Tailandia sueña con limar en las urnas roces clasistas

Bangkok, 2 jul (PL) Los tailandeses irán a la cama hoy deseosos de soñar con una solución electoral a sus enconados roces de clase, pero temerosos de la recurrente pesadilla golpista.

Mañana el gobernante Partido Democrático y su principal opositor, Puea Thai, representantes de la elite y las masas, respectivamente, se verán las caras en elecciones parlamentarias anticipadas.

Todos aspiran a que las urnas acaben con meses de violencia y un cisma político que poco favor le hace al antiguo Reino de las Risas, pero una historia de 18 golpes de Estado justifica cualquier duda.

El general Prayuth Chan-ocha, jefe del Ejército, insiste en negar que los militares se entrometerán, pero después de llamar a votar por las «personas decentes», los rumores de golpe se dispararon.

Muchos se imaginan quienes entienden los militares por «personas decentes», ya que el primer ministro, Abshiti Vejjajiva, llegó al poder por una componenda parlamentaria avalada por el Ejército.

Además, el pasado año los militares cerraron con sangre dos meses de protestas antigubernamentales encabezadas por los Camisas Rojas, en su mayoría procedentes de las capas más humildes del país.

Estos opositores apoyan al Puea Thai, pero sobre todo veneran a quien es su líder de facto, el exiliado Thaksin Shinawatra, el jefe de Gobierno depuesto en 2006 por un golpe militar pacífico.

Abhisit es considerado un títere de los militares y la realeza, mientras su rival, la carismática Yingluck Shinawatra, es hermana de Thaksin y por ende hereda toda su popularidad e intención de voto.

El discurso de concertación de Yingluck, una empresaria de 44 años de edad que sabe sonreír, contrasta con el tremendismo de Abhisit, quien incluso vislumbró una eventual guerra civil.

El premier -que gobierna en coalición ante la incapacidad de su formación de imponerse en las urnas- llamó a «desembarazarse del veneno Thaksin», a quien tildó de enemigo de la monarquía.

Los 48 millones de electores tailandeses eligen a 500 diputados para un mandato cuatro años, y aunque Puea Thai se perfila como ganador, se duda que consiga mayoría absoluta y deba negociar.

Tal coyuntura obligaría a pactar incluso con rivales políticos, que de entrar al gabinete podrían sabotear la gestión gubernamental, una situación muchas veces vivida aquí y en otros contextos.

Pero ni siquiera una contundente victoria de Yingluck garantiza algo, pues Thaksin y sus aliados ganaron todas las elecciones desde 2001, pero el Ejército y la Justicia les han impedido gobernar.

Ambas instituciones responden a las elites de poder, que mediante veredictos polémicos entronizaron al Partido Demócrata, apoyados por los llamados Camisas Amarillas, que también pueden ser violentos.

Según los últimos sondeos, el Puea Thai aventaja a las otras 39 formaciones políticas, y se estima que puede ganar 240 escaños parlamentarios por 180 los candidatos oficialistas.

En el cierre de su campaña electoral, Abhisit aseguró que su derrota supondrá la continuidad de la crisis política, mientras Yingluck cerró con promesas sobre programas de asistencia rural.

Ambos partidos insisten en su patriotismo y se comprometen a destinar inmensos presupuestos a obras de infraestructura, elevar los salarios, recortar impuestos y una amplia gama de promesas.