Por Julio Fumero
Guatemala, (PL) Estupor, indignación, vergüenza y, sobre todo, inseguridad redoblada fueron sentimientos coincidentes entre los guatemaltecos esta semana al conocer de la absurda muerte aquí del cantautor argentino Facundo Cabral.
A pesar de no haber sido un acto dirigido en su contra, a juzgar por los resultados de investigaciones divulgados, su asesinato mostró nuevamente por qué Guatemala marcha a la vanguardia entre los países más violentos del planeta donde no hay guerras.
Cabral se dirigía al aeropuerto para continuar su gira artística casi de despedida, pues a sus 74 años ya pensaba en el retiro, cuando quedó tendido cual víctima inocente de un ataque contra quien lo conducía casualmente, un empresario nicaragüense.
De éste, herido de gravedad, se difunden historias a veces discordantes, aunque al parecer se trató de la venganza de un socio de fechorías del narcotráfico burlado en el reparto del botín.
Si solo Henry Fariñas hubiera muerto el hecho quedaría como una estadística más en la abundante y cotidiana producto de actividades criminales en esta nación.
Pero el resultado de la balacera trascendió incluso fronteras por la fama y, principalmente, la nobleza y rica trayectoria del trovador.
Cabral fue llorado inconsolablemente en Guatemala por admiradores o no, entre una población a la que quedan pocas lágrimas por derramar en medio de tanto dolor diario.
Al acápite luctuoso se añadió esta semana el provocado por la pérdida de quien era considerado el último de los protagonistas destacados vivo de la llamada Revolución de Octubre en 1944: Alfonso «Poncho» Bauer.
Con 93 años de edad recién cumplidos, y la mente lúcida hasta el momento de caer enfermo sin remedio, quedó trunca una vida respetada incluso por sus enemigos por ser de las más fecundas en el país.
Por su prestigio como dirigente político, diputado, ministro, abogado, catedrático universitario y otras muchas responsabilidades Bauer estaba considerado una leyenda en Guatemala y como tal le rindieron homenaje en su último adiós.
En tanto, el proceso electoral siguió su curso más o menos con normalidad, las intensas lluvias comenzaron a hacer estragos en algunos puntos del territorio nacional y la hinchada futbolística disfruta de un nuevo campeonato en la máxima categoría.♦