China: La inflación que debe preocupar al mundo.

Por Daniel Barrios*

Mientras los lideres de los 5 países, que Goldman Sach bautizara con el acrónimo de BRICS (Brasil, Rusia, India, China y el recién incorporado Sudáfrica), reunidos en la provincia-isla de Hainan, China, intercambiaban opiniones sobre los resultados de la tercera cumbre apenas concluida, el primer ministro Wen Jiabao, presidiendo la reunión del Consejo de Estado (ejecutivo) exhortaba a sus ministros a redoblar sus esfuerzos en el combate a la inflación.

Al cierre del mes de marzo, la inflación trepó al 5.4%, (la más alta de los últimos 3 años) superando ampliamente la meta gubernativa del 4% y con una firme tendencia al alza, teniendo en cuenta que al mes febrero la suba de precios fue del 4.9%. Según muchos analistas occidentales esas cifras no reflejan la realidad que estaría ubicando la inflación anual en casi un 8%.

Las cifras preocupan en si mismas y además porque constatan los escasos resultados de las medidas hasta ahora adoptadas. En los últimos seis meses, tres veces el gobierno había modificado al alza las tasas de interés para desalentar el crédito (en particular el hipotecario) y fomentar el ahorro.

Pocos días antes de la reunión del Consejo de Estado, el Banco del Pueblo de Chino (Banco Central) había decretado, un aumento en los encajes bancarios al 20.5 por ciento, el cuarto desde el comienzo del año.

Recurriendo a palabras inusitadamente duras, Wen no vaciló en definir la situación como «complicada» y plagada de «incertidumbres», y colocó , como lo hiciera semanas atrás presentando el 12 plan quinquenal (2011-2015) ante la Asamblea Nacional Popular (legislativo), la estabilidad de precios en el primer lugar de la agenda y la principal preocupación del gobierno de la República Popular.

Beijing es consciente que la inflación es el principal enemigo de su economía y también la principal amenaza de la estabilidad social. Fue la inflación el principal detonante de las manifestaciones que culminaron con los sucesos de la plaza Tiananmen en 1989, como es también la crisis económica la que hoy pone en jaque (mate?) los gobiernos autoritarios del Norte de África y Medio Oriente.

Existen pocos ejemplos en el mundo de países donde la suerte del modelo político, de su forma de gobierno, de sus instituciones, dependa de los resultados de la política económica como en el gigante asiático.

Los éxitos inocultables e indiscutibles de la reforma económica implementada por Deng Xiaoping no solo posicionaron a China como la segunda economía del mundo, arrancaron de la miseria a más de 800 millones de personas, sino que además el crecimiento económico ha sido el gran factor de estabilidad política y armonía social en un país de 1300 millones de habitantes, más de 90 minorías étnicas, decenas de religiones y cultos y con flagrantes desigualdades entre la ciudad y el campo y en el acceso a la riqueza generada.

Es precisamente ese 10% de crecimiento anual el que ha permitido y justificado un modelo político y una forma de gobierno donde un solo partido detenta el 100% del poder.

A la alarma inflacionaria se sumaron dos datos que en cualquier país serian motivo de festejo y que en cambio en el imperio celeste son una nueva campana de alarma.

El Banco Central dio a conocer el 17 de abril que, al 31 de marzo, las reservas internacionales aumentaron de 200 mil millones de dólares en el primer trimestre del 2011, superando los 3 billones de dólares (un aumento anual del 24.4 por ciento) que lo confirman el más grande poseedor de divisas extranjeras del planeta, triplicando al Japón que lo sigue cada vez más de lejos.

La composición de las reservas en poder del banco central es un secreto de estado, pero es también un secreto a voces que, – a pesar que el gobierno en los últimos años ha diversificado su cartera de inversiones buscando mejores tasas de retorno- la mayor parte de las mismas son bonos del tesoro y otros instrumentos de deuda de los Estados Unidos.

«La volumen de reservas internacionales supera los niveles de nuestras necesidades» enfatizo el presidente del banco central en una conferencia en la prestigiosa universidad de Tsinghua de Beijing.

Este nuevo record supone un ulterior exceso de liquidez que presiona significativamente al alza de los precios de los bienes de consumo y el mercado inmobiliario, agrego Zhou Xiaochuan .

Una nueva justificación para reforzar ulteriormente las políticas monetarias restrictivas que llegaron del frente de la economía real.

El PBI de la República Popular, también a marzo pasado, creció a una tasa anual del 9.7%, sin duda la más importante entre las mayores economías del mundo.

Mientras Estados Unidos y Europa se baten en una batalla sin tregua para recuperar ritmos aceptables de crecimiento, el dragón extrema las medidas para ponerle frenos a su economía y corre a reparos para combatir una inflación que desvela a los gobernantes de Beijing.

China registró un crecimiento promedio del 10.48% durante la década pasada, de todas maneras este impresionante e inédito aumento del PBI no fue suficiente para erradicar los problemas estructurales de su economía, los desequilibrios entre consumo e inversión, demanda externa e interna, baja productividad en algunos sectores de la industria, así como, las desigualdades en la distribución del ingreso.

Precisamente el 12 plan quinquenal (2011-2015) aprobado el mes pasado por la asamblea legislativa, prevé un crecimiento del 7% anual, reflejando un cambio sustancial de un modelo, hasta ahora orientado obsesivamente en el crecimiento, por uno nuevo que priorice la calidad, la eficiencia, la competitividad, el consumo doméstico, las políticas sociales (vivienda, educación, salud y seguridad social), la sustentabilidad ambiental.

El modelo de crecimiento extensivo, basado en la competitividad de los bajos salarios e intensidad del capital trabajo, está llegando a su fin y este gobierno, y el que se inaugura el año próximo, se apresta a sustituirlo por lo que el Presidente Hu Jintao denomina «desarrollo científico» o «crecimiento inclusivo», es decir un desarrollo sustentable, respetuoso del medio ambiente, un estado de bienestar y un sistema más democrático y participativo.

Los efectos de estos cambios sustanciales en el modelo, las nuevas metas de crecimiento, las medidas antiinflacionarias, van mucho más allá de los límites de la gran muralla y sus consecuencias, como ocurre desde hace ya un buen tiempo, tendrán seguramente una repercusión planetaria.

Sin necesidad de volver demasiado al pasado, baste pensar que mientras en el 2009 la crisis financiera restringía la demanda global del 0.6%, la demanda interna china crecía del 13%, contribuyendo con 1.6% al crecimiento total de la economía mundial. Y según las previsiones del Banco Mundial, un cuarto de la expansión total de la economía del 2010 se alcanzará gracias al crecimiento del PBI chino, confirmándola por segundo año consecutivo como la locomotora del resto del mundo.

A partir de ahora el mundo deberá acostumbrarse (y prepararse) a un enlentecimiento del 30% en los ritmos de crecimiento de la economía china.

Un enfriamiento pilotado de la segunda economía del planeta, principal exportador y segundo importador mundial, supondrá un resfriado global y en particular para las llamadas «economías emergentes» principales beneficiarias del boom de precios de los productos básicos y materias primas demandados por China.

Sería aconsejable que todos (Brasil per primis y Uruguay incluido) se recetaran una buena dosis de antigripales.

*Daniel Barrios es Director General de DEVNET, una ONG internacional sin fines de lucro, que cuenta con estatuto consultivo categoría 1 concedido por el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas (ECOSOC, por su sigla en inglés. Autor del libro «China Breeds a New Era. 365 Days that Changed the World» publicado en mandarín e inglés.

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