Por Félix Albisu (Prensa Latina*)
México, (PL) El Monumento a la Revolución Mexicana, ubicado en la zona céntrica del Distrito Federal, fue objeto a propósito del centenario de esa gesta libertaria de trascendencia mundial, de una restauración que le devolvió su esplendor y reconquistó el interés de los visitantes.
La reparación, concluida a finales del 2010, abarcó todo la extensa área monumental, incluidas las espaciosas explanadas que apuntan en forma descendente hacia los cuatro puntos cardinales de la Ciudad de México.
Esta imponente edificación, construida entre 1933 y 1938 sobre el proyecto original de un Palacio Legislativo -ideado a finales del siglo XVIII por el entonces presidente Porfirio Díaz-, muestra reluciente de nuevo hoy su cúpula dorada, en medio de un entorno que combina lo antiguo con toques de modernidad.
La primera piedra para la sede de las Cámaras de Diputados y Senadores fue colocada en 1910, plan truncado por el triunfo de las luchas revolucionarias ocurridas en el país y la etapa de crisis económica que vivió entonces la República Mexicana.
Cuando se construyó el Monumento, a cargo del arquitecto mexicano Carlos Obregón Santacilia, la edificación contaba solo con una angosta escalera en una de las cuatro bases cuadrangulares gigantes para el ascenso hasta la cúpula.
Ahora para contemplar la ciudad desde la altura de su mirador circular, los visitantes disponen de un ascensor transparente de cristal que facilita el ascenso a cuanto turista desee una observación privilegiada del Distrito Federal.
Sobresale la edificación por su colosal y geométrica construcción -cilíndrica en su centro-, la cual remite a la arquitectura prehispánica, a la vez que es fiel representante de una las corrientes arquitectónicas de aquel momento de los primeros años del siglo pasado: el Art Deco.
La ubicación del Monumento a la Revolución favorece que sea uno de los lugares más emblemáticos en la Ciudad de México, donde se localiza la Plaza de la República, ubicada en el barrio Tabacalera del céntrico municipio (Delegación) Cuauhtémoc.
Edificaciones como el Frontón-México, el más antiguo de su tipo en América, forma parte del entorno próximo al Paseo de la Reforma y la extensa Avenida Insurgentes Norte.
En el sitio se hacen presentes los grupos escultóricos asentados sobre las pechinas de su cúpula de cobre -nuevamente restaurada ahora-, que fueron creados por el artista Oliverio Martínez y representan la Independencia, las Leyes de la Reforma, las Leyes Agrarias y las Leyes Obreras.
Posteriormente, en febrero de 1936, el gobierno mexicano emitió un decreto que otorgó al monumento la función de recinto funerario.
Entonces se adaptaron criptas en sus cuatro robustas columnas bases, donde fueron traídos en 1942 los restos mortales del ex presidente Venustiano Carranza desde el Panteón Civil de Dolores, a propósito de la celebración ese año del inicio de la Revolución.
Después, en otra de las columnas fueron colocados los de Francisco I. Madero, que reposaban en el capitalino Panteón Francés; ello ocurrió el 20 de noviembre de 1960, día de celebraciones por la efeméride.
Más tarde fueron a su vez depositadas allí las cenizas de Plutarco Elías Calles, en la celebración de 1969, hasta que la cuarta columna recibió las de también ex presidente Lázaro Cárdenas, cuando éste falleció el 19 de octubre de 1970.
Por último, trasladados desde el Panteón Civil de Hidalgo del Parral, en Chihuahua, fueron depositados en el monumento los restos del líder revolucionario Francisco Villa
durante la ceremonia conmemorativa del movimiento revolucionario mexicano de 1976, para lo cual fue necesario habilitar una quinta cripta.
La reciente restauración de ese centro conmemorativo abarcó su sótano, en el que está ubicado el Museo Nacional de la Revolución, el cual fue inaugurado el 20 de noviembre de 1986.
Esa área museable recoge parte de los acontecimientos del país con la exposición permanente «Sesenta y tres años en la historia de México 1857-1920», que abarca desde la promulgación de la Constitución de aquel año hasta la presidencia de Carranza, además de la etapa del período revolucionario.
En los últimos años la conservación del Monumento a la Revolución se tornaba precaria, e incluso, fuera de actos oficiales, eran contados los transeúntes que se acercaban al lugar, con una impactante oscuridad en las noches.
Después de la restauración, el sitio se abrió en el inicio del 2011 a un flujo constante de visitas de nacionales y extranjeros, principalmente niños y adolescentes.
En el monumento, integrado ahora al corredor turístico del Centro Histórico, disfrutan recién los visitantes del esplendor del lugar, bellamente iluminado con luces multicolores y una fuente de agua con chorros propulsados de distintas formas y colores, que adornan con gusto todo su entorno, cubierto con nuevos pisos, columnas relucientes y abundantes palmeras.
(*) El autor es corresponsal jefe de Prensa Latina en México.>Ω