Efrain Carvajal
Me encontré esta perla (que te adjunto) y que no es «literatura», en las páginas de CUADERNOS DE LANZAROTE II del premio nobel de literatura 1998 José Saramago. Es obvia la importancia esclarecedora que el texto tiene en estos días de SANCIONES E INJERENCIAS GRINGAS. Pon atención a las fechas y al personaje que habla a través de su autobiografía… y saca tus propias conclusiones.
6 de diciembre.
A propósito de “moral militar”, transcribo del Avante! encontrado al llegar, que a su vez lo aprovechó de Le Monde Diplomatique, un fragmento de la autobiografía del general norteamericano Smedeley Darlington Butler, publicada en 1935. Dice este héroe del Nuevo Mundo: “Pasé treinta y tres años y cuatro meses en el servicio activo de la fuerza militar de mayor movilidad de nuestro país: el cuerpo de marines. Ocupé todos los puestos de oficial, de alférez a general de división y, durante ese período, consagré la mayor parte de mi tiempo sirviendo al gran capital, Wall Street y los banqueros, como hombre de mando de alta categoría. Resumiendo, fui un malhechor a sueldo del capitalismo. Fue así como contribuí, en 1914, para hacer de México, y especialmente de Tampico, un lugar seguro para los in tereses petrolíferos americanos. Ayudé a Haití y a Cuba a convertirse en lugares suficientemente respetables para que los hombres del National City Bank fuesen allí a ganar dinero. Entre 1909-1912, en Nicaragua, participé en la depuración en beneficio del banco internacional Brown Brothers. En 1916 hice llegar la luz a la República Dominicana a cuenta de los intereses azucareros norteamericanos, En 1913 creé las condiciones para que Honduras acogiese a las compañías frutícolas de Estados Unidos. En China, en 1927, velé para que la Standard Oil se pudiese ocupar de sus actividades sin ser importunada”. Y el bravo militar (éste no es de los que lloran) remata así su confesión: “Tengo la sensación de que podría haber ganado por puntos a Al Capone. Diciéndolo mejor, él apenas podía practicar su bandolerismo en tres barrios de la ciudad, mientras nosotros, los marines, operábamos en tres continentes”. El general Butler, que en paz descanse, fue modesto al compararse con el gangster: a su la Al Capone, tan calumniado y perseguido, no pasó de un niño del coro…
Saramago, José. Cuadernos de Lanzarote II, Alfaguara, 2003. Págs. 222-223.