Manuel Marulanda Velèz: Amaneceres Posibles

Ramón Martínez

Siempre su hogar fue la montaña, aquel  inmenso territorio en donde con su ejército planto la conciencia y la rebeldía como acto cotidiano; hombre modesto, de sencillez inmensa, con visión de  futuro y liderazgo natural. Recorriendo caminos, senderos y destajos; llevando el mensaje de la vida, educando y construyendo sueños con sus queridos y entusiastas combatientes. Hombre al fín, siempre su pensamiento y acción conducían y conducen al camino de la liberación, eterno comandante, a quién no pudieron acabar como ellos lo querían: humillado y entregado.

Es el símbolo de la resistencia armada y la reivindicación de los pueblos a ser rebeldes, que combaten en contra de la dominación. Es el Bolívar de los tiempos modernos, su constancia y férrea disciplina lo llevan al sitial que muy pocos logran, su condición humilde, su sencillez y su perenne desconfianza, lo llevaron a burlarse de cuanta estrategia militar el enemigo desarrollaba en su contra, lo mataron en combate miles de veces y siempre aparecía, radiante y triunfador, con más gente a su lado.

Su sombra es como si fuera la de la misma montaña, gigante y silenciosa, es por ello que no lo pudieron acribillar, es la frustración más grande que la oligarquía colombiana lleva sobre sus espaldas, es el soldado perenne, el guerrillero autentico, el  estratega militar, el líder cuidadoso de quién todos esperan sus decisiones precisas y sabias.

En ese inmenso territorio que es la montaña, con sus cordilleras y ríos, sus valles y sabanas, ahí está la sombra y la figura del ser que construyo un ejército alzado en armas en contra de la injusticia, la desigualdad, la explotación que acaba con la posibilidad de ser Hombres y mujeres, libres. Su andar continua, al igual que Bolívar, en la búsqueda de ese continente sin fronteras, en donde el ser humano sea lo central, país de millones  de habitantes continentales.

Siempre tenía un halo de misterio, su silencio provocaba impaciencia, pero sorprendía con su timbre de voz cuando expresaba su opinión, casi siempre, se convertía en una orden que tod@s cumplían a cabalidad.

Sus ideales  y acciones trastornaron y trastornan el pensamiento de quiénes ejercen el dominio de la sociedad colombiana, lo preferían muerto en combate, para luego mostrarlo como trofeo de la cacería infernal a la cuál  fue sometido, se burló de la muerte y la venció.

Ese es Manuel, él que su vida dedicó a construir sueños posibles.

26 de marzo a tres años de su viaje.

@ramar846.

RM

2 comentarios sobre “Manuel Marulanda Velèz: Amaneceres Posibles

  1. De nuestro viejo, lo que se me ocurre en estos momentos conmemorativos de su ausencia física es aquello que profiriera cuando la narco-oligarquía estaba a punto de quebrar los diálogos en el Caguán: «¿Sentarnos a dialogar aquí con los paramilitares, responsables de esta tragedia?…Eso sería el acabose de esto». Hay que aclarar entonces que un pretendido diálogo entre insurgencia y paramilitares constituía uno de los torpedos lanzados por la extrema derecha para acabar con la búsqueda de la PAZ CON JUSTICIA SOCIAL. Lo que siguió después fue exactamente la voluntad de ¡pas! que tenía entre manos la oligarquía para negociar: elevar al poder a su engendro base de poder… la narco-parapolítica uribista, santista…

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  2. Gracias por tus palabras, por ese recuerdo que lo latinoamericanos no permitiremos borrar de nuestros corazones. Al igual que otros luchadores, revolucionarios de Nuestra América, luchó hasta el final; para hacer posible otra América. La Nuestra, la de nuestros pueblos
    Manuel, camina por Américalatina!

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