Rousseff despidió a un Lula aclamado por el pueblo

Prensa Latina

La nueva presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, despidio a su antecesor Luiz Inácio Lula da Silva, quien fue aclamado por miles de personas concencentras frente al Palacio de Planalto.

Tras recibir la banda presidencial de Lula en el Parlatorio de la sede del gobierno, Rousseff hizo su primer pronunciamiento a la nación, fue cumplimentada por los jefes de las delegaciones asistentes a su toma de posesión y posteriormente acompañó a Lula hasta la acera del Palacio de Planalto.

A la despedida de Lula por parte de la nueva mandataria de Brasil se sumaron el nuevo vicepresidente, Michel Temer, y los ahora ex ministros, entre ellos el ya ex canciller Celso Amorim.

Tras los emocianados abrazos y besos, Lula se dirigió a los congregados en la Plaza de los Tres Poderes y saludo a muchos de ellos, en gesto de agradecimiento por el respaldo popular con que contó durante su mandato.

De esa manera, Lula concluyó ocho años, exactamente dos mil 920 días, al frente de Brasil.

Con una popularidad tal vez récord a nivel mundial de 87 por ciento al dejar la presidencia, Lula consiguió lo que muchos coterráneos le vaticinaron como imposible – dada su condición de obrero metalúrgico, con sólo cuarto grado de escolaridad- conducir de manera acertada los destinos de este inmenso país suramericano.

A los éxitos económicos y sociales a nivel interno, aunque aún le quedaron pendientes algunos temas relevantes, durante el gobierno Lula Brasil obtuvo reconocimiento y prestigio internacionales que le permitieron participar como actor principal en asuntos de importancia universal.

Fue ese Lula, forjado y formado en las luchas sindicales, y con la experiencia y lecciones de tres derrotas electorales (1989, 1993 y 1995), el que ganó la segunda vuelta de los comicios generales de octubre de 2002 y en la misma ronda las elecciones de 2006.

Sus ocho años al frente de los destinos de Brasil son evaluados de manera excelente o positiva por el 87 por ciento de los brasileños, de los que sólo un 2,3 por ciento califica de mala o pésima su gestión personal.

Es ese mismo Lula que esta tarde transmitió la banda presidencial a su sucesora y ahijada política Dilma Rousseff, y descendió la rampa del Palacio de Planalto para retornar a su residencia personal de Sao Bernando do Campo, en Sao Paulo.

Como ha dicho en reiteradas oportunidades recientes, allá espera desencarnarse como mandatario, pero nunca abandonar la política, porque eso para él es como respirar o alimentarse.

Ya como ex presidente de Brasil, Lula tiene previsto antes de llegar a su destino final, hacer un alto en el hospital Sirio-Libanés, de la capital paulista, para visitar a José Alencar, su vicepresidente durante los ocho años que estuvo en el Palacio de Planalto.

Alencar está internado en ese centro asistencial desde el pasado día 22 debido a una hemorragia abdominal grave motivada por un cáncer que padece en esa región del cuerpo desde hace más de una década, agravado por un sarcoma surgido en 2006. En total Alencar ha pasado por 17 cirugías en su lucha contra esa enfermedad.

 

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