HERNAN DURANGO BOGOTA
Por: Miguel Espinosa Ardila
En Respuesta a “Minorías” de Roberto Zabaraín M.
El día 18 de Noviembre de 2010, el Sr. Zabaraín, en el periódico El Heraldo (5B), redactó su “punto de vista” (http://www.elheraldo.com.co/ELHERALDO/BancoConocimiento/C/colminorias/colminorias.asp?CodSeccion=48), en el cuál, para defender el statu quo, arremete contra la “minoría” de la sociedad. No mereciera respuesta alguna, sino tuviera la imperiosa necesidad de desentrañar lo oculto.
La justificación del orden existente, en el artículo, se ve manifestado en: por un lado, el rechazo a las “minorías”, y por el otro, la exaltación de la Santa Iglesia Católica. En cuanto a la primera, con una interpretación audaz (al estilo del Sr. Fukuyama), se puede concluir el siguiente análisis: hay un orden socialmente establecido (¿impuesto?), al cual pertenece toda la sociedad; dentro de su organización, erige instituciones ancestrales que merecen la redención del hombre. Quienes legitiman ese orden existente, son la mayoría; y quienes se atreven a levantarse en contra de él, con cualquier manifestación, lo hacen por “desvaríos producto del odio”.
Es de esta manera, como para el Sr. Zabaraín se puede justificar que, sólo unos “subversivos”, “desde la universidad lanzan piedras y papas explosivas para que se crea que todos los universitarios son revoltosos” (subrayado nuestro). Y no contentándose con el señalamiento y la marcatización, que en nada se aleja de los que hace el Gobierno, arremete contra quienes hacen parte del sector LGBT.
Ese análisis, es el que permite la exaltación de la Iglesia Católica, que no es, sino una de las formas de representación de orden socialmente existente. Pero, ¿qué esconde este análisis y conclusión?
Lo que esconde es que, quienes propenden por las transformaciones sociales, incluso, desde la esfera más privada, tienen el calificativo de “absurdos”, y que, por el contrario, hay que seguir ciegamente la mayoría. Pero olvida el Sr. Zabaraín, que el orden existente (si a lo en que vivimos se le puede llamar “orden”) es una imposición, no de una mayoría, sino de una ínfima minoría, esa sobre la cual, ni una sola palabra agrega. Esa minoría que ostenta la mayor parte de las riquezas del mundo; aquellos quienes con el poder económico y político, hacen grandes esfuerzos para mantener sus privilegios, arrebatados a la gran mayoría. No obstante de las contradicciones de la realidad con el pensamiento, en una esfera privada o social; o de las contradicciones de la sociedad misma, y de estas con la naturaleza, cuyas consecuencias son posibles percibir a simple vista, es esta minoría la que sigue manteniendo, por medio de la represión y imposición de conductas a través de los aparatos ideológicos del Estado.
¿De qué minoría estamos hablando? ¿De aquella que mantiene el orden socialmente existente, que se manifiesta en desempleo, violencia, hambruna, enfermedades, etc., o de quienes exhortan a la transformación de la sociedad, quienes propenden por la reconciliación del hombre con el hombre, y el hombre con la naturaleza?
¿De qué mayoría estamos hablando? ¿De las que sufren y padecen a diario las consecuencias de la imposición de este sistema, quienes no gozan de más libertad que la de morirse de hambre, o quienes, dentro de la enajenación, legitiman su desgracia?
El Sr. Zabaraín en su artículo hace una apología de esa minoría que yo señalo, y del orden establecido. Es esta la razón, por la cual hablo de otra minoría, aquella que jamás legitimarán el statu quo.
Addendum: El hombre debe ser la raíz del hombre mismo, y no de creaciones fantásticas que reflejan la distorsión de la realidad.