Silvia Consuegra
Los siguientes son algunos apartes del articulo realizado en la revista semana, con respecto a lo acontecido en san Bernardo del Viento…
El asesinato de dos estudiantes bogotanos en San Bernardo del Viento, pone trágicamente en evidencia el régimen de terror en el que viven varias zonas del país. SEMANA cuenta toda la historia.
Alrededor de la una de la tarde del lunes 10 de enero, dos planetas hicieron colisión en las afueras del pueblo cordobés de San Bernardo del Viento. Uno de ellos era una joven pareja de biólogos urbanos, jóvenes y enamorados, a punto de graduarse, que seguía la órbita desprevenida de su interés en los manatíes y los manglares, mientras regresaban en vestido de baño y camiseta después de pasar la mañana en la Playa de los Venados. Contra ellos se estrelló de golpe otro planeta, el del régimen de terror impuesto en esa y en tantas zonas rurales de Colombia por los asesinos que, con ocho disparos, acabaron en un instante con sus vidas y sus proyectos.
…La siguiente noticia les llegó a las dos familias al final del lunes: desde el celular de Margarita, la voz impersonal de un funcionario del CTI había informado a Consuelo: «A su hija y al muchacho los ultimaron». Una llamada similar recibió una de las dos hermanas de Mateo, en Cartagena.
….Margarita Gómez había cumplido 23 años el 9 de julio. Mateo Matamala debía cumplir 27 el 15 de agosto. Aunque se habían visto a menudo por varios años en la Facultad de Biología de la Universidad de los Andes, en Bogotá, estaban juntos apenas desde mediados del año pasado.
…Los hijos no deben morir antes que los padres. Cuando esto se dice es un lugar común; cuando pasa, una verdad fatídica. La descripción de la vida y muerte de sus hijos que hicieron a SEMANA José Carlos y Tatiana, en una oficina del norte de Bogotá, y Consuelo Gómez y Josefa, su madre y su abuela, en su apartamento del occidente de la capital, fue visiblemente una de las tareas más penosas de sus vidas: aceptar que su dolor privado fuese un asunto público.
…Por la descripción de sus padres, ambos lucen como esos jóvenes que, preocupados por el país y el planeta, deciden viajar con una guitarra y una cámara y consagrarse al trabajo con la naturaleza y al contacto con la gente, sin aspiraciones de hacer dinero y lejos de cualquier ambición personalista. Les importaban el prójimo y la naturaleza. Mateo, por ejemplo, había «adoptado» a ‘la Guajira’, una indigente que vive con 11 perros arriba de la universidad, cuya foto él se llevó al viaje y ahora está en la cadena de custodia.
…De lo que pasó una vez llegaron a San Bernardo solo quedan los indicios de sus llamadas diarias a sus padres. En la zona nadie vio nada, nadie oyó nada, nadie sabe nada. Como siempre. Como en tantos otros sitios de Colombia donde se impone la ley del silencio que emana de la punta del fusil. Para el coronel Héctor Pérez, comandante de Policía de Córdoba, es un silencio cómplice. Para la gente, la regla básica de supervivencia.
…En San Bernardo, detrás de sus playas paradisíacas gravitaba el mundo de la violencia, y en una larga lista de municipios a lo largo de esa costa se vive en medio del terror y los enfrentamientos entre tres grupos armados surgidos luego de la desmovilización paramilitar. Los violentos amos y señores de esa tierra espléndida -Los Urabeños, comandados por un hombre apodado ‘Gavilán’; Los Paisas y Los Rastrojos, que se han extendido nacionalmente desde el norte del Valle del Cauca- almacenan cocaína en los manglares y la sacan en lancha desde las playas, peleando ferozmente el control de cada caño, cada estero. Además de división natural, el río Sinú es una frontera invisible, acatada por la población con temor reverencial, entre Los Urabeños, que controlan la orilla izquierda, y Los Paisas, que ocupan la derecha, en el municipio de San Antero.
…Desde fines de 2009 empezaron los asesinatos. en San Bernardo. En 2010 hubo 15, que la Policía atribuye a choques entre esos grupos, un homicidio común y los de un ex alcalde y un profesor. «Lo que está ocurriendo en la actualidad es mucho más grave que cuando la zona estaba bajo control de Mancuso y ‘el Alemán’, pues en esa época había una estructura armada con jerarquía y cadena de mando», dice el Alcalde de Vientos, como se conoce popularmente el pueblo de San Bernardo. Ahora cualquiera da órdenes, andan sin uniformes, no tienen campamentos y se están matando entre ellos. Jóvenes sin empleo son reclutados en los billares; hay una vigilancia férrea sobre la gente local, lo que ha impuesto una desconfianza de todos sobre todos y sobre los que llegan de fuera. Y todos saben que al que hable lo espera un cajón.
«Mateo ingenuamente se metió en la boca del lobo», sentencia, lúgubre, su madre. Es difícil imaginar mejor descripción del paraíso al que llegaron los dos jóvenes.
En unas cabañas en las playas del Viento, los dos jóvenes montaron su carpa. El 4 de enero, contaron a sus padres que habían encontrado cabaña y comida por 25.000 pesos diarios. El 7, Margarita llamó a su mamá y le dijo que la pasaban tirados en la playa y caminando. «Nos amamos todo el tiempo», le contó. El 8, dijeron que estaban almorzando y la llamada se cortó. Y el 10, hacia mediodía, hicieron la última llamada, y contaron que volvían de la Playa de los Venados, a buscar las maletas e irse a Montería para el vuelo que Margarita nunca tomaría al día siguiente. Una hora después, un ruido de disparos fue escuchado por los pescadores de ese corregimiento. A las cinco de la tarde, las autoridades llegaron de Lorica a hacer el levantamiento. Al día siguiente, José Carlos, el papá de Mateo, llegó por el cuerpo de su hijo y la mamá y dos tíos fueron por el de Margarita. La Policía está convencida de que fueron Los Urabeños.
¿Por qué los mataron? La respuesta fácil es que estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado. O que, por andar grabando pájaros y fotografiando manatíes, los confundieron con espías: de la Policía, del Ejército, de la guerrilla, del bando criminal enemigo… El problema es que todo el que viva o pase por esas zonas de Córdoba también está en el lugar equivocado en el momento equivocado. Mateo y Margarita iban en vestido de baño, con una pinta indeclinable de mochileros cachacos que no confunde ni al más despistado de los sicarios. Cámara y computador quedaron junto a ellos. Como dijo a SEMANA uno de los investigadores: los asesinos «querían enviar el mensaje de que tienen el control de la zona, donde no permiten ni curiosos».
Ese es el problema. En San Bernardo, en buena parte de esa costa y en muchas otras regiones hay grupos con el poder y las armas -y la tranquilidad, pues no hay Estado que los estorbe- para «no permitir curiosos». Cooptan o atemorizan. Compran autoridades. Han vuelto a las masacres, de las que hubo diez en ese departamento solo el año pasado. Terror para los locales; plomo para los de fuera. La muerte de Mateo Matamala y Margarita Gómez no es la primera y no será la última en Córdoba (ver articulo). Pese a los anuncios oficiales de reducción de la criminalidad y a la percepción de que Colombia dejó atrás la guerra, producto de los esfuerzos de seguridad -y de comunicaciones- de la administración Uribe, esta es tan solo una de las regiones del país asolada por una violencia que recuerda los peores momentos de enfrentamiento entre guerrilleros y paramilitares.
El gobierno se apresuró a convocar un consejo de seguridad en San Bernardo, al que asistieron altos funcionarios de la Fiscalía y la Policía, y a anunciar el envío de 700 efectivos. Algo tarde para los dos jóvenes y para los 575 asesinados en Córdoba el año pasado. Habrá que ver cuánto dura la presencia policial en San Bernardo y si se extiende al resto de Córdoba.
Como dijo la gobernadora, Marta Sáenz Correa, es trágico que solo la muerte de dos estudiantes de Bogotá lleve a las autoridades y al país urbano a pellizcarse. ¿Dónde estaban los medios, se preguntó, cuando mataron a 575 personas en Córdoba el año pasado? Es triste que los medios de comunicación -esta edición de SEMANA incluida- solo pongan nombre y rostro a los muertos cuando estos son destacados (o del interior, como dijo la Gobernadora). Además, ¿cuántos homicidios en Colombia ameritan una recompensa de 500 millones para dar con los autores, como ha ofrecido el gobierno en este caso?
El vil asesinato de Mateo y Margarita pone de presente dos cosas. Que esta guerra degradada de narcos, ex paramilitares, guerrilleros, bandidos, pueblos aterrorizados e inocentes asesinados o amedrentados aún no ha terminado. Una verdad de a puño en media Colombia, cuyo clamor apenas si se escucha en la otra media. Por otra parte, como dijo al final de la entrevista que dio a SEMANA la madre de Mateo, ambas muertes y las de tantos colombianos anónimos que no salen en los periódicos ni en la televisión dejan una pregunta: «¿Quién es más culpable: los que disparan o los que dejan disparar?». Los dos estudiantes y muchos otros fueron asesinados porque la seguridad en la zona está en manos de personajes con el nombre de ‘Gavilán’ y no en las de un Estado aún lejos de un control efectivo del territorio.
Allá, en el paraíso, colisionaron dos planetas. El del país urbano, que cree que el conflicto y la guerra quedaron atrás, y el planeta bárbaro, en el que viven cientos de miles de colombianos entre el miedo, el silencio y la muerte. Que no son dos planetas sino uno solo: el de esta tremenda Colombia, donde vivir y morir sigue siendo, para demasiada gente, un cara y sello. Mateo y Margarita apostaron toda su vida a cara, y, por una vez, les salió sello.
Tomado: Revista semana.com
Sólo queda una pregunta, será que todos los desaparecidos, torturados, desplazados y asesinados en Colombia tienen que ser estudiantes o egresados de la Universidad de los Andes, para que el mismo Jefe de Estado intervenga y se hagan sentir los clicks de camaras fotográficas, los canales derechistas colombianos se dignen mostrar el dolor de las familias por la televisión??????????. Haciendo la salvedad que sus familias merecen todo el respeto y consideracion por el vil asesinato de estos jóvenes y para ellos nuestra condolencia.
Esperamos respuesta a esto… si es que en algun momento en Colombia hay respuesta a muchos por que?
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