Opinan sobre la vida nacional, solicitan ayuda, y confiesan sus miedos y frustraciones.
Durante un año, 15 investigadores del Grupo de Estudios de las Subjetividades y Creencias Contemporáneas de la Universidad Nacional analizaron el comportamiento de los colombianos en las redes sociales.
«Este estudio puso de manifiesto que, en la sociedad actual, los colombianos asistimos a las redes sociales para lo mejor y también para lo peor; son un mundo paralelo que se vuelve más real que el real», afirma Fabián Sanabria, antropólogo, doctor en sociología y director de la investigación, quien aclara que, más que datos y cifras, este trabajo buscó identificar hallazgos desde las actitudes y reacciones personales.
Lo mejor: visos de posmodernidad y nuevos escenarios de opinión pública. Y lo peor: las máscaras y la ficción de la felicidad, y el uso del anonimato para causar daño.
Durante el trabajo, cada investigador usó sus perfiles en diferentes redes sociales y monitoreó sus contactos.
Según Sanabria, más allá de la doble moral que trasciende de la realidad a esos escenarios, en Colombia las redes sociales están visualizando a ciudadanos cada vez más francos y espontáneos, que expresan sentimientos y opiniones como no se atreverían a hacerlo públicamente.
Insiste en que los usuarios no solo exponen sus estados de ánimo -develando debilidades emocionales- y algunas frivolidades con las que buscan mostrar un estilo de vida ‘perfecto’ y sin amarguras: están opinando sobre asuntos de la vida nacional, solicitan ayuda, confiesan sus miedos y frustraciones e, incluso, sus orientaciones sexuales.
«Aunque a primera vista somos más hipócritas en las redes sociales, hay mucha más sinceridad que en el cara a cara», dice. Y advierte: «Más allá de los criticados lenguajes de los jóvenes, cargados de errores ortográficos, los jóvenes no solo opinan de los artistas de moda: también expresan sus opiniones sobre la política y la opinión pública».
Sobre los buscadores
Se ha acuñado la expresión: «Google, luego existo». Solo si el nombre está en Google, la persona no es anónima. Ya no se necesitará pedirle la hoja de vida a nadie para un empleo. Con el ejercicio de ‘googlear’ se podrán descubrir la orientación política de la persona y sus afinidades; esta es una costumbre cada vez más fuerte entre los colombianos. En cuanto a la economía, se prevé que habrá colombianos de primera, segunda y tercera categoría, de acuerdo con su capacidad para hacer compras en línea. YouTube se convirtió en la vitrina para los colombianos que buscan alguna forma de reconocimiento.
Twitter: decir y no decir
En 140 caracteres se puede entrar y salir sin ser visto, o entrar y salir siendo visto: solo se detectan, claramente, los famosos. Es la ilusión de circular en el mundo de la información, de decir para no decir. Se confiesan trivialidades, como que el chocolate nos manchó la corbata, o comentarios sobre la noticia del momento y propuestas a los gobernantes. Pero todo se diluye en el mar de la información. Sin embargo, hay un valor importante: se está recuperando el ocio y es una grata oportunidad para perder el tiempo.
Facebook es un refugio
Muchos adolescentes no tienen habitación para ellos solos pero sí tienen Facebook, y pasan hasta cuatro horas al día metidos allí. En Facebook se comparten estados de ánimo, pensamientos y ocupaciones, y se crean dos escenarios: por un lado, la identidad, que se relaciona con aquello que queremos que el otro crea que somos. De ahí el carácter enmascarado de las imágenes que se muestran. Y por el otro, ilusiones, esperanzas, ficciones y simulacros. También se convirtió en un interesante escenario de debates políticos y de asuntos de la vida nacional. En el caso de los adultos, hay una percepción de que se rejuvenece cuando se ingresa a esta red.
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