Por: Néstor Brugés Medina
Cuando el argentino Roberto Gargarella (2005)[1] apostilló sobre el concepto burgués de la movilidad social para explicar que las políticas públicas bien pueden ser una herramienta que empoderen a los grupos históricamente relegados, incrementando su capacidad para ascender socialmente, o bien asegurar el mantenimiento del statu quo socioeconómico al impedir su integración social; ya en Barranquilla estábamos rascándonos la cabeza con el proyecto Transmetro. Era entonces el dilema de cómo el distrito iba a garantizar la parte que le habían impuesto para financiar un proyecto, que a la larga, se convertiría en un negocio para unos cuantos ricachos “bendecidos”. Desde entonces hasta acá, no ha existido aspirina que valga para quitarle a los barranquilleros el dolor de cabeza que el SITM Transmetro les ha significado.
Y no podría ser de otra forma, pues como lo veremos, el Transmetro es una verdadera locura. Es el sistema de transporte masivo menos utilizado en el país. En él, sólo se transportan el 2,9% de los usuarios[2], cifra que evidencia el poco sentido de pertenencia y satisfacción de la ciudadanía. Esto manifiesta además, cómo sigue imponiéndose en la ciudad los modos tradicionales de transporte. En buses, busetas y colectivos, se desplazan el 97,1% de los usuarios. Lo curioso de esta situación, es que la suerte de los “inversionistas” está asegurada le vaya bien o no al SITM, debido a que se trata, principalmente, de los mismos dueños de las rutas del transporte público colectivo, quienes mantienen en las calles rodando una sobreoferta de buses que no se integra, si no que compite con el Sistema Masivo.
El proyecto, que inició en el 2003, se calculaba tendría un costo de $193 mil millones en su primera fase[3]. Hoy, ocho años después, la inversión se avalúa en unos $793 mil millones, sólo un poco por encima de lo contemplado inicialmente (#&%!), sin que hasta ahora se pongan en funcionamiento obras como los portales y se cancelen a mayor ritmo los recursos de la chatarrización, elementos fundamentales para su operación adecuada.
Pero como si esto ya no fuera suficiente cosa de locos, la novela del Transmetro tiene un capítulo casi épico: El contrato del sistema de recaudo. Un martes de carnaval, en pleno entierro de Joselito, la empresa Transmetro, de la cual el Alcalde Alejandro Char es presidente de su Junta Directiva, adjudicó el contrato para la concesión de operación y explotación del sistema de recaudo, al consorcio SIT Barranquilla S.A. conformado por las empresas Tianjin, Teledifusión, Angelcom y Bitácora, parte de las cuales pertenecen al Grupo IGK Infraestructure, de propiedad del clan Nule, socios económicos y parientes del burgomaestre distrital, entrando en un evidente conflicto de intereses y quizá (es lo que investiga la fiscalía) en celebración indebida de contratos. Por si fuera poco, la firma que no es propiedad de los Nule (Tianjin), está siendo investigada por falsedad en los documentos que adjuntó para acreditar su experiencia[4].
En resumidas cuentas, Transmetro es una locura hecha a la medida de los negociados de unos cuantos grupos económicos de mucho peso en la ciudad y en el país. El SITM no ha recibido la acogida de la ciudadanía barranquillera, que además de no verlo como la solución para el problema de movilidad de la ciudad, se da cuenta de que no sirve para integrarlos urbanística y socialmente, sino todo lo contrario. Esto ocurre, porque no se trata de una política pública de transporte dirigida a asegurar el mayor acceso de la ciudadanía a una mejor movilidad urbana, si no al favorecimiento de los intereses de las elites empresariales. No se trata de una política de transporte público (léase bien, PÚBLICO!), que le permita a la población históricamente excluida acceder en mejores condiciones a su derecho a la movilidad urbana, que dicho sea de paso, sirve como herramienta para la concreción de derechos aún más fundamentales para la movilización social vertical, como el de la educación y el trabajo. Movilidad social vertical (Erikson y Goldthorpe, 1993)[5], que es un imposible práctico en medio de un modelo económico como el neoliberal, que le entrega al gran capital privado, por medio de la privatización de lo público y el desmantelamiento de la capacidad estructural de generación de empleos, la suerte del ascenso social de las capas más desfavorecidas, asegurándoles a los primeros el sitial de casta de privilegio, propia de las sociedades premodernas, y al segundo su inamovilidad absoluta: la profundización de la miseria y la inequidad.
Por eso en muy buena hora, ya una parte del movimiento estudiantil barranquillero, empieza a pedir tarifa diferencial en el Sistema Masivo de Transporte. Y es que no se trata de cualquier cosa: Los gastos conexos al servicio educativo (transporte, alimentación, etc.) se constituyen en la principal causa de deserción escolar, no sólo a nivel de primaria y secundaria, sino también en la educación superior. Esto sumado a las falencias en materia de acceso y calidad, nos dan como resultado un margen importante de la niñez y la juventud barranquillera por fuera del sistema educativo, dando a su vez esta fórmula, un segundo resultado en el largo plazo: Violencia, miseria. Es sencillo: Sin educación no hay movilidad social. Sin acceso a una movilidad urbana integral y pública, seguirán poniéndosele talanqueras a la educación. Por ello, la tarifa diferencial para los estudiantes, a pesar de no ser la solución de fondo, crea mejores condiciones de integración social y empoderamiento popular. Adelante estudiantes, Oh Movimiento Estudiantil! Qué bueno sería que despertases y luchases por lo que te corresponde. Como dice Violeta Parra en su canción inmortal: “Me gustan los estudiantes, porque son la levadura, del pan que saldrá del horno, con toda su sabrosura, para la boca del pobre, que come con amargura (…)”
[1] Gargarella, Roberto. Los Fundamentos Legales de la Desigualdad. Siglo XXI, 2005.
[2] Diario La República. 12 de Marzo de 2011. http://www.larepublica.com.co/archivos/ECONOMIA/2011-03-12/transmetro-moviliza-solo-29-del-total-de-los-usuarios-de-barranquilla_123965.php
[3] Documento Conpes 3306 de 2004.
[4] Revista Portafolio. 9 de julio de 2008. http://www.portafolio.co/archivo/documento/MAM-3006382
[5]Erikson. R y J. Godthorpe, 1993. El flujo constante: un estudio de la movilidad de clases en Oxford sociedadesindustriales. Clarendon Press.♦
