La presidenta Dilma prometió priorizar la educación. En el Brasil apenas el 10% de la población ha terminado la enseñanza superior, el 23% la media, y el 36% no terminaron ni la elemental. El ministro Fernando Haddad se ha comprometido a poner tiempo integral en la enseñanza media, combinando actividades curriculares con aprendizaje profesional.
Otro avance es la universalización de la enseñanza elemental, en la que se han matriculado el 98% de los brasileños de 7 a 14 años. Aunque cantidad no signifique calidad. Queda mucho por hacer. Quedan fuera de la escuela el 15% de los jóvenes de entre 15 y 17 años. Al desinterés, motivo principal, se unen la necesidad de trabajar y la dificultad de acceso a la escuela.
Ojalá que la propuesta de tiempo integral del ministro Haddad se vuelva realidad. En los países desarrollados los alumnos permanecen en la escuela, como promedio, 8 horas al día. En el Brasil sólo 4 horas y media. Las estadísticas indican que, en su casa, pasan el mismo tiempo ante el televisor y/o el ordenador. Nada que objetar, excepto el peligro de obesidad precoz. Pero ¡qué bueno sería si la televisión emitiera más cultura y menos entretenimiento y si en internet hubiera disponibles más contenidos educativos!
Los estudiantes brasileños leen 7.2 libros por año, 5.5 de los cuales son didácticos o mandados por la escuela. Y sólo 1.7 libro por propia decisión. Además, el 46% de los estudiantes no frecuentan la biblioteca.
En el Programa Internacional de Evaluación de Alumnado (Pisa 2009), aplicado en 65 países, el Brasil quedó en el puesto 53. En una escala de 1 a 800 puntos nuestro país alcanzó 401. En el apartado de lectura, el 49% de nuestros alumnos alcanzaron el nivel 1 (1 equivale a conocimiento rudimentario y 6 al más complejo), y nivel 1 también para el 69% de nuestros alumnos en matemáticas y el 54% en ciencias.
El Pisa se aplica a alumnos(as) de 15 años. En las pruebas de matemáticas y de lectura sólo 20 alumnos (0.1% del total), de los 20 mil encuestados, obtuvieron un 6; y ninguno en ciencias. En conjunto, es en matemáticas donde nuestros alumnos están más atrasados: 386 puntos (el máximo son 800). El MEC había previsto que alcanzarían 395. En lectura nuestros alumnos lograron 412 puntos, y en ciencias 405.
Estamos tan atrasados, que el Plan Nacional de Educación prevé que el Brasil alcance, en el Pisa, 477 puntos en el 2021. En el 2009 Lituania alcanzó 479, Italia 486, los Estados Unidos 496, Polonia 501, Japón 529 y China, la campeona, 577.
En los países más desarrollados el 50% del tiempo de instrucción obligatoria para alumnos de 9 a 11 años y el 40% del tiempo para alumnos de 12 a 14 años está ocupado por ciencias, matemáticas, literatura y redacción. Y en la enseñanza elemental no se admiten más de 20 alumnos por aula.
¿Dónde está nuestro tendón de Aquiles? En la falta de inversión: calificación de profesores, plan de carrera, equipamiento de las escuelas (informática, laboratorio, biblioteca, deporte, etc.).
Un análisis en 39 países hecho por la OCDE en el 2010 revela que la inversión del Brasil en educación apenas corresponde a 1/5 de lo que los países desarrollados invierten en dicho sector. EE.UU, Reino Unido, Japón, Austria, Italia y Dinamarca invierten unos US$ 94.589 por alumno durante todo el ciclo elemental. El Brasil invierte apenas US$ 19.516.
Aunque la OMC haya insinuado retirar la educación de la condición de obligación del Estado y derecho de todo ciudadano, para transformarla en simple negocio -a lo que el gobierno de Lula se opuso rotundamente-, el 5.2% del PIB que nuestro país invierte en educación es insuficiente. Lo cual favorece la multiplicación de las escuelas y universidades privadas de dudosa calidad. Entre los países más ricos el 90% de la inversión en la enseñanza elemental y media proviene del poder público.
Todavía tenemos 14 millones de analfabetos de 15 años o más. Sin contar los analfabetos funcionales. De los 135 millones de electores en el 2010, 27 millones no sabían leer ni escribir. El gobierno de Lula no implementó un plan eficiente de alfabetización de jóvenes y adultos.
Ojalá que Dilma cumpla la promesa de crear 6 mil nuevos jardines de infantes y que el MEC se convenza de que la alfabetización de jóvenes y adultos no se logra sólo con voluntarios afanosos. Es necesario un magisterio capacitado, calificado y bien remunerado.
Todos quisieran que sus hijos tuvieran excelentes profesores. ¿Pero quién sueña con ver a su hijo como profesor? En Corea del Sur, donde son tan bien remunerados como los médicos y los abogados, y prestigiados socialmente, todos conocen el proverbio que dice: “Nunca pise la sombre de un profesor”. (Traducción de J.L.Burguet)
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