Tel Aviv, 10 oct (PL) El gobierno israelí aprobó hoy una ley que obliga a los inmigrantes que opten por la ciudadanía jurar lealtad a Israel como «Estado judío (sic) y democrático», decisión calificada de racista por sus opositores.
Con 22 votos a favor y ocho en contra, el gabinete de 30 ministros encabezado por Benjamín Netanyahu cedió a las presiones de su ala más derechista para imponer esa enmienda a la ley de ciudadanía, dirigida básicamente a los inmigrantes que no profesen el judaísmo.
El juramento generó tensiones y provocó reacciones de líderes árabe-israelíes que tildaron de racista la medida, en tanto la ven como una forma de socavar los derechos de una comunidad originaria que es minoría, pues constituye el 20 por ciento de la población.
Igualmente, la votación del gabinete sionista desató malestar en el liderazgo palestino justo en momentos en que el proceso de diálogo directo promovido por Estados Unidos está estancado por la negativa de Netanyahu a ampliar una moratoria en los asentamientos de Cisjordania.
La construcción de casas para israelíes extremistas que profesan el judaísmo en los territorios palestinos de la Ribera Occidental es apoyada por las mismas fuerzas políticas que votaron y respaldaron el controversial juramento de lealtad.
Uno de los principales auspiciadores fue el partido ultraortodoxo Yisrael Beitenu, del canciller Avigdor Lieberman, quien personalmente rechazó la idea de anunciar un congelamiento parcial de las edificaciones en las colonias debido a las presiones internacionales.
Sin embargo, analistas creen que la votación puede ser una manera de suavizar la oposición de Lieberman a desacelerar la construcción en los asentamientos.
El propio Netanyahu, líder del partido derechista Likud, alentó la votación y al iniciar la reunión de su gabinete este domingo subrayó que «el Estado de Israel es el Estado nacional del pueblo judío (sic), y es democrático para todos sus ciudadanos».
El primer ministro ha situado como condición para un eventual acuerdo de paz con la Autoridad Nacional Palestina (ANP), que supondría la creación de un Estado independiente, que se reconozca a Israel como «Estado judío» (sic).
Sin embargo, la ANP y los 22 países miembros de la Liga Árabe están dispuestos a reconocer al Estado de Israel, si se avanzara en las tratativas de paz global, pero rechazan categóricamente aceptar el carácter judío que exige Netanyahu.
Para los palestinos, ello implicaría negar el derecho de retorno de los millones de refugiados y sus descendientes expulsados de sus territorios originarios en 1948, cuando se creó Israel con el apoyo de la ONU y las principales potencias mundiales.