La TV es inocente (Lo que hace la televisión es meterse por la puerta de atrás de la mente)

Es falso que las personas imiten lo que ven en la televisión. Esta afirmación la hizo nada menos que el ilustre profesor universitario Marcelino Bisbal, genuina leyenda viviente de la comunicología venezolana, a propósito de repudiar la decisión del Gobierno de prohibir las llamadas narconovelas.
Igual que otros expertos, él calificó la medida como un acto de censura, pacatería y moralina y aseguró que no existía peligro alguno de que la teleaudiencia intentara parecerse a los barones de la droga o a sus despampanantes mujeres sicarias.

Bisbal, quien pasó cerca de 30 años denigrando de la manipulación mediática y de lo que -como buen discípulo de Theodor Adorno- llamaba «la industria cultural», afirma ahora muy convencido que esas teorías acerca de los efectos fuertes de los medios son de los 50 y los 60, o sea que están demodé y es por eso que ya ni siquiera sus profetas, incluida la gran periodista Marta Colomina, las sostienen.

Como suele ocurrir con los temas de fondo, éste pasó bajo la mesa. Es una lástima que no haya salido aún nadie -con las adecuadas credenciales académicas- a responderle que no se trata de «imitar», estimado profesor, usted bien lo sabe, no se haga el tonto, aunque la cara lo ayude. Lo que la televisión logra es reforzar modelos, meterse por la puerta de atrás de la mente y hacer ver como aceptables situaciones que son anómalas, como la violencia y el éxito de de los criminales.

Que sean asuntos tomados de la realidad o que ésta tenga aspectos aún peores no puede ser un argumento y menos en boca de un especialista de categoría mundial. A menos que a la par de la postura política haya cambiado también de ética. No creo.

Yo, que en los años 80 corría literalmente desde mi trabajo para no perderme su clase (nos alimentaba de utopías y era pura calidad), pienso que al experto le hace falta un poco de calle. Le recomendaría, con todo respeto, que deje un rato sus obsesiones contra el rrrégimen y se disponga a observar -científicamente, faltaba más- a una niña de 11 años «perreando» al ritmo de deplorables pornoletras de reggaeton, para que luego nos diga de nuevo, si se atreve, que la televisión y el resto de la maquinaria mediática son inocentes.

Ahora bien, y dicho al margen, si la tesis Bisbal sobre los nulos efectos de la TV en la gente es cierta, debería producir una profunda reflexión, no sólo en los funcionarios que le coartaron al público su derecho a drogarse con El Capo y Rosario Tijeras. También en los fanáticos de la telepolítica, especialmente quienes aspiran a llegar a posiciones de poder sólo apareciendo en pantalla. Olvídense de eso, damas y caballeros, están perdiendo el tiempo. Lo dice Marcelino. Clodovaldo Hernández /El universal

clodoher@yahoo.com

CM