llamar; conforman entre muchos otros, la amplia carpeta de participación ciudadana que, a guisa de propuestas “consensuadas” y proyectos “alternativos”, pretenden (cada uno a su manera) crear “conciencia” en los gobiernos departamental y municipal, sobre la importancia de avalar una u otra de las tantas propuestas burocráticamente organizadas en los despachos oficiales.
No pretendo desvirtuar la necesidad de crear espacios democráticos para la participación ciudadana, tampoco menospreciar el trabajo honesto de algunos (no todos) luchadores por la transformación de nuestra sociedad. Pero debemos comprender que la desarticulación de los movimientos sociales no conduce a nada más que a una especie de competencia por la figuración y el prestigio; que ese comportamiento errático y sectario jamás podrá ser colectivo, pues su tarea es defender a ultranza únicamente las iniciativas que surgen del inconformismo por la vulneración a que ha sido sometido cada grupo.
Todos, absolutamente todos los males de nuestra sociedad han sido secularmente incubados por el capitalismo; ese modelo económico, político y social impuesto a nuestro pueblo, por el Imperio Norteamericano, y cuyo cómplice ha sido sin lugar a dudas la criminal oligarquía colombiana. Si los movimientos sociales, los partidos políticos de izquierda y las distintas representaciones revolucionarias, democráticas y progresistas de Colombia, no entendemos esta realidad, seguramente no lograremos evidenciar un objetivo común que nos permita alcanzar las reivindicaciones propuestas por cada uno de nosotros y que a la larga solo serán legitimas y duraderas, mientras se logre para Colombia el sueño de paz con justicia social.
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