La Habana, 21 dic (PL) Si quisiera mostrarles el color rojizo que tiñe nuestro principal astro nocturno en este momento me seria imposible con mi modesta cámara digital. Y es una pena.
Los que no tuvieron la paciencia o suerte -ese es mi caso- de estar despiertos pasadas las dos de la madrugada (hora cubana) se perdieron el inicio de un acontecimiento tan poco usual como un eclipse total de luna.
A la altura de las 02:40 hora local de este diciembre bien frío para el gusto de la mayoría de mis compatriotas (yo lo prefiero al agobiante calor de agosto) el último atisbo de blancura de la reina de la noche coincidió con una caprichosa nube que me cercenó el placer de seguir observando el fenómeno.
Como tenía la posibilidad -y casi el deber- de trasladar por esta vía la vivencia disfrutada desde el patio de mi casa, acá estoy, frente a la computadora, documentándome y compartiendo con quien me lea esa singular vivencia.
En mis pesquisas por el ciberespacio conocí la elevada proporción de eclipses totales de luna con respecto a los solares. Ello es debido a que «la sombra de la Tierra es mucho mayor y la umbra ocupa una gran parte de la sombra terrestre».
Y como quizás se pregunten, como yo lo hice, qué significa la curiosa palabrita, añado que las dos zonas de la sombra que proyecta la Tierra se llaman «umbra» -la central más oscura- y «penumbra» -la periférica mas clara.
En casos como el que aprecié hace unos minutos, la luna no desaparece por completo, pues los rayos del Sol, refractados en la atmósfera terrestre, iluminan algo la superficie lunar. De ahí las tonalidades rojizas que vemos desde la Tierra.
El Eclipse Lunar en su totalidad estará siendo apreciado desde el Océano Pacífico, y el hemisferio norte de América hasta el noroeste de América del Sur. En la porción mas occidental de esas zonas el oscurecimiento de la luna comenzó antes de la medianoche.
Su duración total tres horas y veintiocho minutos, y la tierra cubrió totalmente de sombra a la luna durante 72 minutos.
Según el sitio español Tutiempo. net, el próximo espectáculo similar se producirá el próximo 15 de junio y aunque mas breve tendrá magnitudes de Penumbra y de Umbra superiores a este.
Sin equipos especiales, sólo con los ojos atentos al paulatino cerco de la sombra al satélite natural de nuestro planeta, ahora se contarán por millones los noctámbulos como yo, aficionados o profesionales, que estuvieron y aún están torciendo el cuello para mirar al cielo y así poder contarle en la mañana a los que duermen qué vimos esta madrugadaâ�� como lo hago yo ahora.