Sobre juventudes y levantamientos

Carlos Lucero

Resulta, por lo menos curioso, que nuevamente los pueblos del oriente, sean los que otorguen motivo para que el apelmazado pensamiento occidental se estremezca y comience a replantearse  la antigüedad conceptual que conserva.  Es   urgente comenzar a girar la lente que empleamos para enfocar  e interpretar esta realidad que día a día nos sobrepasa, y nos deja con esa sensación de  “el tren pasó y acá me dejó”.

Decíamos en una nota anterior, que los analistas tradicionales no dan pie con bola aspirando a describir una superproducción en 3D, con parámetros propios de una foto en blanco y negro. Está más que claro, que nos estamos quedando cortos con estas herramientas de palo que seguimos usando, y obligándonos (honestidad intelectual mediante)  a repensar  lo que ayer dábamos por cierto e incólume. Y como ejemplo, vaya esta luminosa revolución que cada día nos conmueve más con sus formas iconoclastas y rompedoras de paradigmas, tanto para la burguesía conservadora, como de antiguas creencias, pretendidamente científicas. Este, nuestro inédito hecho político, nos alienta como valiente creación de nuestro pueblo, sabiamente interpretado por su líder.

Metiendo chola

Salta a la vista la aceleración que factores tecnológicos le brindan a las nuevas generaciones para conformar su activación. Aunque solo hace que se manifieste con mayor claridad un fenómeno que ha existido siempre y al cual, al parecer, el racionalismo del siglo XVIII, no le prestó importancia.

Extraña que no se vea que el tiempo produce factores de dialéctica para el ser humano, y la confrontación entre clases temporales motoriza aquella  diferenciación primigenia, que luego se complementará entre sus componentes, para concluir como una síntesis,  en un paso dado al frente, por la sociedad.

Y conste que no nos encontramos negando el viejo e indudable enfrentamiento social entre opresores y oprimidos, no. Solo insistimos en que es necesario, siempre lo fue, comprender  que el tiempo nos traerá primaveras, y a continuación vendrán los inviernos. Solo que en la dinámica humana, a esto  se le llama historia. A menos que quisiéramos, equivocadamente, pensar que ella es estática.

¿Que pasa si la ignoramos? Respuesta fácil: retrocedemos.

Ejemplos

La dialéctica generacional siempre estuvo planteada, porque  siempre marcó el ritmo de avance en la historia. Brilló  cuando Alejandro de Macedonia despojó a su padre Filipo de su cansada conducción. En los relatos bíblicos sobreabundan ejemplos, que tambien se materializaron en el imperio de Soleimán el magnífico. La encontramos en la manera en que terminó el reinado de Federico el Grande. No vayamos tan atrás. El joven Illich Lenín combatió contra sus anquilosados profesores, cuando prometió derribar la podrida pared que ellos sostenían. El hastío de los jóvenes franceses de 1968, en fin…

Nuestro ejemplo más claro la tenemos en la fotografía que ilustra el momento en que concluye la Cuarta República.  La expresión de la nueva generación,  recibía  la banda de la presidencia que acababa de jurar frente a una moribunda constitución, defendida por el democristiano Rafael Caldera. La antigua generación se rendía, agotada ante el ímpetu que representaba este joven comandante Hugo Chávez, que irrumpía en la historia de nuestros días para acelerar su cambio. Y a la cual, la mayoría de los venezolanos, tenemos el privilegio de acompañar.

El desafío consecuente se encuentra entonces,  en el esclarecimiento de la fervorosa juventud del PSUV, donde anida la posibilidad de superar la contradicción generacional.
RM