Por Douglas Zabala
La verdad histórica es que al primer Presidente de la Gran Colombia, en sus momentos críticos cuando la muerte le acechaba en aquella casa solariega de Santa Marta, el médico que en vano trató de salvarle la vida no era venezolano, pero jamás fue capaz de esconder los males del que batallaba también por su salud. Y la otra gran verdad es que José María Gallegos, Felipe Tamaríz, Dionisio Torres, Francisco Isnardi y Juan Vicente Salías, todos médicos venezolanos, no le acompañaron porque habían caído prisioneros en combate y fusilados por las fuerzas realistas, mucho antes de la gravedad del caraqueño.
El que tampoco nunca anduvo con tapujos ni embrollos de sus achaques, fue aquel zuliano que se embraguetó con Bolívar en la primera batalla de Carabobo; y desde ese instante a pesar de sus malestares físicos, ayudó a José Antonio Páez en Apure en la batalla del Yagual, fue nombrado Ministro de guerra y marina, Presidente del Senado en Bogotá, Presidente de la moribunda Gran Colombia y finalmente, enviado a España como representante plenipotenciario para las ratificaciones del Tratado de Paz; donde se enferma gravemente de sus padecimientos renales, circunstancia que le obliga su traslado a París y allí muere; pero eso si, rogándole de paso a sus hijos que devolvieran los viáticos que le fueron dados por no haber cumplido cabalmente su misión.
Cuentan los que cuentan la historia, que sin exigencia alguna y sin reservas de ninguna naturaleza, el médico francés Alejandro Prospero Reverend, a partir de la llegada del libertador a la Quinta de San Pedro Alejandrino y hasta su muerte, emitió treinta y tres partes médicos, siendo el último a la una del día, donde entre otras cosas certifica: “ Todos los síntomas han señalado más y más la proximidad de la muerte, respiración anhelosa, pulso apenas sensible, cara hipocrática, suspensión total de orine. A las doce empezó el ronquido, y a la una en punto expiró después de una agonía larga pero tranquila”.
Ahora bien; si para nadie es un secreto que estamos en la era bicentanaria, que desde hace rato aterrizamos en el mundo de la tecnología y la comunicación cibernética; y que por no dejar nuestros gobernantes se jactan de ser bolivarianos y socialista del Siglo XXI. Cual es la razón entonces para que algo tan inherente al ser humano, por obras y artimañas “revolucionarias” del G2 cubano y la cohorte de jala bolas que le acompañan; el que está enfermo fuera de nuestro país, permita que corran tantas bolas sobre sus achaques, y que hasta el sol de hoy no haya tenido las bolas de infórmale a los venezolanos, que es lo que le aqueja en definitiva.
Email: zabala.douglas@gmail.com
Twitter: @douglazabala ♦
.
