Clodovaldo Hernández
Prodigio Pérez me sorprendió con su análisis de esta semana porque lo inició con una reflexión más erótica que política. Sentenció que el problema con los hombres es bastante simple: los jóvenes pueden, pero no saben; y los viejos saben, pero no pueden. «¿Qué es, Prodi… a qué viene esa puñalada trapera?», atiné a preguntarle.
Todavía no me recuperaba de la sorpresa (es que Prodigio es una tipa muy seria, no me esperaba de ella un chiste tan cuaimático), cuando me explicó cómo se relaciona con la realidad política esa inusual incursión suya en las arenas de la inconformidad femenina. «Lo digo para retratar la magnitud de la desgracia de la oposición: sus viejos saben, pero no pueden; y sus jóvenes ni saben ni pueden».
Prodi analizó el frustrado debate juvenil en cadena nacional, que no se realizó porque los muchachos y las muchachas del antichavismo rave se negaron a concurrir, alegando para ello un ramillete de excusas, a cual más vacua. «¡Dios mío, es que son taaaan gallos!», exclamó Prodigio, sorprendiéndome nuevamente, esta vez con su vocabulario liceístico.
Pérez está convencida de que cualquier episodio de cobardía política tiene efectos irreversibles en la reputación de sus protagonistas y consecuencias nefastas en la moral de las bases. «Si los estudiantes chavistas los hubiesen retado a caerse a trompadas en la Esquina Caliente, hubiese sido perfectamente comprensible que muchachos con las manitos todavía blancas se negaran a una forma tan bárbara de dirimir las discrepancias. Si hubiesen puesto el set del debate en la Subida del Caballo, allá en Carapita, cualquiera habría entendido que los muchachitos no quisieran ir, y menos ahora que prohibieron el fun race. Pero, por favor, la cita era en Televen, para que jugaran como locales, y los estaban desafiando a confrontar ideas, puntos de vista. Las trompadas que tenían que darse eran retóricas».
Según la analista, este capítulo completa un trimestre horrible para la contrarrevolución. «Primero, el equipo todo-estrella de la Mesa de la Unidad en la Asamblea Nacional recibió una pela tras otra en las interpelaciones. Se supone que sabían cómo noquear a los ministros, pero no pudieron ganarles ni siquiera un round. Ahora, cuando la división junior tuvo la oportunidad de oro para lucirse ante el país, lo que demostró fue ser correlona y pataruca».
La politóloga ofreció su sentencia final para los chicos y las chicas very nice de la sociedad civil: «Perdieron, panitas, no importa lo que les digan papá, mamá, la recia rectora, los pintacaritas que los asesoran ni los medios alcahuetes que los toñequean hasta niveles caricaturescos. Perdieron… y por forfait, que es la peor manera de perder». El Universal
CM