Katia Monteagudo
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La extradición de Julian Assange a Suecia podría ser otro paso para condenar y acallar la inquieta voz que sacó a la luz pública reveladores documentos de la política norteamericana más reciente.
El fundador del portal de denuncias anónimas Wikileaks apeló ante la Alta Corte de Londres, y continúa negando los cuatro presuntos delitos de agresión sexual que se le endilgan.
Assange sostiene que el caso responde a motivaciones políticas, tras la difusión en su página web y en varios diarios, de miles de cables confidenciales de la diplomacia norteamericana, y documentos secretos sobre las guerras en Irak y Afganistán.
Aunque hasta hoy el gobierno de los Estados Unidos no ha encontrado la manera legal de acusarlo por conspiración, Assange asegura que allí harán todo lo posible por incriminarlo.
Mientras el australiano y sus abogados batallan contra la decisión del juez británico Howard Riddel, las amenazas contra su persona no cesan y son cada día más los convencidos de que su intrepidez le costará cara.
Recién Paul Craig Roberts, Secretario Adjunto del Tesoro en los tiempos del presidente norteamericano Ronald Reagan, dijo en la televisión que Assange simplemente será asesinado por la CIA.
A pesar de que continúan divididas las razones sobre la validez de este tipo de periodismo, cada día toma más cuerpo la concepción que señala a Internet como el nuevo escenario del gobierno de los Estados Unidos en su guerra contra el terrorismo.
Análisis coinciden en que si bien Wikileaks podría ser la excusa para justificar nuevas intervenciones militares y el despliegue a gran escala de una ciberguerra, no hay dudas de que el contenido filtrado deja mal parada a la diplomacia norteamericana, y demuestra la actitud intervencionista de ese gobierno.
Para Robert Meeropol, el hijo menor de Ethel y Julius Rosenberg, no es casualidad que Julian Assange pudiese enfrentar en los Estados Unidos cargos de conspiración por violar la versión moderna de la Ley de Espionaje de 1917, por la cual fueron condenados sus padres a la silla eléctrica.
El actual Director Ejecutivo de la Rosenberg Fund for Children afirma que para ello solo la fiscalía necesitaría presentar una evidencia de que por lo menos dos personas se pusieron de acuerdo e hicieron un acto para promover un plan ilegal.
Si vemos la situación de Wikileaks –afirma-, a través de esta óptica, es evidente por qué el gobierno norteamericano quiere acusar a Assange de conspiración y a cualquiera de su comunidad.
Este método de dividir y conquistar –enfatiza-, tiene como propósito fragmentar al grupo, sembrar semillas de desconfianza dentro de la comunidad en general, e intimidar a otros para que colaboren. Este tipo de ataque amenaza a cada activista de izquierda, puntualiza Meeropol.
Para Pepe Escobar, reconocido experto sobre el tema y autor del libro Obama does Globalistan, el gobierno estadounidense se dispone a hacerle la tortura del submarino a Wikileaks, y de paso ahogar al periodismo de investigación.
Incluso la reconocida periodista norteamericana de la televisión Bárbara Walters, entrevistadora de talla mundial, se refiere a Assange como un “criminal de frontera”.
Y Bill Keller, editor jefe del The New York Times, ha reiterado públicamente que “la libertad de prensa incluye la libertad para no publicar algo, y esa es una libertad de la que nosotros hacemos uso con cierta regularidad”.
Escobar sostiene que la justicia norteamericana intentará todos los medios posibles para que el soldado Bradley Manning, en prisión desde hace meses por la sospecha de bajar sin autorización el material divulgado, acuse a Assange de conspirador.
Solo una persona ingenua –comenta el también periodista del Asia Times Online-, podría creer que el Departamento de Justicia estadounidense no ordenó al gobierno sueco que movilizara a la INTERPOL para que emitiera velozmente una orden de arresto.
Jack Balkin, profesor de Derecho en la Universidad de Yale, es otro de los convencidos de que “la teoría de la conspiración amenaza también al periodismo tradicional”.
No obstante, el portal de denuncias anónimas dirigido por el australiano, mantiene el goteo de los 250 mil informes filtrados del Departamento de Estado norteamericano, y continúa recibiendo nuevos documentos secretos.
Recién Rudolf Elmer, ex jefe de operaciones del banco Julius Baer, en Islas Caimán, entregó a Assange datos confidenciales que podrían revelar varios casos de fraude fiscal.
Según expertos, hasta la fecha solo se conoce el dos por ciento de los cables que Wikileaks tiene en su poder. Al ritmo actual, demoraría 20 años conocer todo su contenido, aunque ya tiene su versión latinoamericana, gracias a un acuerdo de varios periódicos de la región con Assange.
Los diarios El Espectador, de Colombia; Página 12, de Argentina; El Comercio, de Perú, y La Jornada, de México, fueron los primeros en recibir más de 20 mil cables diplomáticos que comenzaron a difundir.
También se sumaron al cablegate El País, de Uruguay; La Nación, de Costa Rica, y el Centro de Investigaciones e Información Periodística de Chile.
Los cinco primeros medios escogidos -The New York Times, The Guardian, El País, Le Monde y Der Spigel- perdieron el monopolio sobre las revelaciones de los 251 mil 187 cables o comunicados entre el Departamento de Estado norteamericano y sus embajadas en todo el mundo.
Ya hay otras miradas sobre los comentarios oficiales expuestos en esos archivos sobre guerras, conflictos, luchas geopolíticas y diplomáticas actuales, detalles de personalidades y hábitos de mandatarios, casos de corrupción, presiones a empresas o negociaciones secretas.
Para el periodista y escritor Israel Shamir, autor del artículo Cuba en el espejo Wikileaks, en los miles de documentos divulgados, como nunca antes se puede observar a profundidad los intereses y la actividad estadounidense.
A su juicio, Cuba resulta uno de los temas que con más constancia atiende la diplomacia norteamericana por el mundo. “Al parecer los Estados Unidos no ha perdido en nada su pasión de guerra fría contra Cuba”, detalla en el citado texto.
El portal Cubadebate refiere que hasta ahora se conoce la existencia de dos mil 80 cables en los que se habla directa o indirectamente sobre la nación caribeña, aunque solo 150 están publicados.
En esos informes se aprecia que los mayores intereses versan sobre la salud de sus líderes históricos, el ambiente de seguridad y las perspectivas de cambios políticos.
También se interesan por sus relaciones comerciales internacionales, especialmente España y Brasil; las deudas financieras y la ayuda médica a otros pueblos.
La lectura de esos cables -según Israel Shamir-, demuestra que el apoyo mundial a Cuba está lejos de terminar, y que los estadounidenses harían bien en pedir a su gobierno que deje de malgastar sus recursos en la oscura guerra contra esa pequeña isla del Caribe.
Todas estas informaciones corresponden a la cuarta entrega consecutiva hecha por Wikileaks el pasado año, en el que dio a conocer el video Baghdad Airstrike.
Esas imágenes impactaron al mundo, ya que cuestionaron la versión oficial sobre cómo el ejército estadounidense asesinó desde un helicóptero a 11 iraquíes, en julio de 2007, entre ellos un fotógrafo y un conductor de la agencia de noticias Reuters.
También en el 2010 Wikileaks logró que varios medios publicaran información acerca de las guerras en Afganistán e Irak, de las cuales posee más de 200 mil documentos sobre operaciones encubiertas, el uso de la tortura y el exterminio de civiles.
Para entendidos Wikileaks constituye la primera ciberguerrilla de Internet, y a pesar de los intentos por apagar la inquieta voz de Julian Assange, este mantiene su goteo incómodo, al que se sumó también Al Jazzira, ahora con su propio canal para la información confidencial.
R.M