Por: Redacción El País de España y El Espectador

>Arianna Huffington, fundadora de ‘The Huffington Post’
Arianna Huffington realizó sus estudios universitarios en Cambridge.
“En el infierno hay un lugar especial reservado para quienes pudieron haber hecho algo para detener la guerra de Irak y no lo hicieron, y entre ellos se encuentra Hillary Clinton”. La autora de la frase es Arianna Huffington, griega, liberal, 59 años, creadora —junto a Kenneth Lerer— de The Huffington Post, el portal de internet que esta semana ocupó la primera página de los medios de todo el planeta.
America On Line (AOL), la gigantesca empresa de servicios y contenidos en internet, compra The Huffington Post para crear un medio global de “nueva generación”, anunciaron las agencias de noticias, y aseguraron además que el negocio se había cerrado por US$315 millones. La transacción —escribió Huffington en su Twitter— fue celebrada con “champán y galletas griegas”.
Festejaba que ahora será la cabeza de una nueva empresa, The Huffington Post Media Group, que ofrecerá los contenidos de su página web y los de los diferentes sitios de AOL. La meta: alcanzar cerca de 117 millones de usuarios en Estados Unidos y 270 millones en todo el mundo.
La nueva compañía tendrá su apellido, que es su sello, y que no fue herencia de su padre sino de su exesposo: el multimillonario Michael Huffington, amigo de la familia Bush, magnate de la industria petrolera y congresista republicano de la Cámara de Representantes de EE.UU. por los años en que se conocieron y se enamoraron —1985—.
Huffington —esposo— nunca logró llegar al Senado. Así como Huffington —Arianna— se enfrentó a la derrota en 2003 al presentarse como independiente para ocupar la Gobernación de California. En medio de la campaña se volvió escándalo nacional la noticia de que la rubia, de acento griego, de ideas liberales y siempre crítica, sólo había pagado US$771 de impuestos durante dos años. Triunfó el actor Arnold Schwarzenegger.
“Fue una experiencia de la que aprendí mucho, y he escrito mucho del fracaso en mis libros; eso, obviamente, fue un fracaso, pero el fracaso no es lo contrario del éxito, el fracaso muchas veces es la piedra con la que te tropiezas en el camino al éxito”, diría años después en entrevista al diario El País de España.
Para ese momento ya había firmado el divorcio (1998). Fueron 12 años de matrimonio, de entrega completa a la carrera política del señor Huffington, quien llegó hasta las altas esferas del Departamento de Defensa en la administración de Ronald Reagan. Lo apoyó en los triunfos y en las caídas. Lo respaldó cuando era candidato a una curul del Senado y fue acusado de tener como empleada a una inmigrante sin papeles. Ella asumió públicamente toda la culpa.
Pasaron dos meses luego de la separación cuando Michael Huffington, en una entrevista con la revista Esquire, declaró su bisexualidad. Desde entonces es miembro activo del movimiento LGTB (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transgeneristas). Casi al mismo tiempo ella saltó del conservatismo de los republicanos al liberalismo.
Nace The Huffington Post
Esta es la historia de The Huffington Post en cifras: inicialmente escribían allí cerca de 500 blogueros en las áreas de cultura, política y periodismo, hoy son 6.000. El mes pasado recibió más de 2,8 millones de comentarios de sus lectores. Cuenta con más de 12,3 millones de usuarios únicos al mes (dos millones hace tan sólo dos años). Ocupa el tercer puesto entre los sitios de información más seguidos del mundo, por delante de The Washington Post, The Wall Street Journal y USA Today. Y hay quienes se atreven a asegurar que al finalizar 2011 podría arrebatarle el primer puesto del ranking a The New York Times.
Este gigante de los medios on-line nació en el Century Club de Nueva York, un pequeño restaurante chapado a la antigua, al que Arthur M. Schlesinger —historiador y crítico social, exasesor de John F. Kennedy— invitó a comer a Arianna. Hablaron de política, de cultura, de los escritos magistrales de Schlesinger, de la posibilidad de que se leyeran más a menudo en la internet. Hablaron de la creación de un blog para reproducir sus palabras, y nació The Huffington Post. “Cuando lanzamos la web se quedó estupefacto con la cantidad de gente que le leyó”, cuenta ella.
Luego empezó a reclutar a políticos, periodistas, actores, directores de cine, escritores: Norman Mailer, Nora Ephron, Alec Baldwin, John Cusack. Empezó también a edificar una estrategia para el nuevo medio que cada vez se hacía más grande, más visitado, más reconocido. Decidió que además de los artículos propios seleccionarían las noticias más destacadas de otros medios y las presentarían con enfoques innovadores y llamativos, al mismo tiempo que generarían tráfico hacia esos medios a través de enlaces. Así funciona hasta ahora.
Desde un edificio del barrio Soho de Nueva York opera esta empresa denominada “el experimento periodístico web más sorpresivo del nuevo siglo”, con un ejército de jóvenes periodistas y blogueros entre los 20 y 30 años que suman apenas 127 empleados, frente a los mil de The New York Times.
Siempre en las entrevistas Arianna Huffington se rehusaba a hablar de cifras, del crecimiento de la compañía traducido en números. Sólo atinaba a decir “ya somos rentables”. Y explicaba que la contratación del exdirector de publicidad de Yahoo! y de diez experimentados ejecutivos de ventas —de General Electric, Coke, Mercedes, Johnson&Johnson, Siemens, Microsoft, Toyota, Pepsi— fueron su salvación. Según un informe de Business Insider, en 2009 los ingresos de The Huffington Post llegaron a US$15,9 millones.
Lo que sí suele repetir cuando es entrevistada, que ha adoptado también como su filosofía, es que “una de las cosas más importantes en periodismo es contar historias. No sólo dar estadísticas, números, hechos”.
La voz de Arianna Huffington se ha escuchado en programas informativos, de opinión y de crítica, en Inglaterra y Estados Unidos. Se ha escuchado admitiendo que siempre ha sido progresista en los temas sociales; que está a favor del aborto, del control de las armas, de los derechos de los homosexuales, incluso cuando era republicana. “La gran diferencia es que hubo un tiempo en el que creí que el sector privado resolvería los problemas sociales de América (Estados Unidos). Luego vi en primera línea que eso no iba a producirse”.
Hoy la creación de la rubia —nacida en julio de 1950 en Atenas. Hija de Constantine Stassinopoulos, un periodista que cayó prisionero en campos de concentración durante la ocupación nazi— está en proceso de convertirse en uno de los medios más poderosos del planeta. Y ella seguirá al frente, representando su apellido de casada, el Huffington que esta semana resonó en el mundo.