Por Elvis Martínez Bermúdez
San Cristóbal, Bolívar.
Al mal tiempo, buena cara. Ese es el adagio popular que decidieron aplicar los habitantes del municipio de San Cristóbal, al norte de Bolívar, luego de que sus casas fueran, literalmente, tragadas por el agua de la Laguna Encantada y el Canal del Dique.
En esta población, con unos 8.000 habitantes, la única presencia del estado, se ha limitado a la ayuda que les ha dado la Armada Nacional con las lanchas de los Guardacostas, las cuales llegan hasta el municipio para trasladar a todo el que desee hasta San Estanislao de Kostka, el poblado menos afectado de los tres que conforman la zona de La Línea, golpeada fuertemente por la creciente del Dique.
En San Cristóbal, los pobladores se refugian en la única área alta que aun sigue seca y que se limita a una pequeña porción de tierra que incluye una parte del parque principal y la iglesia, la cual se volvió albergue temporal para ocho familias. A un costado de la iglesia permanece sentada en una silla plástica la mujer más vieja de la población. Se llama Josefa Payares, tiene 98 años y su memoria aun está intacta para asegurar, que sin duda, esta es la mayor de las crecientes que ha tenido el Dique, según pude recordar, porque ni siquiera, afirma, ni las de 1916, cuando apenas tenía cuatro años de edad, fue tan fuerte como la vivida este año.
“Estoy maluca”, dice Josefa refiriéndose a que se ha sentido mal de salud en los últimos días por la escases de alimentos que ha habido en el pueblo a raíz de la incomunicación que ha tenido este municipio con apenas 15 años de haberse creado, pues antes fue un corregimiento de Soplaviento. Según los tenderos, traer comida en una chalupa desde Barranquilla o Cartagena sale por un ojo de la cara, ya que transportar la mercancía está costando un millón de pesos, pero sin energía en el pueblo, dvierten que lo mejor es no llevar nada.

- A pesar de los múltiples inconvenientes que han tenido a causa de la ola invernal, los habitantes aún buscan la forma de ganarse la vida, como por ejemplo, este peluquero.
San Cristóbal completó cinco días si servicio de energía, la cual fue suspendida por prevención ante la creciente, razón por la cual es difícil encontrar agua fría, aunque algunos se la han ingeniado para tener luz por unas horas. Este es el caso de Juan Carlos Ospino, el peluquero del pueblo, quien en vez de quedarse varado, ha tenido mayor demanda gracias a una pequeña planta eléctrica que funciona con gasolina y que al tener dos tomas de corriente incorporada, le ha servido para atraer la clientela, ya que mientras motila a 2.000 pesos, permite que sus clientes carguen sus celulares totalmente gratis.
“Ajá, necesitamos motilarnos para no estar peludos y de paso, no quedarnos sin carga para comunicarnos con nuestras familias en Cartagena y Barranquilla, las únicas que nos han ayudado, porque por aquí ni Gobernador se ha visto si quiera para brindar un saludo de aliento. Prometió venir y nada”, cuenta Eder Guerrero, quien se quedó sin chamba por la creciente. Él, al igual que 300 hombres más, construía la infraestructura que le dará gas natural al municipio.
La otra planta eléctrica pequeña, que existe en la población, era utilizada el pasado sábado por un grupo de hombres de la población para conectar un diminuto enfriador donde tenían guardadas la últimas cervezas que no se llevó la corriente. Mientras echaban cuentos en la terraza de una de las pocas calles secas, se refrescaban a la espera de una ayuda que parece más lejana que cerca.
“La Defensa Civil hace los censos, pero mientras termina ese trabajo en los sectores de Loma China, el sector Tintín y La Candelaria, donde se refugia toda la población desde hace seis días, no hay otra opción que ponerle buena cara a la tragedia”, cuenta Clímaco Zapata Rodríguez, no sin antes explicar que las mujeres embarazadas y los niños más pequeños fueron los únicos a los que evacuaron.
San Cristóbal está inundado en un 97% debido a que El Dique se metió en la Ciénaga de Rabón, la cual se rebosó, haciendo que sus aguas rebosaran a la Ciénaga de la Laguna Encantada, ubicada en la parte posterior de este municipio bolivarense.
“Por fortuna, el Dique aun no se ha metido por el frente del pueblo. Yo la tengo clara, nadie puede contra la naturaleza, pero eso sí, yo me quedo hasta ver el final de todos esto”, reflexiona Mónica Navarro, quien vivió la creciente de 1970. Esa vez, ocho caas se las llevó la corriente.