La derecha peruana en la encrucijada electoral

(William Mundarain /Jefe de la Unidad Sala Situacional del GPV-Parlatino)

Aunque pareciera temprano para examinar con relativa objetividad los resultados de las elecciones peruanas, tenemos con que contabilizadas un total de 95,67% de las actas, tendencia por demás irreversible, se arrojan los siguientes resultados: Ollanta Humala (Gana Perú), 4.498.269 (31,75%); Keiko Fujimori (Fuerza 2011) 3.327.372 (23,49%); Pedro Pablo Kuczynsky  (Alianza Por el Gran Cambio) 2.623.802 (18,52%); Alejandro Toledo (Perú Posible) 2.211.632 (15,61%) y Luis Castañeda (Alianza Solidaridad Nacional) 1.393.429 (9,83%). Los demás candidatos, sumados todos, no llegan al 1%.

Una primera reflexión nos muestra que la derecha no fujimorista, pese a haber alcanzado una votación bien significativa (6.228.863) e impedida de concretar un acuerdo preelectoral, su dispersión hizo imposible que alguno de los tres pasara a segunda vuelta.  Más aún los ataques entre ellos mismos o contra el gobierno de Alan García, alcanzaron tan altas temperaturas que originó una transferencia endógena de sufragios, que favoreció a Pedro Pablo Kuczynsky y, exógena, a favor de Humala y de Fujimori, quienes sumados representan un total de 7.825.641 votos. Es decir algo más de la otra mitad del “país político” que se medirá en la próxima prueba. Un dato alarmante lo representa el total de votos en blanco, los no seducidos por alguna de las variadas opciones: 1.106.977. ¿Será acaso una expresión de duro cuestionamiento al sistema político? Nos preguntamos.

Frente a este cuadro, los diferentes actores de la derecha peruana no fujimorista se tropiezan con serios problemas para adoptar determinada posición en la segunda vuelta prevista para  efectuarse el 5 de junio.  Entonces, frente a este panorama, observamos tres  probabilidades:

1.-  Apoyar a Keiko Fujimori, contendiente de marcada afinidad en términos políticos, pero fuerte adversaria en los asuntos domésticos. Se habla que su ascenso al poder, traería consigo el indulto al jefe de la facción, Alberto Fujimori, quien pasaría a influir grandemente en la política nacional y posiblemente de algunos de sus colaboradores que purgan condena por corrupción o crímenes. Igualmente les asalta el temor la vuelta en escena de los hechos que desencadenaron  medidas de fuerza en los años noventa. Así lo expresa el apologista del liberalismo económico y Premio Nóbel de literatura, Mario Vargas Llosa: “…significaría abrir las cárceles para que todos los ladrones, asesinos y torturadores, empezando por su padre, Alberto Fujimori, y el siniestro Montesinos, salgan a la calle”.

Pero junto al posible indulto, la temeridad está en que los responsables directos de su defenestración pudieran ser objeto de severas persecuciones; salvo que pacten un modus vivendi con el fujimorismo, lo cual les permita cohabitar y apuntalar los elementos comunes en el campo de las políticas públicas que comenzaron con Fujimori y continuaron con Toledo y García. En ese caso estaríamos ante la presencia de un “Todos contra Humala”, escenario nada fácil para el nacionalista. Esta probabilidad no se puede descartar.

2.- La otra posibilidad sería un respaldo abierto a Humala, tal vez no de los candidatos perdedores, pero sí de algunos de los partidos políticos que formaron alianzas en vías de desintegración, habida cuenta que éste se ha mostrado dispuesto a dialogar con todas las fuerzas políticas actoras, como bien lo ratificó recientemente: “En esa convocatoria queremos sentarnos a conversar como uno más, con toda humildad (…) es importante para la democracia reunirnos con todos y dialogar. Lo importante aquí es tener una visión de conjunto de cómo desarrollar el país, cómo mantener el crecimiento económico, y cómo consolidarlo en favor de las familias más pobres del país”. Incluso ha enviado señales de fondo muy directas hacia sus recientes contrincantes, como el último anuncio del congresista Daniel Abugattas, quien aseguró que estarían dispuestos a introducir cambios en el programa de gobierno en procura de un respaldo de otras facciones políticas: “Lo estamos proponiendo y si, en buena hora, con Solidaridad Nacional, Acción Popular, Perú Posible llegamos a un acuerdo, bienvenidos. Eso se esperaba hace muchos años, una alternativa de concertación”. ¿Hasta dónde estarían dispuestos a ceder para reunir el consenso necesario e imponerse? Pronto lo sabremos.

Otro detalle importante lo constituye el hecho que Humala ha perfilado una imagen buscando presentarse como partidario de la gestión del ex presidente brasileño Luis Ignácio Lula Da Silva (sus asesores son expertos cariocas),  experiencia de gobierno que ha sido digerida por diversos sectores de la geopolítica continental. Pero Humala tiene fuerte resistencia en determinados partidos que integran las distintas alianzas derechistas.  No obstante, bueno es decir que dichas alianzas pudieran sufrir una especie de quiebre o fraccionamiento, en el entendido que éstas se formaron para respaldar a un candidato que ya no es contendiente.  La razón pragmática pudiera tener cierta influencia en la dinámica de las definiciones.

Lo que también es verdad, tal como lo adelantamos en el informe “El Perú va a elecciones” es que los acuerdos a los cuales puedan llegarse a nivel de las cúpulas partidistas, no necesariamente serían acatados de forma lineal y obediente por el elector. Las encuestas han dicho, por ejemplo, que los seguidores de Toledo en un considerable porcentaje (24%), votarían por Humala en segunda vuelta; los de Kuczynsky, 9,3% y los de Castañeda, 12,5%; mientras que la matriz de transferencia para Keiko Fujimori sería: 18,7% de Toledo, 12,3% de Kuczynsky y 12,5% de Castañeda.

3.- Una tercera posibilidad pudiera ser que las alianzas o partidos no clasificados dejen en libertad a sus militantes y seguidores para que decidan por quién votar en el balotaje, lo cual pudiera traducirse en un apoyo inercial a  Humala, puesto que no dudaríamos que sería mayor la transferencia de votos hacia él que hacia Fujimori, quien además arranca con una ventaja de ocho puntos (1.170.897 votos) aproximadamente, por encima de Fujimori. Habría que sumar la derivación positiva que produce el “efecto victoria”, lo cual convierte al candidato de marras en titular de la primera opción.

La derecha, como es de esperarse, pudiera tener dudas sobre el comportamiento futuro de Ollanta Humala, pero en su descargo está el argumento de una alternativa nueva y virgen en el ejercicio de gobierno, atractiva para un importante número de peruanos que buscan salidas distintas al neoliberalismo económico. En el caso de Fujimori existen altos niveles de certeza, toda vez que los resultados de los dos períodos de gobierno de su padre están a la vista.

Si el llamado “voto en blanco” o la abstención tendiera a aumentar como consecuencia de la apatía de los seguidores de las candidaturas fuera del juego, ello, indefectiblemente, favorecería a Humala, dado que el mercado electoral se reduciría y la ventaja de éste sobre Fujimori se haría más cuesta arriba superarse. Esta hipótesis sería más palmaria en el supuesto caso que las 6.228.863 personas no se plegasen a alguna de las dos candidaturas disputantes en la justa final; puesto que ¿de dónde obtendría la candidata la sumatoria necesaria para imponerse? El consolidado de Ollanta Humala es puntero y, en este último caso, suficiente para ganar.Ω

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