“Hacer de cada hombre una antorcha”. Divisa Martiana

 

Dalia de Jesús Rodríguez Bencomo.

Universidad de Oriente. Cuba.

Los tiempos modernos nos vuelven la mirada, una vez más, hacia la magnánima obra de trascendencia  histórica y universal del revolucionario José Martí; reveladora del valor imperecedero de todo su pensamiento y de la impostergable urgencia de que se le tenga presente en esta época de espinosos retos al género humano.

Hoy, cuando algunos valores se tuercen, cuando algunos pierde el rumbo, Martí nos sugiere desde la distancia el único camino que no es, ni será asaltado por la historia, el único camino legítimo y verdadero para lograr el triunfo personal y social demandado: el de ser grande a partir  del ejercicio de si mismo;  el de surgir y desarrollarse, esencialmente, por medio del cultivo de los propios valores y potencialidades que se albergan en cada uno de nosotros. Todo  lo cual significa el empleo de la identidad y especificidad humana en función de un progreso mayor y del bienestar de los demás.

Ya 1875 Martí  nos ofrece uno de sus conceptos de hombre: “Hombre es algo más que ser torpemente vivo: es entender una misión, ennoblecerla y cumplirla”. Desde esta definición nos deja precisada la relación profunda que para el existe entre la identidad portada, la ejercida y el sentido de funcionalidad que debe tener la identidad humana. Completa su idea afirmando:   ”Se es hombre para serlo” .

El cubano albergaba la confianza de que esta existencia superior del hombre era posible de lograr dado a que todo individuo es portador potencial de una serie de elementos o “fuerzas” – como él mismo denomina – inherente sólo a él, que lo diferencian del resto de la naturaleza viva.

Entre las potencialidades  identificadoras del hombre consideraba se encontraba: La “fuerza de la inteligencia”, “del conocer”, “del genio”, del “decoro”, de la “libertad”, de la “dignidad”…Fuerzas que no sólo identificaban al género humano, sino que creaban el terreno para su autosuperación. En este sentido, Martí dejaba fuera de lugar las ideas en torno a la inferioridad de unos hombres con respecto a otro, todos tienen por naturaleza las mismas posibilidades,  en tanto elementos positivos contenidos en sí mismos.

Sin embargo, consideraba que estos elementos positivos identificadores del hombre tan sólo constituían eso: el terreno propicio para un desenvolvimiento superior; que por tanto, no es suficiente poseer esa identidad elemental, sino que es necesario hacer uso de ella.

La  debida utilización de esas potencialidades albergadas en cada ser quedaría – según Martí – inevitablemente reflejada, tanto en una conducta independiente al crear y al conducirse, como en la elaboración de un producto cultural auténtico y genuino. Actuación que dejaría sin lugar actitudes copistas, de amor excesivo a lo foráneo, de indiferencia y de autosubestimación  dañinas al progreso real y autónomo.

Consideraba elementos dinamizadores de la identidad humana los siguientes: el sentido de la vida: el hombre está llamado a descubrir y ejercer sus propias fuerzas: ”El fin de la vida no es más que el logro difícil de la compensación y conciliación de las fuerzas vitales’’  ; muy ligado a este el sentido de la utilidad de la existencia humana,  ya que se viene al mundo – según el Maestro – para tener una vida productiva ” … no se viene a la vida para disfrutar  de productos ajenos, se trae la obligación de  crear los propios”  ; el sentido del respeto propio y de la dignidad, obran también como elementos dinámicos: “Nadie brille sobre nadie… cada uno haga su obra ”. Todos estamos llamados a movilizar los elementos favorables de que estamos dotados naturalmente y que nos coloca en la condición que ostentamos. El sentido del deber, para con la patria y la humanidad. El sentido de hacer el bien. Estos dos últimos elementos son centrales en Martí, si bien es cierto que defiende la posibilidad de lograr el progreso, principalmente a partir del ejercicio de las potencialidades albergada en cada entidad social, también es cierto que defiende la idea de que el adelanto, de cada cual: hombre, nación o continente no debe ir en detrimento del bien de otros.

Todos estos elementos le imprimen – según Martí – una dirección y sentido al desenvolvimiento de los elementos identificativos  del hombre que el mismo debe tener en cuenta en su conducción ante la vida.

Para Martí existen otras razones que condicionan objetivamente la necesidad de la movilización de los elementos identitarios; entre esas se encuentran el hecho referido a que el ejercicio de lo propio constituye fuente inagotable del crecimiento espiritual y moral del individuo “El  hombre crece con el trabajo que sale de sus manos ” ; también considera que desenvolver las capacidades propias es fuente principal del logro de una nación verdaderamente independiente ya que “Una nación libre es el resultado de sus pobladores libres” y porque “De hombres que no pueden vivir por si….no se hacen pueblos respetable y duraderos”  ;  el ejercicio de lo propio es fuente además de creación de un producto cultural auténtico “Sólo lo genuino es fructífero. Sólo lo directo es poderosos. Lo que otro nos lega es como manjar recalentado. Toca a cada hombre reconstruir la vida. A  poco que mire en si la reconstruye”

Martí advierte que a pesar de estas potencialidades  diferenciadoras del género humano que lo pueden colocar en un escalón superior de su existencia “La mayor parte de los hombres ha pasado dormida sobre la tierra. Comieron y bebieron; pero no supieron de sí” , a su pesar reconocía que “Los hombres son todavía máquinas de comer, y relicario de preocupaciones”   Que el desconocimiento y el mal uso,  e incluso, la ausencia de desenvolvimiento de los elementos positivos caracterizadores de la identidad humana traían  la deformación y el atrofiamiento de estas fuerzas naturales, atendiendo a lo cual apuntaba: “Es fácil ver como se depaupera, y envilece…la gente ociosa, hasta que son meros vejuquillos de barro, con extremidades finas, …”

Es necesario, nos decía, “…hacer de cada hombre una antorcha” , convertirlo en “autor de sí”  ; en lo que la educación, entre otras cosas, jugaría un papel central.  por lo que demandaba “… la cruzada se ha de emprender ahora para revelar a los hombres su propia naturaleza”   para lograr en ellos “la independencia personal que fortalece la bondad y fomenta el decoro y el orgullo de ser criatura amable y cosa viviente en el magno universo”

Como se ha podido apreciar para Martí el valor funcional de la identidad humana, viene dada por la compresión que tiene del hombre como ser de naturaleza superior, en el que laten, incontables capacidades: la del pensamiento, la reflexión, la imaginación…. sin embargo, poseerlas no es razón suficiente para que el hombre ostente realmente la condición de tal; para ello es imprescindible que este conozca y ejercite efectivamente los elementos positivos que lo identifican; logre que su identidad portada devenga en identidad ejercida; y como resultado, obtenga tanto una actuación coherente con su identidad, como la elaboración independiente de un producto cultural que se parezca a sí mismo.

Esta idea martiana forma parte de uno de los retos que hoy en día enfrenta la sociedad cubana: que cada uno de nuestros hombres puedan aportar desde sí un granito más a nuestro desarrollo.

Bibliografía

•          José Martí: Obras Completas. Editorial Ciencias Sociales, la Habana,1973.

•          Luis Toledo Sande: Cestos de llamas, Biografía de José Martí, Editorial Ciencias Sociales, La Habana,20000

•          Ubieta, Enrique: «Reflexiones sobre la originalidad e identidad cultural latinoamericana», Revista Cubana de Ciencias Sociales No 20, Ciudad de La Habana, Cuba, 1989.

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