Darío Botero Pérez
El error de Hugo Chávez al caer en las celadas del astuto converso Juan Manuel Santos, obedece a una noción de “razón de estado” propia de las sociedades jerárquicas y autocráticas dominantes en la Historia, cuya diplomacia desprecia la dignidad de las personas que carecen de poder o de riquezas, para satisfacer y complacer a quienes sí las tienen.
Para no divagar demasiado, cabe entender que el capitalismo ha logrado imponer sus valores inicuos como si fuesen verdades irrefutables, de modo que las sociedades se guían por los parámetros de desarrollo y convivencia definidos por el atroz sistema depredador y genocida que nos tiene al borde de la extinción.
Incidentalmente, tal es el caso con el dogma del crecimiento del PIB cuando se aplica al sector primario, buscando hacer creer que es lo mismo la depredación de la Naturaleza que la producción de bienes (sector secundario) y servicios (sector terciario). Lo único bueno que conllevan las actividades extractivas son mayor riqueza y poder para los desalmados comprometidos con el sionismo en destruir el Mundo, y que así cumplen su mortal designio mientras disfrutan de privilegios absolutamente inmerecidos.
Semejantes teorías anuncian la agonía de la Historia que las ha practicado hasta alcanzar las desmesuras del Neoliberalismo. Éste reniega de los esfuerzos de racionalidad de la economía política. Llega al punto de rechazar todas las salvaguardas desarrolladas por el sistema para evitar las horrorosas consecuencias de un individualismo enfermizo y sin contenciones, que les permite a los más desalmados apabullar y empobrecer a las mayorías inermes. Por eso, la continuación de la Historia con sus sociedades piramidales y consumistas es el gran dilema definitivo: ¡o la superamos o nos extinguimos!
En consecuencia, los gobiernos que quieren ser revolucionarios de verdad, de modo que puedan superar las miserias de la Historia, deben promover la autogestión de los asuntos colectivos mediante el empoderamiento de las multitudes concientes y dignas, reivindicadas, respetando sus individualidades y sus iniciativas, para que recuperen el ejercicio pleno del poder democrático.
Por tanto, en la sociedad mundial democrática posterior a la historia, serán los argumentos -y no la fuerza y las maniobras electoreras- los que permitirán hallar las soluciones comunes más satisfactorias para la sociedad y sus miembros, en vez de acoger las que imponen los “expertos” y los politiqueros, ajenos a las realidades sociales que dicen querer y poder resolver.
A los gobernantes comprometidos con el futuro de los pueblos y la conservación de la Vida en esta época de transición, objetivamente revolucionaria, si realmente pretenden cambiar el Mundo, en primer lugar les corresponde facilitar los medios para que las multitudes vuelvan añicos las sociedades piramidales y se deshagan de los burócratas que todo lo enredan para darse importancia y sacar beneficios personales, abusando de los ciudadanos humillados e impotentes.
Considerando su alegada independencia respecto al imperio sionista y sus agentes nacionales, pueden propiciar la participación directa de los ciudadanos en la definición, creación y determinación del rumbo de las instituciones que deben servirles.
Aunque se supone que deben estar al servicio de los ciudadanos, lo más frecuente en las sociedades jerárquicas, independientemente de su ideología, es que los potentados y sus émulos las penetren y distorsionen, usando las instituciones y los cargos como fuentes de poder y enriquecimiento personales. Sucede muy a pesar de las buenas intenciones del líder, lo cual deteriora las vidas de los ciudadanos, que viven amedrentados por el poder establecido, inclusive por el que se denomina “popular”.
Ante la ausencia de alternativas viables en la Historia para el ejercicio del poder -diferentes a las estructuras jerárquicas imponentes y dominantes-, todas las revoluciones han caído en un caudillismo, necesariamente piramidal, que denigra de la inteligencia y la dignidad del individuo, adscribiéndolo a ideologías y determinismos sociales insalvables, por ejemplo, para descalificarlo como ser humano y justificar los despojos y los desprecios a los que lo someten los caudillos iluminados con ideologías salvadoras y rigurosas, fuera de las cuales no habría salvación y que sólo podrían interpretar seres especialmente dotados.
Niegan la gran conquista del liberalismo en términos de civilización, cual sería el reconocimiento del individualismo como esencia de los seres humanos y prenda de esa igualdad jurídica que reconoce la singularidad y los derechos de cada uno, sin discriminaciones negativas de ninguna naturaleza.
Generalmente, este desprecio al ciudadano pedestre es lo típico de los partidos políticos que fomenta la burguesía para disputarse el poder con otros sectores de las clases dominantes o de las clases que desean serlo a nombre de cualquier sueño, a veces expresado en términos “científicos” y, por ende, lapidarios por incontrastables. Es absurdo, pero así ha sido y sigue siéndolo.
Ahora, con las masas informes convertidas en multitudes pensantes, el ejercicio del poder por el pueblo mediante la democracia directa está cada vez más cerca de constituir el mecanismo de poder por excelencia en la Nueva Era. Puede ser real. Los caudillos auténticamente revolucionarios, que cuentan con su confianza y respaldo, pueden facilitárselo a las mayorías, de modo que la consolidación de la sociedad mundial posterior a la Historia sea cada vez más clara, amplia y contundente.
La suerte de los pueblos (y del Mundo y la Naturaleza) no puede seguir dependiendo de los caudillos, por muy buenos que sean y por mucha capacidad de trabajo que posean. Mucho menos puede seguir supeditada a las ambiciones de los malos, que son la mayoría de quienes se consideran superiores a los demás y nacidos para gobernarlos.
Es de esperar que los buenos líderes recapaciten y empoderen a los pueblos, en vez de reprimirlos e impedir que manifiesten sus reales aspiraciones y luchen por alcanzarlas colectivamente, sin imposiciones y con convencimiento; quizás hasta mediante consensos a cambio de votaciones amañadas en las que el ciudadano es un invitado de piedra que, fácilmente, cambia su derecho por un plato de lentejas sin arroz.
¡Bienvenido comandante Chávez, usted tiene la oportunidad inolvidable de empoderar al pueblo hermano, que ya posee rostro pero necesita voz propia para hablar por sí mismo a fin de confrontar y castigar a sus enemigos y a sus despojadores!
ANEXOS
1. Carta abierta al Comandante y Presidente Hugo Chávez, por Jean Ortiz*
Las clases medias ¿son revolucionarias?, por Miguel Ángel del Poz**
*
Carta abierta al Comandante y Presidente Hugo Chávez
Fecha 2 de julio de 2011 12:20
Asunto Carta abierta al Comandante y Presidente Hugo Chávez
revistacepa@yahoo.es
Desde Chile nos remite Lautaro Fucik:
Carta abierta al Comandante y Presidente Hugo Chávez
«No hay posadas de felicidad, ni de descanso;
se va por un camino heroico hasta la dignidad»
(León Felipe)
Desde el Sur de Francia, en Pau, y en nombre de un Festival latinoamericano que lleva ya 20 años de compromiso solidario con los pueblos de América latina, le decimos: «si alguien debe vivir, es usted».
Nada de culto a la personalidad, o de huellas de viejas culturas militantes.
Es más bien lo que sienten miles de militantes antiimperialistas en el mundo, después de leer su «mensaje al pueblo venezolano”.
Si la Revolución cubana no hubiese resistido hasta hoy, América latina distaría mucho de ser un continente en marcha hacia la soberanía, la justicia social, la integración y la unidad…
Si usted no se hubiera alzado, tras las bochornosas dictaduras militares y del FMI, después de los años terribles del «consenso de Washington», casi seguro que no se habría abierto tan rápido una nueva etapa en la lucha de emancipación de los pueblos latinoamericanos.
Usted, a pesar suyo, es más que su persona: es bandera.
Ha tenido el valor y la lucidez de elegirse un destino de identificación con su pueblo, de enseñar lo que es usted a «los de abajo», de corazón solidario, a los que más le apoyan. Usted es el arquitecto aun imprescindible de una creación colectiva; ha armado con nuevos derechos, con libros, con voz, a los que siempre han sido parias. Usted lo hace inventando un socialismo democrático, participativo. A veces, se equivoca, pero ¿quién no? El balance global habla por sí solo.
En un mundo en que solo logran existir los muy ricos, usted se ha colocado del lado de los que siempre «perdían». No olvidaremos nunca lo que nos dijeron, en los barrios de Caracas, los pobres: «Ahora existimos; somos por fin visibles». Sí, visibles. ¡Qué bella palabra! Usted ha arriesgado su vida por ellos, y ¡qué lindo homenaje le devuelven!
Decía nuestro gran Pablo Neruda, que «quien no cambia la vida cuando está insatisfecho […] muere lentamente».
En Francia como en Venezuela, le odian los intelectuales de pandereta, los medios ramplones, la burguesía entreguista, los politiqueros de zarzuela, y muchos liberales poco liberales, cuyo pensamiento va supeditado exclusivamente al dinero.
Mi viejo guerrillero de padre, combatiente republicano español, me decía siempre: «Ten cuidado cuando el enemigo te adula; cuando te odia, es que vas por el buen camino». Gustar a los poderosos, no es ningún mérito, es servidumbre voluntaria.
Usted intenta, como lo pregonaba el gran pensador socialista francés, Jean Jaurés «que la República corra pareja con la justicia social». La democracia con miseria, es la miseria de la democracia.
Así que somos muchos los que deseamos «para la causa» (como decía mi viejo «rojo» de padre), que se recupere, que mejore su salud, y siga con todos nosotros en primera línea de fuego, «nuestro paradero».
Un fuerte abrazo solidario de
Jean Ortiz, profesor en la Universidad de Pau (Francia)
Presidente fundador del Festival latinoamericano CULTURAMERICA
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Lic. Rosa Cristina Báez Valdés «La Polilla Cubana»
Moderadora Lista e-mail Cuba coraje y Coordinadora de la Red Social Hermes
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¡JUNTOS PODEMOS LOGRARLO! Libertad a los 5 ¡YA!
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Las clases medias ¿son revolucionarias?
Miguel Ángel del Pozo
El dogmatismo es mal consejero; en sus justificaciones se podrían llegar a actitudes y posiciones que podrían acercarse a los extremos; en ese orden, José Vicente Rangel, los días lunes, en Últimas Noticias, en su “El Espejo” (Caracas, 13 de junio, 2011, pág. 24–ElPaís) en su columna: “Laberinto” lo expone con claridad cuando expresa que “…el terrorismo envilece –en cualquiera de sus manifestaciones– a quienes lo practican y a la ideología que lo asume…” Es decir, consideramos que las prácticas extremas de los dogmatismos podrían desarrollarse hacia actitudes humanas inconcebibles e indeseables para el resto de las sociedades expuestas. Así lo pensamos cuando leemos en la misma página referida, el texto central de “El Espejo” titulado: “A nivel de letrina”. Nos comunica JVR al referirse al “Golpe del 11 de Abril” en Venezuela y a los comportamientos de los “golpistas” que similares expresiones sociales contra los “chavistas” se manifestaron en “…la “cruzada” de Franco contra los rojos…o la que realizó Pinochet después del 11 de septiembre de 1973: consistente en la materialización sanguinaria de la consigna, repetida por los golpistas en las calles de Santiago, “Viene Jakarta”, inspirada en el genocidio que se consumó en Indonesia cuando fue derrocado el presidente Sukarno…” (Idem, subrayado nuestro).
En ese mismo escenario, se pudo ver, una y otra vez, como los auto–calificados como “demócratas” trataban de humillar y pisotear las dignidades de altas personalidades de la Revolución Bolivariana, incluido el Comandante Chávez Frías en su investidura de Presidente Constitucional y democráticamente elegido en las urnas en expresión de Democracia Representativa; pero en los momentos álgidos de las expresiones extremas de los dogmatismos, hay “masas” que pierden sus conciencias y se expresan sus inconscientes históricos gracias a una “educación subliminal” y no tan subliminal e ideológica hacia aquellos a quienes los van “cultivando inteligentemente” en paradigmas sustentados en las “modernidades” occidentales –judeo–cristianas– y capitalistas (¿perogrullo?). Es decir, que esos sectores sociales que se expresaron en todo su furor cuando, particularmente, era expuesto al escarnio público quien fuera, en ese momento, ministro de interiores; ese sub–conjunto social en referencia actuó con su inconsciencia convertida en conciencia pero sin ética ni moral cristiana–católica en expresiones y actuaciones solo imaginables en “seres humanos” sin alma porque el “alma” es el factor fundamental que nos diferencia a los “seres humanos” de los “seres sin alma”. A todo esto, nos preguntamos: ¿Qué dirán aquellos actores principales que sentados en cómoda conversa en los sillones de Miraflores cuando exponían planes de desarrollo del Gobierno de “Pedro El Breve”, conjuntamente, con representantes de ambivalentes potencias que les importaba “un carajo” la vida, la dignidad y las consecuencias de aquellas manifestaciones extremas en dogmatismos de sectores de ciertas clases sociales poco nacionalistas?
Bernat Muniesta en su libro: “Nudos Gordianos” ya referido en anterior texto escribió que “…a nadie atacó [Karl] Marx con mayor virulencia que a los anarquistas…Marx…le moteja [a Proudhon] con el insulto más agresivo…[de] ´pequeño burgués´…[transformado en el] más definitorio de todos los posibles insultos en nombre de su socialismo científico…” (Idem, pág. 138) Para continuar expresando que “…la pequeña burguesía no es ni burguesía ni clase obrera, o es ambas cosas a la vez…” (Ibidem) Al tiempo, nos dice que Karl Marx consideraba que cuando Max Stirner hablaba de categorías, éste, no mencionaba ni a los burgueses, ni a los pequeños burgueses, ni a obreros, ni al lumpen–proletariat sino que se expresaba, en cuanto a categorías sociales se refiere, como “…mercaderes, dirigentes, esclavos y rebeldes. Humilla las categorías científicas…” (Idem) escribia Karl Marx. Tremendo lío.
¿Quiénes son de clase media? ¿Está la clase media, a su vez, subdividida en sub–conjuntos del subconjunto social considerando a las “clases sociales” como el conjunto? ¿Cuáles son los paradigmas que nos permiten definir a la clase media? ¿Estos paradigmas se sustentan en conceptos de la economía, ideología, etno–antropológía, sociología e, inclusive, sus religiosidades?
Regresamos a JVR cuando nos dice, refiriéndose a los desarrollos históricos del 11A que “…por cierto, caigo en cuenta que nada se ha escrito –acaso alguna anécdota perdida en el contexto de aquella situación– sobre lo que sucedió en los pliegues oscuros de esos momentos críticos…” (JVR, Idem). Para continuar precisando que “…la oposición se lanzó como fieras a la caza de los chavistas; buscó en las barriadas…” (Ibidem). Las precisiones de JVR nos permiten agregar algún comentario personal en el marco del 11A. Días previos al día del “Golpe del 11A” asistimos a concentraciones y marchas de aquella masa social que se expresaba contra, puntualmente, Hugo Rafael Chávez Frías acusándolo de cualquiera de los epítetos que se siguen repitiendo después de “algunos años”; es decir, que las tesis de que la oposición no ha cambiado en su fundamental discurso y, quizás, sus objetivos fundamentales, es decir, en la estrategia sustentada en la táctica de la salida de Chávez Frías del Poder y del poder criollo siguen vigentes. Pero lo que nos incumbe es cuál era la composición social de aquella masa humana que se concentraba, que marchaba, que gritaba, que se auto–flagelaba, que se exorcizaba.
Quizás lo expuesto por JVR que nos hemos permitido escoger refiriéndose a que aquella oposición que durante el desarrollo del golpe de estado se dedicaron a buscar “…como fieras…” y a la “…caza de los chavistas…” Ello nos permite, subjetivamente, aceptar que aquella masa golpista ya tenía en mente no solo buscar a los chavistas sino a ejercer los ejemplos históricos que el propio JVR nos ha referido y nos los hemos resaltado en las realidades dela España franquista y el Chile fascistas de Pinochet; con ello queremos precisar que el concepto de “lucha de clases” lo practican, con precisión quirúrgica, las derechas nacionales e internacionales, in extremis, “sin que le quede nada por dentro”. Entonces ¿son los pobladores de las barriadas criollas de “clase media”? Lo que nos obliga a inquietarnos con la pregunta de ¿cómo se comportan los pobladores de las barriadas frente al consumismo? Y vamos más allá con nuestras dudas: ¿Con cuál baremo analizaremos las “delicias capitalistas” del consumismo y cómo afecta el consumismo en los diferentes sectores sociales de las sociedades citadinas y no citadinas de Venezuela?
Es cierto, nos los hemos mareado evitando “mojarnos” (expresión muy castiza) con la pregunta del título. Nos vamos a permitir cambiarlo por la inquietud sin respuesta de ¿podrían expresarse las clases madias, políticamente, por ejemplo, como clases que se comprometieran con un proyecto nacionalista, humanistas, socialista? Y si no ¿por qué no se adscribirían a esas propuestas de progreso nacional?