> En «Carlos Gardel, el cantor de tangos», Osvaldo Barsky y su hijo Julián retoman la biografía -nunca definitiva- sobre el Morocho del Abasto, para esbozar una semblanza más literaria que informativa a pesar de los nuevos datos aportados por los autores.
«Uno de sus biógrafos, el inglés Simon Collier, dice que Gardel fue el fenómeno de masas más importante hasta la llegada de los Beatles: con sus discos se revela como un artista extraordinario justo cuando hay una gran difusión del tango en Hispanoamérica y Francia, a lo que suma su actuaciones en el cine y una imagen de latin lover construida con mucho esfuerzo», sintetiza Osvaldo Barsky a Télam.
Una imagen -subraya- delineada por el propio Gardel (1890-1935), «ya que había adelgazado 30 kilos, había hecho una estilización de su figura, había creado toda una forma de vestirse, había armado el muñeco completo a lo largo de años de trabajo».
«Su gran ambición era conquistar el mundo anglosajón, algo que no logró porque lo alcanzó la muerte. Estuvo trabajando seriamente para cantar en inglés porque se daba cuenta que a través del cine tendría una proyección mundial. Fue un notable empresario de sí mismo y un hombre que desde el punto de vista de los medios de comunicación estaba adelantado diez años», considera.
En relación con el libro de los mismos autores «Gardel. La biografía», publicado en 2004, «se ha avanzado mucho -dice Barsky- a través de los estudios gardelianos en Toulouse, con apoyo del gobierno francés en aspectos vinculados a la genealogía, la familia del cantor y su nacimiento, incluso hay pruebas documentales».
En segundo lugar, «han aparecido informaciones sobre las andanzas de su madre francesa en Venezuela, que luego viaja a la Argentina y ya habla castellano».
Y la tercera cuestión -enumera el investigador del Conicet- «es que ahora hay mucho más conocimiento de toda la actuación del consulado francés en Buenos Aires o cuáles fueron las políticas durante la Segunda Guerra Mundial permite entender la lógica de Gardel al buscar documentación falsa para nacionalizarse argentino».
«El consigue un papelito transitorio en Tacuarembó (Uruguay), con eso saca la cédula de identidad de la policía federal y a partir de eso se nacionaliza argentino», repasa Barsky.
Otro aspecto desarrollado en «Gardel, el cantor del tango», recién publicado por Libros del Zorzal, es la relación ambigua con el uruguayo José Razzano.
«Razzano fue la guía en los primeros años, cantó al principio con él y luego fue su representante pero era un jugador compulsivo y se apropiaba de una parte muy importante de los ingresos, inclusive en el período en que Gardel comenzó a cantar solo hasta que se distanciaron, pero nunca del todo».
«Gardel con todos sus afectos tenía una actitud ambigua, en las cartas hasta agresivamente decía cosas pero cuando se encontraba con la persona le costaba. Tenía una debilidad personal, no se podía pelear con nadie. No hay que olvidarse -advierte- que era hijo de una madre soltera».
En el capítulo «Ciudad bruja» los autores explican los motivos del distanciamiento de Gardel con su ciudad, Buenos Aires: «Luego de sus viajes a España, Francia y Estados Unidos, él se encuentra con un ambiente artístico local profundamente provinciano y el horizonte del cantor era el mundo».
El Morocho del Abasto, analiza Barsky, «se convierte en una estrella internacional y eso despertó una gran envidia en una parte de sus allegados, algo natural que haya pasado porque Buenos Aires ha sido muy cruel con muchos de sus mejores artistas».
«El talento de él es la gran construcción de un trabajador infatigable -insiste-. No es un Isidoro Cañones. Su pasión por el canto fue decisiva y además fue un notable compositor -y esto hay que subrayarlo- no fue un simple ejecutante».
«Tiene más de cien canciones -las de la época que compartió con el poeta Alfredo Le Pera son las más conocidas- extraordinarias desde el punto de vista melódico: `El día que me quieras`, `Volver`, `Soledad`, `Sus ojos se cerraron`».
En un Buenos Aires en el que la actividad artística era febril, «Gardel se fue delineando como un gran músico autodidacta, formado a partir de ejercitarse en la ópera, la zarzuela y el cuplé».
La correspondencia que mantuvo con su albacea Armando Defino también es una fuente de datos para este libro en lo que hace a «cómo trabajaba para armar sus películas y cómo negociaba para consolidar su etapa en el cine. Esto muestra que Gardel era un visionario», afirma Barsky.
«El se da cuenta que la proyección del cine le iba a dar una estatura internacional que nada podía reemplazar -remarca-. Por eso la gira final (Venezuela, Colombia, Puerto Rico) convocó multitudes», pondera el estudioso.
La investigación criminalística de Raúl Torre y Juan Fenoglio «que aporta pruebas irrefutables con relación a la verosimilitud de parte de los documentos que confirman el origen francés del artista» es mencionada por los autores. Telam, Mora Cordeu
