A propósito del día de la Nakba. Los orígenes de la creación del estado de Israel: el sionismo como instrumento del imperialismo.
Para comprender la naturaleza del conflicto en Medio Oriente, es necesario entender el origen del surgimiento del Estado de Israel. El nacimiento del Estado Israelí surge a partir de condiciones ideológicas y estructurales que propiciarían su consecución dentro de la lógica del capitalismo imperialista. Esta fundación política está estrechamente vinculada al pensamiento sionista, corriente ideológica que encarnó un movimiento político que buscaba como objetivo el establecimiento del Estado de Israel.Inicialmente, el sionismo no estaba constituido como una ideología formal, pues sólo se hacían llamados esporádicos a la formación de aquel Estado en Tierra Santa. El desarrollo capitalista en los procesos geopolíticos de las relaciones intraimperialistas, y de los centros con las periferias del sistema mundial, generarían las condiciones que se traducirían en el auge de los nacionalismos y las pugnas imperialistas por el control de colonias que garantizasen la hegemonía mundial. Dentro de dichos procesos se inscribe el auge del sionismo y la futura conformación del Estado de Israel.
En Europa, el auge de los nacionalismos se traducía en chovinismo y el rechazo a las minorías, entre las cuales contaban los judíos europeos. Pese al establecimiento de las ideas liberales en Europa, estas entraban en contradicción al evidenciar su incapacidad para absorber a las minorías judías. Sin embargo, fue en la Europa Oriental, donde el antisemitismo tuvo su mayor fulgor, siendo su máxima expresión los pogromos rusos de 1881, luego de que se acusara a los judíos de ser los culpables del asesinato del Zar Alejandro II. Dichas matanzas, provocaron la emigración masiva de judíos orientales[1], lo que motivó un mayor ensañamiento antijudío. Esta situación reforzaba la conciencia de la necesidad de un Estado Judío fuera de Europa.
Por su parte, el Imperio británico, con grandes intereses en el Medio Oriente, proyectaba la situación a la consecución de sus objetivos coloniales al mismo tiempo que podía resolver «la cuestión judía» europea. La idea planteada era poder lograr el acceso y asentamiento en esta importante zona oriental de manera de tomar posicionamiento para la expansión colonial hacia aquellos territorios, sobre todo con el peligro que representaba la presencia de Muhammad Alí en Egipto, quien encabezaba un proyecto que buscaba lograr cierta independencia de las grandes potencias europeas, así como del Imperio Otomano, lo que pudiese entorpecer los planes del Imperio Británico.
La causa judía era pues, el mejor argumento para lograr este objetivo, por lo que era vital impulsar dicha causa. Además, el auge de los nacionalismos europeos junto con las migraciones judías de Europa oriental, podrían provocar arremetidas antisemitas que eran caldo de cultivo de inestabilidad social. Esto podría ser evitado llevando a los judíos a otras tierras fuera de Europa[2].
Para Al-Shereidah, las ideas formales del sionismo son posteriores a los planteamientos concretos de los políticos del imperialismo británico y francés respecto a la instalación de los judíos europeos en Palestina[3]. Para tales efectos, los proyectos imperialistas utilizarían a los judíos para alcanzar los objetivos en el Medio Oriente. De 1840, son las declaraciones de Lord Shaftesbury al Ministro de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña Lord Palmerston, en las cuales dice: «Si consideramos la cuestión de retorno a los judíos a la luz de construir Palestina o habitarla, descubriremos que esa vía es la más barata y segura para proporcionar todo lo necesario para esa región escasamente poblada«[4]. Al-Shereidah plantea que las ideas acabadas del sionismo, expuesta por sus autores más representativos, como Theodor Herlz o Leo Pinsker, son primordialmente de finales del siglo XIX principios del XX[5].
Esto implica que fueron los intereses imperialistas los que, no sólo antecedieron a la ideología sionista, sino que la promovieron y la impulsaron; los objetivos materiales se escudarían en motivaciones de índole religiosa, como afirma Al-Shereidah: «Fueron proyectos con bases materiales y objetivos muy precisos y completamente desvinculados de motivaciones religiosas, espirituales o filantrópicas«[6]. Al proyecto colonial sionista se le conferiría el mito que le diera un sentido teológico que constituyese una causa trascendental de la ideología.
Toda esta ideología-proyecto impulsada por Palmerston y Shaftesbury debía materializarse en pro de ejecutar los objetivos. De ahí que surgirían diversas organizaciones en el seno de la política inglesa que promoverían la causa sionista, comenzando por obtener en 1868 el permiso del sultán para el alquiler de una amplia extensión de terreno cerca de Yaffa por un período de 99 años para la preparación agrícola de los emigrantes judíos, así como la fundación de una escuela en Jerusalén para 1870[7].
El avance de Occidente en el Medio Oriente, iría de la mano del sionismo, que se erigía como proyecto ilustrado para civilizar a Oriente. Para finales del siglo XIX y principios del siglo XX, el sionismo tenía mucha más consistencia como ideología y las condiciones estructurales eran cada vez más propicias para el objetivo, comenzando con el sometimiento financiero de Egipto y la aplicación de misiones judías promovidas por el Imperio británico en la zona. El sionismo sería comandado por la burguesía judía europea, que tempranamente entendió que la causa sólo podría materializarse de la mano de las potencias imperiales. Sin embargo, no fueron los judíos occidentales quienes serían los que apuntalaran la emigración a Palestina; más bien fueron los judíos orientales, aquellos que habían emigrado de los pogromos, los que serían enviados a Palestina, con el financiamiento de la burguesía euro-judía. Y fueron precisamente las instituciones financieras sionistas aquellas que brindaron un gran apoyo a los intereses imperiales.
Otro mecanismo de apoyo fue la contraposición ideológica al socialismo. Theodor Herzl plantea de manera clara su oferta al imperialismo europeo a cambio del apoyo a la causa sionista: «el debilitamiento de los partidos revolucionarios» así como afirmar que «…es una tontería que los judíos se están incorporando al movimiento socialista, puesto que los judíos no son socialistas en su naturaleza sino individualistas», por lo cual busca alejar a los estudiantes judíos de esa tendencia ideológica[8]. Así pues, el sionismo es instrumento del status quo capitalista imperial.
Entre los años 1904-1914 se producía la Segunda Aliyá, a partir de la cual se instalarían 40 mil judíos en tierras Palestinas. En 1910, la prensa de Beirut, Damasco y Haifa denunciaban la adquisición de tierras en Palestina por parte de los sionistas. La población palestina comenzaba a evidenciar síntomas de malestar al no comprender el motivo de la instalación de los emigrantes judíos. Palestina, que para 1916 pasaría a ser administrada por Gran Bretaña, recibiría con estupor en 1917 la Declaración Balfour, que contemplaba la conveniencia del establecimiento de un hogar judío en Palestina. El primer Congreso Nacional Palestino rechazaría esta declaración. Se concretaría el inicio de las divisiones y confrontaciones directas entre sionistas y palestinos[9].
Para 1919, los sionistas solicitan vía memorándum al Consejo Supremo de la Conferencia de la Paz en París la inclusión al terreno palestino de Transjordania, el Monte Hermon y El Líbano Meridional, de manera tal de establecer las bases del Ertez Yisrael[10]. La violencia y las fuertes presiones sociales, entre las cuales se cuenta la gran huelga general de 1936 que duraría cinco meses, llevaron al gobierno inglés a establecer una Comisión Real en 1937, que presentaría un informe, El Informe de la Comisión Peel, en el cual se expresaba una idea que sería representativa de un conflicto que alcanza hasta nuestros días. En el mismo se concluía que «…no había perspectiva alguna para la convivencia entre árabes y judíos y se recomienda la partición de Palestina, con la creación de un Estado judío, la anexión de las regiones pobladas mayoritariamente por árabes a Transjordania y el mantenimiento de Jerusalén bajo mandato británico«[11]. Dicho informe produciría un distanciamiento británico respecto la carga política que implicaba responsabilizarse por este conflicto.
El conflicto continuaría prácticamente como una guerra civil, en las cuales grupos armados palestinos se enfrentaban con el ejército inglés, mientras que del lado israelí se desempeñaban la Organización de Defensa Militar Hagannah junto con grupos radicales de prácticas terroristas, como el Irgun y el Stern, quien tenía entre sus cabecillas a Isaac Shamir, futuro primer Ministro israelí[12]. Estos grupos israelíes también se ensañarían contra el ejército británico, a raíz principalmente de la limitación de la inmigración judía publicada en el «Libro blanco». La pérdida de control de Gran Bretaña fue dándole cabida a la actuación de los Estados Unidos en la zona, quienes establecerían relaciones de índole imperialista con el sionismo a partir del Programa Baltimore, emitido en 1942. Dicha declaración sería elaborada por la Agencia Judía y la Organización Sionista Mundial en el Hotel Baltimore de Nueva York, con la participación de dirigentes sionistas estadounidenses, en la cual se reiteraba el objetivo de la fundación del Estado judío en Palestina por medio del poblamiento masivo por parte de la inmigración judía hacia dicho territorio. Churchill y Roosvelt apoyarían tal declaración. Era esta, el primer pacto y la primera declaración conjunta de la alianza entre la Organización Sionista Mundial, Washington y sectores de la oligarquía financiera estadounidense, que se mantendría vigente hasta nuestros días[13].
Ante el estado constante de insurrección de la zona, los ingleses deciden finalmente poner el conflicto en manos de la ONU. La recién creada Organización de las Naciones Unidas, nacida de la coyuntura de la segunda posguerra, crea una Comisión de investigación, que determina que lo más conveniente es la partición del territorio en dos estados independientes. Para aquella fecha se contaban casi 600mil judíos instalados en la zona y la tendencia era a la llegada de más inmigrantes. Para Albiac, la intensa carga histórico-política del conflicto, los llevaría a tomar aquella decisión: «Bajo ese doble eje (deuda histórica hacia una población exterminada en los campos de concentración y riesgo permanente de guerra civil en Palestina), la ONU busca desesperadamente una salida razonable para la «cuestión judía»»[14]. Para el 29 de noviembre de 1947, se decreta la Resolución 181, donde se recomienda que se ejecute la partición de Palestina, y tanto Jerusalén como Belén quedasen administradas por un régimen internacional. La Liga Árabe rechaza la resolución y llama a la guerra santa. Apenas horas de la retirada del mandato británico de la zona Palestina, el 14 de Mayo de 1948 era proclamado del estado de Israel. Líbano, Siria, Jordania, Irak y Egipto, expresaron su rechazo declarándole la guerra al recién creado Estado, al cual consideraban «territorio árabe históricamente robado» y enviando tropas a los territorios ocupados. Se desataba la primera guerra árabe israelí, la cual tendría una duración de 15 meses.
Para aquel año de 1948, el ejército israelí desataría la primera gran ofensiva para expulsar a la población de la franja costera, enmarcada dentro del Programa para la solución del problema árabe en el Estado Judío, elaborado por David Ben Gurion. En las primeras semanas del conflicto, 726.000 árabes palestinos abandonaron sus hogares. En total fueron abandonadas por parte de los árabes 418 ciudades y aldeas. Al final Israel se adueñaría del 77% del territorio de la Palestina histórica, mientras Egipto ocupaba la Franja de Gaza, y el emirato de Transjordania controlaba a partir de 1950 la Ribera Occidental del río Jordán, la llamada Cisjordania[15].
A partir del triunfo israelí, se Intensificaría la política de «retorno» de judíos en todo el mundo. Israel crearía un Ejército Nacional, moderno y profesional. La resolución 242 del consejo de seguridad de las Naciones Unidas del 22 de diciembre de 1967, que exigía la retirada de todos los territorios ocupados, fue ignorada por Israel, quien se negó a cumplirla alegando la necesidad de fronteras seguras frente a la amenaza árabe[16].
Por su parte, el mundo árabe sufriría una derrota humillante que tendría serias implicaciones en los futuros conflictos en la zona, así como en las relaciones dentro del sistema-mundo capitalista. Eso sí, el panarabismo se vería más fortalecido, aunque sea más por la nueva coyuntura amenazante que por el logro de una verdadera conciencia de la unidad árabe. El conflicto, que se mostraba como de índole religioso o racial, ocultaba sus raíces económicas, en la lógica del capitalismo imperial. Sobre esto Al-Shereidah nos dice: «El nexo entre Palestina y el petróleo es, por lo tanto, de naturaleza histórica ya que hubo una dimensión e interés petrolero detrás del esfuerzo imperialista, desde fines del siglo pasado y comienzos del presente, por establecer el colonialismo sionista en el corazón del mundo árabe«[17].
Netwar y Movimientos antisistémicos
Notas
[1] A partir de esta fecha de 1881, se inicia la Primera Aliyá, proceso en el cual El Fondo Nacional Judío compraría tierras en territorio Palestino (que se encontraba en poder del Imperio Otomano) a los terratenientes musulmanes y a las autoridades otomanas, y establecían los primeros asentamientos agrícolas (Montoya, 2005).
[2] AL-SHEREIDAH, Mazhar. Árabes. Historia – religión – ideología.
[3] Ibíd.
[4] Ibíd. p.84.
[5] Ídem.
[6] Op.Cit. p.86.
[7] Op.Cit.
[8] Herlz en Op.Cit. p.99.
[9] MAC LIMAN, Adrián. Palestina: el volcán.
[10] Arafat, Yasser: «La rebelión de los palestinos», en ESTRADA, Ulises. Suárez, Luis (compiladores). Rebelión Tricontinental. p.65.
[11] MAC LIMAN, Adrián. Ibíd. p.15.
[12] Op.Cit.
[13] ESTRADA, Ulises. Suárez, Luis (compiladores). Ibíd. pp.436-437. Entre 1949 y 1983, los Estados Unidos le habían donado US 25 mil millones a Israel; desde 1984 recibe US 3 mil millones anuales, siendo de esta manera el país que mayor financiamiento directo recibe de la nación norteamericana (Bosenberg, 2003).
[14] ALBIAC, Gabriel. Las raíces de Israel 1896-1948: de la utopía sionista al Estado judío.
[15] MAC LIMAN, Adrián. Op.Cit.
[16] PÉREZ, Eveglisell. Vélez, Gina. Vélez, Sandra. Conflicto árabe-israelí.
[17] AL-SHEREIDAH, Mazhar. La región árabe: permanencia de conflictos.
Publicado por Zapatica
http://forajidosdelanetwar.blogspot.com/2011/05/proposito-del-dia-de-la-nakba-los.html
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