Ulises Canales
Opositores mantienen hoy sus reivindicaciones callejeras en Egipto, pese a que fuerzas opositoras accedieron a dialogar con el Gobierno y un progresivo retorno a la normalidad amenaza con aislar a los manifestantes.
La plaza Tahrir en el centro de El Cairo, convertida en símbolo de la resistencia de quienes exigen la renuncia del presidente Hosni Mubarak, continúa copada por miles de activistas que aseguran estar dispuestos a permanecer allí hasta conseguir su propósito.
El llamado oficial al diálogo, que algunos opositores consideran una táctica divisionista, coincidió con preparativos de plegarias y misas conjuntas islámicas y cristianas en Tahrir, a fin de mostrar la unidad de las dos confesiones religiosas frente al Gobierno de Mubarak.
Musulmanes anunciaron que formarán un cordón alrededor de los cristianos para protegerlos mientras toman parte en la homilía del domingo en la referida plaza, tal como hicieron los devotos de Cristo el pasado viernes durante el rezo colectivo islámico.
Al igual que en esta capital, en Alejandría y otras ciudades del país persisten movilizaciones de amplios sectores opositores, aunque con menor magnitud que en días anteriores por la vuelta de muchas personas a sus actividades laborales tras 13 días de convulsión social.
El Gobierno de Mubarak, por intermedio de su vicepresidente Omar Suleiman y de su primer ministro Ahmed Shafiq consiguió sentar a la mesa de negociaciones a la ilegalizada Hermandad Musulmana (HM) y a los partidos liberal Wafd y Tagammu (oposición laica).
El portavoz de la agrupación islamista proscripta desde 1954, Essam el-Erian, aseguró que «no cambiamos nuestra postura», sino que «decidimos llevar las demandas del pueblo a la mesa de negociación».
Otro miembro de la HM, Farid Ismail, alegó que las renuncias del sábado de la cúpula del gobernante Partido Nacional Democrático (PND), incluida la del hijo de Mubarak, Gamal, «son una señal de la muerte del régimen, de que los pilares del régimen se están desmoronando».
Portavoces de la organización añadieron que el diálogo persigue eliminar la «interferencia extranjera o regional en nuestros asuntos», en lo que se interpretó como un intento de distanciarse de Irán, donde se comparó la revuelta en Egipto con la revolución islamista de 1979.
Por su lado, el líder del Wafd, Munir Fakhri, aseguró que las pláticas sostenidas el sábado con el vicepresidente Omar Suleiman están estancadas y consideró «muy difícil llegar a algún compromiso».
Cualquier entendimiento, sostuvo Fakhri, será imposible «mientras los manifestantes no estén dispuestos a deponer el nivel de sus demandas -básicamente que Mubarak renuncie- y el régimen se niegue a dar pasos para satisfacer al menos parte de esas reivindicaciones».
Sin embargo, el Gobierno parece decidido a suprimir toda acción que avive la confrontación y recurre a la persuasión para que los manifestantes abandonen la plaza Tahrir y otros escenarios de protesta, a la par que dispuso reanudar las labores en varios sectores.
Los bancos abrieron este domingo luego de 11 días de inactividad forzada por las revueltas callejeras, aunque con limitaciones para la extracción o transferencias de dinero, y la mayoría de los centros laborales volvieron a funcionar, incluidos tribunales y tiendas.Ω