El moderno satán

Edmundo Orellana

Catedrático universitario

El crimen organizado está más fuerte que nunca, penetrando todo el tejido social, sin limitarse a los ambientes sórdidos en los que históricamente ha medrado el crimen tradicional. A diario, los medios de comunicación nos presentan claramente esta nueva y terrible realidad y todo parece indicar que no tenemos clara conciencia de ello.

Todos sabemos que estamos en crisis. Sin embargo, para nadie es sospechoso que se construyan nuevos edificios, nuevos hoteles se inauguren, más centros de entretenimiento se ofrezcan y rebosen de liquidez los bancos. Circula mucho dinero cuyo origen la crisis pone en duda, ciertamente. Los decomisos de grandes cantidades de dinero que entran y salen del país es apenas una pequeña parte del que movilizan los socios, nacionales y extranjeros, de la multinacional de la droga en sus transacciones en territorio nacional.

Algo está pasando y muy grave. El desprecio a la vida queda registrado casi a diario en los medios de comunicación, que gráficamente nos ilustran la brutalidad de las masacres y la crueldad que aplican en sus crímenes. Pronto dejará de sorprendernos y la señal será cuando los periódicos ofrezcan la noticia en las páginas interiores.

El ministro de Seguridad denuncia que un narcotraficante hondureño no fue capturado en Honduras, prefiriendo que lo hicieran las autoridades colombianas, porque no confía en los jueces penales.

Seguidamente acusa a funcionarios de elección popular de ser piezas importantes del narcotráfico, igual que en otras oportunidades ha señalado a los miembros de la misma policía, cuya bonanza económica personal es un hecho notorio e inexplicable, pero que no mueve a investigación alguna. La contaminación es general e indiscriminada.

Esa es la explicación de por qué ejecutan sus crímenes sin temor a ser capturados. No le temen a la autoridad porque tienen acceso al poder político, ni a las cárceles porque están bajo su total control ¡Hasta desaparecen aviones de bases militares!

¿Qué está pasando en nuestro país? ¿A qué estamos expuestos? Si seguimos observando con disimulo lo que pasa a nuestro alrededor, indiferentes ante los horrendos crímenes que a diario acontecen, “blanqueando” los ingresos ilegales del crimen organizado y facilitando su acceso a las esferas del poder político, nuestro futuro estará inexorable y gravemente contaminado por el crimen organizado.

Estamos ante un fenómeno real, actual, envolvente, arrollador, grotesco y letal, caracterizado por su crueldad, su obscenidad y total ausencia de escrúpulos, que se ha generado en las entrañas de nuestras sociedades y está ahí creciendo, alimentándose de sus vísceras, aunque, en ocasiones, se nos presente con una imagen fresca, moderna, desenfadada y con estilo, que provoca emular.

No es un fenómeno disfuncional con perfiles tradicionales. Es una mina de oro por las fabulosas cantidades de dinero que moviliza el crimen organizado. La captura de unos resulta en el fortalecimiento de otros. El destino del dinero decomisado debe aceptarse de buena fe. La tentación para quienes investigan, acusan o están llamados a juzgar, se ofrece atrevidamente seductora.

En un ambiente en el que pueden sacar provecho todos los que tienen oportunidad de participar, difícil, pero muy difícil, es vencer a los malos, porque llega el momento en que nadie sabe de qué lado está el malo.
Estamos, indiscutiblemente, ante la última versión de la expresión suprema del mal. F/elpatriotahn.com