La simultaneidad de las cosas en el tiempo

Carlos Lucero, Caracas, abril 2011

Entender el suceder de este momento histórico no es tarea sencilla. Los acontecimientos se estructuran de un modo cada vez más complejo, de manera que cualquier explicación que intente dar cuenta de lo que pasa, peca de escasa, por no decir de equivocada. Se impone, en consecuencia, acudir a una nueva manera de interpretar la realidad.

Tener en cuenta, entre otras variables, la simultaneidad de los fenómenos, sería por lo menos recomendable. Los acontecimientos no se dan de una manera lineal, como estamos acostumbrados a mirarlos. Si uno se halla sentado en una plaza de Caracas, por ejemplo, puede oír música de ritmos estridentes y frenéticos. Similar a la que se desprende del tránsito que vibra alrededor, aunque no vea los coches del transporte subterráneo con su carga de multitudes que viajan en un sentido y en otro. Si uno abre su teléfono nuevo, puede acceder a lo que se dice acerca de la invasión al norte de África y seguramente en algún televisor cercano, están pasando escenas de los desastres radiactivos del Japón. Más allá, alguien recibe las imágenes de algún mensaje ministerial, comunicando una resolución que también afectará algún aspecto de nuestra vida. Arriba un jet cuatrimotor, con su pasaje completo, busca el camino hacia otro país. Y otro se dirige hacia alguna ciudad importante del interior.

Nos hemos enterado de que en un país lejano se desarrolla una guerra civil que mata mucha gente. Y que existe una nación que se sumerge en un cataclismo financiero que contagiará a otro, y a otro.

En un cine están pasando una película que se cuenta hechos que sucedieron hace doscientos años y en otro, exhiben un titulo que trata sobre un posible futuro lejano.

Y científicos de un país envían, en este instante, un artefacto nuevo hacia el espacio que ya cuenta con una gran cantidad de satélites que reciben y retransmiten información civil y militar, útil para las potencias que los elevaron. Cuando unos famosos artistas se divorcian y un huracán arrasa una población, es posible que haya muerto una personalidad que fuera notable en su momento.

En un punto del globo, alguien muy conocido brinda una conferencia de prensa, cuando se cumplen elecciones reñidas en otro. Y otra epidemia letal se incuba en algún laboratorio.

Y suceden otras cosas que las agencias no transmiten por razones de conveniencia o simplemente las dejan de lado. En un minuto ocurren demasiadas noticias, como para que sus clientes puedan asimilarlas.

No preguntamos entonces ¿quien puede?

No me llamó la atención que el intuitivo Freddy Ñañez se preguntara por qué el mundo avanza hacia el fascismo y hoy leo que en Roma, los fascistas interponen una demanda para exigir el cese de la prohibición sobre su partido.

Los supuestos analistas hacen esfuerzos por construir un diagnóstico válido, tomando uno solo de estos acontecimientos, aislándolo de este enmarañado contexto, como si eso respondiera a una lógica posible.

Pero hay otros elementos que no tienen carácter perceptual y sin embargo, son determinantes.

La simultaneidad de lo que ocurre en un momento, no debe interferir en nuestra comprensión del cambio cíclico que el recambio generacional, de manera dialéctica, va marcando en el proceso humano. Porque los niños de hoy se encuentran observando lo que sucede en este mundo para ellos nuevo, despreocupados lo que los adultos hacen. Y los jóvenes intentan entenderlo, y operar sobre él, a través de lo que comprendieron hace pocos años. Por su parte, los adultos de edad intermedia luchan por imponer políticamente el contenido de los sueños que fueron frescos en su juventud, pero que hoy no lo son tanto. Los ancianos casi que no cuentan, porque ya tuvieron su oportunidad.

La dimensión del tiempo modifica, afecta nuestra costumbre de observar a las cosas, de manera estática, produciéndonos confusión. Repetimos la opción planteada anteriormente: no podemos mirar una superproducción 3D, creyendo que estamos mirando un daguerrotipo. Es decir una fotografía en blanco y negro.

Está claro que nuestra mirada y comprensión del mundo, exige de un esfuerzo totalizador y dinámico, al que no estamos acostumbrados.Ω