El Caribe, una isla que se repite

Por Liomán Lima (Prensa Latina *)

La Habana,(PL). Para la escritora martiniqueña Nicole Cage-Florentiny, el Caribe es una región imaginada, creación de los diarios del Almirante, fabulación de siglos, pero también mezcla variopinta, pasado común, mar compartido.

Nacimos como una invención de los mapas y los relatos de Colón, pero luego la historia creó otros vínculos más importantes, que van desde las rebeliones compartidas hasta el sueño de la integración, asegura a Prensa Latina.

Todo empezó por la rebelión de unos esclavos en la colonia de Saint Domingue (hoy Haití) a finales del siglo XVIII, y desde entonces, afirma, todo cambió para América.

Ese fue el primer motor de la integración latinoamericana y caribeña, dice, cuando nuestros ancestros quisieron extender el sueño de la independencia a toda la región, o sea, la libertad de América fue el primer ejemplo de unidad.

«Aunque no siempre hemos aprovechado las oportunidad de unión que brinda la geografía, pues somos también un pequeño mundo sin conciencia de ser uno, como si la condición insular nos volviera infranqueables», recordó.

Nicole tiene 45 años, la piel negra y es una de las voces más representativas de la cultura caribeña, autora de más de una decena de poemarios y novelas traducidos a varios idiomas, como Confidentiel, Arco Iris, la esperanza o C’est vole que je vole.

Es la única mujer de habla francesa ganadora de un Premio Casa de las Américas (1996) y define al Caribe como «una vasija de barro, llena de culturas, religiones, magia y mitología, sazonada de guerras, revoluciones y vicisitudes».

Sin embargo, también cree que las Antillas hoy están dispersas, no solo nos separan los idiomas, también esquemas mentales, afirma.

«Hemos dejado de reconocernos como región. No sabemos ni siquiera los nombres de nuestras islas, dónde están, quiénes las habitan, qué escriben, las formas de vida, como si no formáramos parte del resto de América.»

Por eso, Cage-Florentiny cree preciso salvar la memoria caribeña más allá de las fronteras de las lenguas, rescatar sentidos comunes, historias compartidas, porque si no, dice, llegaremos a un tiempo de «soledad en la cercanía» y eso sería el fracaso de los sueños fundacionales de nuestros pueblos.

«La estrategia de los conquistadores a través de los siglos ha sido esa: separarnos, disgregarnos, para que no nos demos cuenta de las oportunidades de cambio, de libertad, de independencia.»

De islas y diferencias

Como temas de su escritura, dice preferir la locura y el desarraigo, la prostitución, el lesbianismo, el adulterio, los amores carnales, pero también el colonialismo, la desigualdad, la desesperanza.

Las mujeres y los jóvenes son los protagonistas privilegiados de su literatura por constituir «grupos humanos marginados tradicionalmente en América Latina, pero que cada día son más esenciales en los contextos de nuestra región», asegura.

«Las nuevas generaciones en muchos casos han perdido todos los referentes, desde políticos hasta de sueños, y eso es un fenómeno grave, porque empeña el futuro de nuestra área geográfica», opina.

En el caso de las mujeres, aún en pleno siglo XXI deben seguir buscando las formas no solo de hacer reconocer sus derechos, sino de hacerlos cumplir, considera.

Para esta intelectual es increíble que todavía repitamos los mismos moldes coloniales y de segregación de hace decenios, señala.

«El Caribe es una región predominantemente de afrodescedientes, pero todavía continúan los prejuicios raciales, y si a eso se le suma ser mujer, la situación se complica más», explica.

Según la Organización de las Naciones Unidas, más de 150 millones de personas se definen como herederas de las culturas y las tradiciones venidas en barcos negreros por más de tres siglos.

«Nuestra región, históricamente, ha sido una amalgama de minorías étnicas, religiosas, sexuales. Eso también forma parte de nuestra identidad, y contradictoriamente, somos nosotros mismos quienes negamos la oportunidad de ser diversos cuando nos convertimos en autoexcluyentes», sostiene.

Para la escritora martiniqueña, tal vez la solución esté en hacer propia, como un himno del Caribe, aquella frase del poeta inglés John Donn, cuando dijo que ningún hombre era una isla, completo en sí mismo.

«Tal vez cuando entendamos eso, que somos islas geográficas pero no de espíritu, podremos salvarnos. Solo si entendemos que el Caribe, pese a las diferencias, es una isla que se repite», definió Cage-Florentiny.

(*) El autor es periodista de la Redacción Centroamérica y Caribe de Prensa Latina.♦