Por Gustavo Mata
Lo propuso el filósofo Jeremías Bentham en 1789, lo usó Bolívar en su discurso de Angostura y hoy se le invoca como principio del socialismo del siglo XXI: «el sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política».
Un principio sirve de patrón para evaluar las acciones de quienes a él se adhieren. En estos días, la decisión de la Alcaldía de Caracas de impedir a los buhoneros copar espacios públicos ha generado una controversia en la que están, de un lado, el bienestar de las personas que transitan por calles y aceras, y del otro, el derecho de los buhoneros a ganarse la vida. Siendo los buhoneros gente humilde, hay quienes ponen en tela de juicio la pertinencia de esta acción de la Alcaldía socialista.
El principio de la mayor suma de felicidad posible permite dirimir el asunto. ¿Cuántas personas dependen de los buhoneros? ¿Miles, decenas de miles? En todo caso representan una minoría en relación a los 5,5 millones de habitantes de la ciudad. Es claro que la suma de felicidad de todos los ciudadanos de Caracas será muchísimo mayor si se mantiene la integridad de los espacios públicos.
Esto no implica soslayar el significado social de la buhonería. Al contrario, implica entenderla como síntoma de un problema más profundo: el que nuestra economía, en la periferia del capitalismo, no genera suficientes fuentes de empleo para atender las necesidades de la población. “La necesidad tiene cara de buhonero”, solía decir mi difunta madre.
Una política permisiva hacia los buhoneros aumentaría el malestar de la mayoría, debilitaría nuestro ya precario Estado y limitaría nuestra capacidad de forjar un país fuerte –uno en el que nuestros compatriotas no se vean obligados a ser carne de cañón de los importadores de baratijas que, en última instancia, se apoderan de la plusvalía del comercio en las calles.
Tomado de Apartaderos
CM