Un grupo de países sudamericanos, siguiendo el ejemplo dado por Venezuela, reconocieron a Palestina como Estado libre y soberano, haciendo tambalear las inconsistentes bases morales y legales del Estado sionista de Israel y desatando la ira del imperio.
Fue una avalancha de solidaridad que aún no ha terminado de precipitarse, porque a la decisión adoptada por Brasil, Argentina, Bolivia y Ecuador, en las últimas semanas, están por sumarse Paraguay, Perú, Chile y Uruguay, lo cual consolidará en un bloque de unidad a un movimiento rebelde y justiciero del que Venezuela ha sido pionera.
Y hoy, mientras se celebra el bicentenario de las declaraciones independentistas que se dieron en América Latina, los gobernantes progresistas que adelantan de la mano de sus pueblos la nueva gesta libertaria para desalojar de la Gran Patria al imperio yanqui que sustituyó al de España, desenvainan de nuevo sus espadas de justicia y rebeldía en defensa del pueblo palestino.
Lo hacen en nombre de la solidaridad humana y de la libertad que no tienen fronteras, con el mismo propósito que los llevó hace dos siglos a luchar contra un conquistador aún tan desalmado como el que el que hoy sojuzga al pueblo palestino, un Estado criminal que lo viene masacrando y torturando durante más de sesenta años; que le arrebató su territorio y lo convirtió en su esclavo y que mata sin piedad a niños, mujeres y ancianos.
Ese genocidio comenzó a raíz de la unilateral e ilegítima creación del Estado sionista de Israel, el 29 de noviembre de 1947. Un baño de sangre interminable desatado en el marco de un plan aún más macabro que el de “La Solución Final”, creado por el Nazismo, de quienes los judíos fueron sus principales víctimas, pero que los sionistas aprovecharon para editar una versión ampliada y mejorada de la misma, deviniendo en discípulos que superaron al maestro.
Fue una espiral de muerte y destrucción, que empezó a fines de ese mismo año; una limpieza étnica, al mejor estilo hitleriano, que duró más de cinco meses, dejando como saldo 13.000 palestinos asesinados, 800.000 más arrojados a infamantes campos de refugiados, más de 400 ciudades, pueblos y villas destruidos y centenares de propiedades públicas y privadas palestinas confiscadas.
Fue el comienzo de una horrible pesadilla que aún no termina y parece no tener un final cercano, a la que siguieron otras matanzas como las masacres de Sabra, Shatilla, Deir Yassin, Tantura, Hula, la ofensiva contra Gaza, donde perecieron mas de 1.300 palestinos en su mayoría niños, mujeres y ancianos, víctimas de los proyectiles sionistas “enriquecidos” con el letal fósforo blanco.
Y como siempre, para protestar contra cualquier acto de maldad y de injusticia en cualquier lugar del mundo, como lo hizo al denunciar los genocidios de Irak y Afganistán, se escuchó una vez más la voz de Hugo Chávez Frías, condenando los criminales actos perpetrados en Gaza por el ejército sionista de Israel.
Y no sólo lo condenó, sino que el 6 de enero de 2009, mientras progresaba la matanza en Gaza, expulsó al embajador de Israel en Caracas, y ocho días después, rompió relaciones diplomáticas con el Estado sionista, “ante la gravedad de las atrocidades contra el pueblo palestino, anunciando que “insistirá ante la comunidad internacional para que sean denunciados ante la Corte Penal Internacional los crímenes de lesa humanidad cometidos por el sionismo en Palestina.”
Noventa días después de la ruptura, el 27 de abril de 2009, habría de producirse el acto de establecimiento de las relaciones diplomáticas entre los Estados de Venezuela y Palestina, oficializado a través de un Comunicado conjunto cuya introducción señala que
“La República Bolivariana de Venezuela y el Estado de Palestina, guiados por el mutuo deseo de iniciar y desarrollar relaciones de amistad y cooperación entre ambos Estados en los campos político, económico, cultural, técnico, turístico y los demás que decidan de común acuerdo.” Horas más tarde, el canciller venezolano, Nicolás Maduro y el embajador palestino en Venezuela inauguraban la sede diplomática del país del Medio oriente en Caracas.
Pero Chávez no sería el único mandatario latinoamericano y caribeño en realizar ese acto de justicia y reparación histórica en favor del sufrido pueblo palestino, sino que, imbuidos de mismo espíritu solidario y de rebeldía que les ha permitido avanzar en el proceso libertario e integrador, otros gobernantes progresistas de la región como Lula, Cristina Fernández , Correa y Evo han reconocido como Estado libre y soberano a Palestina.
Y no fue una decisión minoritaria, pues más de un centenar de naciones de Europa, Asia y África lo han hecho, y en América además de Venezuela, lo hicieron Cuba, Nicaragua y Costa Rica, mientras que se espera que lo hagan Chile, Paraguay, Perú y Uruguay, con excepción de Colombia, que se ha demarcado de la iniciativa, al declarar la canciller Holguín que lo hará “el día que se logre un acuerdo de paz con Israel,” lo cual ahora es decir como que nunca.
La decisión ha sido calificada por Carlos Lozano Guillen, dirigente del Partido Comunista Colombiano, como “reaccionaria, de apoyo al sionismo terrorista y de la política exterior de Washington, quien señaló además que “de esta manera Colombia sigue arrodillada a los designios de las políticas del imperio norteamericano quedando a la zaga de sus hermanos latinoamericano, adelantando que “es un mal presagio sobre el papel que jugará Colombia como nuevo miembro del Consejo de Seguridad de la ONU.”
Por su parte y como era de esperarse, Washington rechazó en su conjunto la decisión de los cuatro países sudamericanos al criticar al gobierno argentino señalando a través de su portavoz oficial, Philip Crowley que “la decisión es contraproducente y constituye una distracción de las negociaciones de paz palestino-israelíes.
Pero la reacción más irrespetuosa a esa decisión provino de Ileana Ros-Lehtinen, congresista estadounidense nacida en Cuba, quien personifica a lo más retrógrado del cavernícola fascismo de la gusanera del exilio batistiano, al decir que “resulta incomprensible que estas naciones, buscan ser consideradas actores responsables en asuntos mundiales, realicen una acción unilateral como ésta que mina las perspectivas de una paz verdadera y duradera en el Medio Oriente.”
Y es que, en el caso de Ileana, como lo afirmó Bolívar, se ilustra claramente que “El talento sin probidad es un azote”, ya que esa dama lo utiliza únicamente para hacer el mal, para atacar a los procesos revolucionarios de América Latina y el Caribe y sus líderes como el que vive Venezuela y el país que la vio nacer, como socia de Roger Noriega y Otto Reich, que apoya el asesinato de Fidel, y es amiga personal del terrorista Luis Posada Carriles y demás jerarcas de la mafia mayamera.
Pero como dijo el Quijote: “Ladran Sancho, señal de que avanzamos”, y los pueblos y gobiernos progresistas de América Latina que han reconocido a Palestina como Estado Libre y soberano, siguiendo el ejemplo dado por Venezuela y su líder, el Comandante Chávez, han dado un paso más en la dirección que habrá de conducirlos a ese mundo posible con el que sueñan todos los pueblos que buscan su definitiva liberación e independencia.