“La oposición debe intentar un cambio sin romper el modelo político de 1999”

CLODOVALDO HERNÁNDEZ

ENTREVISTA LEOPOLDO PUCHI

FOTO ENDER CURBELO

—Usted ha dicho reiteradamente que la oposición debe construir una opción progresista en lo social y defensora de la soberanía en lo internacional. ¿Con las fuerzas que componen la Mesa de la Unidad Democrática, de verdad cree que eso es posible?

—No es una tarea fácil, requiere fortalecer un componente progresista en el cuadro opositor. De no lograrse esa condición, sería muy difícil la alternancia democrática porque iría a contracorriente del sentimiento político de los venezolanos. Una cuestión es cambiar para corregir errores, superar deficiencias, gobernar mejor y otra cosa es una ruptura con el modelo establecido en el acto constituyente del 99, que colocó al país en un sentido más progresista, más del lado social. No existe la fuerza política para romper ese modelo. Una presencia progresista en el seno de la oposición podría conducir a que ésta se presente como opción dentro del modelo, tal como ocurría durante la vigencia del Pacto de Punto Fijo.

—¿Puede decirse que la Constitución del 99 y el liderazgo del presidente Chávez han hecho irreversible el enfoque social del Gobierno?

—Yo insisto en el acto constituyente, más allá de lo jurídico. En el 99 hubo un proceso psicosocial de constitución de un modelo. El cambio significó un viraje fuerte en la sociedad. Irreversible no hay nada en la vida, pero el cambio es muy profundo y modificarlo sería un acto impositivo para importantísimos sectores de la sociedad. Con esto no estoy juzgando si es el mejor modelo del mundo, pero es el que corresponde a la Venezuela de hoy.

—¿Qué peso tienen los sectores progresistas dentro de la MUD?

—En la población votante de las diferentes organizaciones de oposición tiene bastante peso ese sentimiento. Son partidarios de atención social, regulación del Estado, actitud nacionalista…

—¿Es una visión mayoritaria?

—Sí, yo creo que sí, en particular en los sectores populares que votan por la oposición.

—¿Y en la dirigencia?

—Inclusive, el liderazgo partidista tiende a identificarse con esa idea popular, lo que ocurre es que en los sectores intelectuales, universidades, organizaciones no gubernamentales, empresarios, es muy fuerte el pensamiento neoliberal. Mucho más fuerte que en otros países, incluso. Y eso tiene un peso muy grande y se refleja en sectores de las clases medias de las grandes ciudades. Allí es muy fuerte la idea de un modelo completamente distinto, de una ruptura.

—Según su análisis, ¿podría concluirse que la MUD sólo tiene oportunidad de ganar las elecciones si se impone internamente el ala socialdemócrata?

—No creo que haya un ala. Lo que digo es que tendrá chance en la medida en que se asuma como una variante dentro del modelo vigente. Claro, tampoco descarto que otra postura tenga oportunidad de ganar, pero, pensado en términos de probabilidades, éstas son mucho menores en la medida en que la propuesta de la MUD sea una ruptura completa con el modelo. Si existe una garantía de que los conceptos, los pilares van a mantenerse, hay más posibilidades.

—¿Y si la oposición logra “vender” la idea de cambios sin ruptura, pero sólo como una oferta de campaña aunque el propósito sea hacer luego lo contrario?

—Creo que ni siquiera como una estrategia de marketing se ha producido en el liderazgo una comprensión de la mutación que hubo en la sociedad venezolana. Además, la gente tiene olfato para interpretar si es una convicción o si es un planteamiento de campaña. También hay que ver otros elementos, por ejemplo, por molestias, insatisfacciones e incomprensiones, los votantes pueden llegar a creer en cualquier otra cosa. La gente, molesta por casos de corrupción e ineficiencia en la gestión, puede comprometer el modelo mismo y no sólo a sus administradores. Si la gente cree que cualquiera que venga mantendrá los parámetros del modelo, el cambio no tendría riesgos. La ineficiencia puede hacer que la gente se lleve por el medio la gestión y también el modelo. También se debe tener en cuenta que no se han terminado de definir bien las coordenadas del modelo y por eso, en muchos casos, es percibido como cercano al comunismo, el socialismo real o el esquema soviético. Esa percepción no es mayoritaria, pero algunas expresiones y modos de presentar las medidas han creado dudas.

—¿Qué tan fuertes son los compromisos de la MUD con las fuerzas hegemónicas internacionales?

—Las clases altas e intelectuales siempre han sido muy pro-estadounidenses, partidarias de una integración subordinada a EEUU. La vieja dirigencia de Acción Democrática y Rafael Caldera lo hacían más por una fatalidad geopolítica en medio del conflicto Este-Oeste, la Guerra Fría, pero practicaban cierto nacionalismo. En la dirigencia más joven hay una resignación a estar subordinado a los esquemas de la globalización. Existe menos fortaleza nacionalista en la dirigencia nueva que en los cuadros fundadores de la IV República. No es que aquellos fueran unos nacionalistas del otro mundo, pero eran más sólidos. Además, las clases medias se han transnacionalizado mentalmente y los sectores intelectuales cultivan un pensamiento donde todo lo nacional suena anticuado o irreal.

—¿Qué peso tienen los medios de comunicación en la oposición?

—Ah bueno, los medios son precisamente los que difunden ese pensamiento de los sectores intelectuales y políticos más conservadores. No es un asunto exclusivo de Venezuela, es un problema del mundo. Habría que ver cómo, sin afectar las libertades, se redimensiona el poder de los medios porque puede perturbar la vida democrática aquí, en EEUU, en Europa, donde sea.

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Y entonces, ¿de qué lado está?

Su ubicación política genera muchas intrigas. Con su partido, el Movimiento Al Socialismo, brincó la talanquera tempranamente y luego, como secretario general, ya en la oposición, tuvo participación en los acres días de abril de 2002, del paro petrolero y el referendo de 2004. Por esa razón, Leopoldo Puchi, ex constituyente y ex ministro del Trabajo del primer gabinete revolucionario, fue condenado por los chavistas como traidor.

Luego de varios años de ostracismo, este caraqueño de 59 años, sociólogo graduado en París, ha retornado a un área más neutral, hasta el punto de que alguna gente dice que ha vuelto a saltar –un caso raro–, esta vez de regreso. ¿De qué lado está Leopoldo Puchi hoy? Le interrogamos.

“Estoy en una actividad de opinión con dos propósitos: mostrar un punto de vista e influir en función de él. No es un punto de vista neutral, sino analizar desde una plataforma de ideas. Lo ideal es que esto llegara a ser la fuerza mayoritaria del país, un movimiento de masas que pudiera llegar al Gobierno, pero hay que tener los pies sobre la tierra.

—¿La relación con el Presidente se rompió desde su salida del Gobierno? ¿Nunca más se han visto?

—No, no hemos tenido ningún encuentro, pero no hubo una ruptura o roce personal conmigo, sino con el partido.

—¿Qué opina de las ejecutorias políticas de ex compañeros suyos como Pompeyo Márquez y Teodoro Petkoff?

—(Largo silencio) Han tomado su propio camino. Mejor que hablen ellos de sus puntos de vista./CIUDAD CCS

RM