¿Bienvenidos?


 

Está bien que el gobernador Luis Fortuño haya ido a España a promocionar a Puerto Rico como destino turístico, aunque al final la haya embarrado con su intento de hacernos pasar por lo que no somos: bilingues, biculturales y americanitos.

De que somos americanos no hay duda, porque Puerto Rico está en América, aunque no en Norteamérica, por lo que no podemos ser americanitos en el sentido que nos define Fortuño. Por pura definición geográfica, no podemos ser parte de algo que está en otra parte del planeta.

Pero estuvo bien que asistiera a la Feria Internacional de Turismo, por mucho la más importante, y que confirmara unos acuerdos para que turistas españoles vengan a Puerto Rico con mayor facilidad y mejores condiciones, que es en realidad la razón para los vuelos semanales que se iniciarán este año entre Madrid y Aguadilla.

No parece haber grandes dificultades para los turistas españoles cuando vienen por avión. Iberia mantiene vuelos regulares entre San Juan y Madrid que, sospecho, son mas utilizados por los boricuas que viajan a España que por los españoles mismos, pero lo cierto es que pueden ir y venir con relativa comodidad.

El caso no es el mismo cuando se trata de viajar a Puerto Rico por mar. En diciembre pasado, fue testigo del atropellante trato que brindan las autoridades federales de inmigración a los pasajeros que desembarcan en San Juan, sobre todo de cruceros transatlánticos. Y no es que discriminen, no. Tratan mal a todo el mundo, ciudadanos estadounidenses, residentes legales y extranjeros.

Imagínese usted lo que es atracar en San Juan a las 6:00 de la mañana y no poder desembarcar hasta las 2:00 de la tarde. O desembarcar durante la mañana y que los federales lo mantengan en una fila kilométrica por una hora o más, hasta que finalmente le llega su turno ante un agente de inmigración.

El disgusto en la fila de «no ciudadanos» de Estados Unidos, muchos de ellos europeos, canadienses (sí, Canadá está en Norteamérica pero no es Estados Unidos)  y suramericanos, era tal que pude escuchar comentarios muy negativos sobre Puerto Rico.

Traté de explicarles a una pareja de españoles que la inmigración en Puerto Rico estaba en manos de los federales, algo difícil de comprender porque los agentes eran todos puertorriqueños. Sin embargo, ellos entendieron porque uno comentó que el maltrato era resultado del coloniaje.

Escuché en la fila a una señora mayor, canadiense, agotada y sudorosa, decirle a su esposo: «»recuérdame no volver más nunca a Puerto Rico». No habló de no volver a Estados Unidos,no, porque el plato roto lo paga Puerto Rico.

Adentro, durante toda la mañana, hubo cuatro agentes de inmigración y uno solo atendiendo la fila de los «no ciudadanos». En un barco en el que viajan más de 3,000 pasajeros, imagínese usted cuántos eran los ciudadanos de otros países. Como a la 1:00 de la tarde, algún supervisor se dignó poner un segundo agente para ese grupo.

Al salir al exterior después de recoger el equipaje y pasadas las 2:00 de la tarde, el espectáculo era deprimente: una larguísima cola de más de mil personas esperando para abordar. Eran los pasajeros del próximo recorrido del barco, que iniciaban sus vacaciones sudando la gota gorda en una fila interminable que no se movería hasta que saliera el último pasajero desembarcado, o sea, después de las 3:00.

Así que, está bien que Fortuño se consiga más turistas que vengan a conocer nuestra Isla, pero aparte de su recorrido por España, debe darse una vueltecita por Washington y hablar con sus conciudadanos americanosw a ver si le dan una mano para que muchos de esos visitantes consigan entrar al país. Primerahora.com

SC.